Saturday, April 21, 2007

Interludios.-


"Abro los ojos. Francisco se ríe a carcajadas y Antonia mira el monitor de su computador. Estoy en posición fetal, tirado en el suelo frío y casi no me puedo mover. Las ganas de buitrear me hacen sentir como la mierda y mi cuerpo está adormecido. Por mi oído derecho siento intermitentemente algo así como un taladro. Por el izquierdo oigo las campanas de viento que la Anto cuelga en su ventana y el sonido del mar a no más de cuatro cuadras de acá. Cada vez que suena el “taladro” siento cómo una energía sube por mi columna vertebral, parece girar por mi cráneo y luego regresa a su lugar de origen a través de mis costillas. Es placentero, pero excesivo. Me digo a mi mismo que no deseo sentir más esta huevada. Son tantas sensaciones por segundo que me desespero.

Abro los ojos. No sé cómo llegué aquí. Estoy acostado boca abajo en una cama de dos plazas. Mi respiración es agitada y mi corazón late muy rápido. Escucho el televisor prendido y sus ondas electromagnéticas acribillando mis sentidos. E! Entertainment Television, estoy casi seguro. Una mujer con voz de hueca y puta dice “oh, yes, right, ¡jajajaja!”. Me imagino un ratón caminando en un patio pavimentado. Francisco se caga de la risa por algo que le estoy diciendo y que no sé qué es. Pienso un millón de cosas a la vez y muchas quedan en el olvido. Antonia entra a la pieza y, a pesar de que no la veo, sé que está ahí. Nos dice algo como que debemos irnos porque ya es tarde y su hermano está por llegar. Francisco se ríe.

Abro los ojos. Estoy parado en la vereda de la calle más transitada de la ciudad. Tengo miedo y los autos pasan a velocidades increíbles casi rozándome. Veo a Francisco unos metros más allá esperando que pase una micro. Se acerca y me dice algo como que parecíamos huevones enojados y no sé qué más. Yo no lo entiendo y me comienza a doler la cabeza. Creo que le dije que se fuera a la chucha.

Abro los ojos. No sé cómo mierda crucé la calle, pero ya estoy al otro lado y a salvo. Una señora con olor a ajo pasa cerca y me mira con cara de nada. ¿Qué te pasa, perra de mierda?. Comienzo a subir por un costado de esas galerías infiltradas donde venden cocaína y muelen cerdos muertos para hacer carne molida. Tengo ganas de mear y de dormir por toda la eternidad. Hace tanto frío y mis manos pesan. Miro la hora. Ocho cuarenticinco de la noche. El tiempo se ha encargado de torturarme al pasar tan lento.

Abro los ojos. Un perro tiene sus dos patas puestas sobre mis piernas y me mira esperando que le haga cariño. El kiltro es bonito y huele a perro mojado. Estoy en una plaza rodeada de casas horribles y toscas. Un tipo escucha cumbias sentado en un furgón. Quiero desaparecer tanto. Me paro y comienzo a caminar. Sé que no estoy lejos, pero no veo bien y mis párpados caen con ayuda de la maldita gravedad. Ahí está mi casa esperándome. Me tiemblan las piernas y mi sweater está manchado con barro. Corro y el mundo pareciera venirse abajo. Saco las llaves y pienso en lo feliz que soy en este momento. Pienso en lo feliz que soy. Se apaga la luz del alumbrado eléctrico y me estoy riendo una vez más.-"

Friday, April 20, 2007

vulnerable.-

Hace un frío de mierda y me siento melancólico. Mañana tengo que levantarme temprano para ir a Pre y no tengo tanto sueño como para dormirme en mi deshecha cama. Sabor a café en mis labios partidos y hedor a cigarro en mi ropa. Hay un resto de Coca-Cola en una botella desechable en el refrigerador hace más de cuatro días. Optaré por un vaso con agua y luego fingiré que estoy durmiendo y soñando con nadie.

Hasta Cerati me quiere dañar hoy.-

Thursday, April 19, 2007

ésto DEBE quedar en el olvido.-


De repente -y de puro tonto- me puse a pensar en toda la gente que se ha ido quedando atrás. Es raro pensarlo así; eso de sentirse casi como una máquina que ha comenzado a filtrar y filtrar. Yo creo que fácilmente son más de setenta personas de las que me he distanciado durante mi vida. Y no me arrepiento...a veces hay que eliminar lo que no te permite mantenerte bien (o lo que te aporta nada).

Estos momentos libres podría utilizarlos haciendo facsimiles de Lenguaje y Matemáticas para la PSU, pero ya ven... le he dado prioridad a un texto mínimo e insignificante que probablemente no leerán más de diez personas.

Mejor me voy a ver tele y a reflexionar sobre lo que será de mí después de cumplir dieciocho años (yo creo que va a ser lo mismo, pero me encanta escribirlo de esta manera).-

Monday, April 09, 2007

Frustrado, pero digno.-

Sí señores, no pasé la famosa prueba de conducir por segunda vez consecutiva. ¿Frustrado? Sí. Si los inspectores de mierda no me quieren dejar obtener mi permiso, debe ser porque manejo mal. En todo caso no me amargo; todavía me queda una oportunidad para rendirla este año. Claro, cuando la rinda nuevamente les deberé mostrar lo seguro que me siento al manejar un auto y que miro mil veces por segundo a través del espejo retrovisor.

Es penoso que todo el mundo te pregunte "¿Cómo te fue en el exámen?" con cara de ilusión y esperanza. Yo sólo digo la verdad. En el fondo, pero muy en el fondo, no me da verguenza. Si no es para tanto... será más humillante si me va mal en la PEESEÚ de lainguish.

Después de dar la prueba me subí a un colectivo y puse el nuevo tema de mi Björk en el pendrive. Ese fue mi consuelo y mi paño de lágrimas inexistentes. Igual ando feliz y con ganas de tener el nuevo disco de Björk, de ir a ver a Cerati a Santiago y de juntarme con mi amiga Luna.

Si son cosas que pasan no más.-

Saturday, April 07, 2007

otoño.-


Un viernes santo con aliento a ajo y cebolla –repercusión del ceviche preparado por el pololo de mi mamá- y cierta indiferencia hacia todo, desde la muerte de Jesucristo en la cruz hasta la nueva canción de Björk. Estoy fome, lacio e indiferente, lo que me preocupa bastante.

Consciente de que en todos los canales de Tevé abierta están mostrando al Jesús rubio de nariz respingada y voz sensual y viril, no he querido presionar el botón "power". Así he terminado pensando en cosas triviales, cursis y novedosas (aunque de novedosas no sé qué tanto tengan). Partiendo por mi nueva obsesión hacia una persona de catorce o quince años que me mira mucho menos de lo que yo lo hago. Es raro sentirse tan invisible y estúpido. El jueves, por alguna razón, terminé metido en el “mall”; ese lugar caluroso con olor a desinfectante barato y palomitas con mantequilla del Cinemark. Y ahí andaba paseando personaje X (ni siquiera sé cómo se llama), con sus amigas pelo-gel con peinados de piñas y otras frutas caribeñas. Se metió a un local hacinado con una tipa de falda cuadrillé y cartera setentera muy vintage. Yo me las quise dar de espía y me puse a mirar “disimuladamente” con la cabeza asomada en una de esas máquinas para sacar peluches. Me vieron, me vieron espiando y me observaron mientras yo hacía una torpe maniobra para esconderme en algún rincón y pasar la vergüenza. En ese momento me sentí la persona más patética que pudiese estar pisando la tierra. Odié ser tan orgulloso y retraído para esas cosas. Pensé que podría haberme acercado y haberle preguntarle su nombre, y concluí que no era ni seré capaz. Me he conformado con analizar su forma de ser frente al mundo y más allá de eso por ningún motivo.

Así somos muchos; dejamos pasar tantas cosas sólo por orgullo y cobardía. Mientras los días pasan me siento cada vez más torpe y brutalmente solo. “¿Qué onda mi vida?”, este asunto del orgu-miedo viene de antes. Es un trauma de mierda que se remonta a mis primeros romances que nada bueno me trajeron. Típico. Puedes olvidar el asunto y hasta dejar de sentir huevaditas en el estomago, pero el miedo a que te vuelvan a hacer daño ahí queda, cagándote la “psiquis”. Si yo fuera presidente castigaría a todas las personas que trauman a otras acribillando sus formas de actuar frente al mundo. Guillotina, silla eléctrica, qué sé yo.... exagerado en todo caso, pero las intenciones son buenas.

Otoño, PSU, mitómanas historias de matriculas en un preuniversitario para que mi papá se digne a darme un poco de dinero, té y cigarros a las 20:30 en punto, un hamster en el antejardín de mi casa que termina siendo adoptado por la familia, facsímiles de matemáticas, una licencia de conducir que aún no logro obtener y Thom Yorke y Gustavo Cerati por montones. Eso ha sido mi pequeño otoño. No sé si es malo, pero definitivamente esperaba algo diferente.

El que las temporadas duren tres meses me hace pensar que aún pueden mejorar los días de hojas cayendo. Un poco más de emoción me vendría bien, quizás no me cambiaría la vida, pero si me ayudaría a andar con la sonrisa huevona más seguido. Eso suena tan víctima.-

Sunday, March 25, 2007

que parezca normal.-

Hace frío. Me entretengo escuchando unas canciones de Telépopmusik mientras leo mi blog y siento lástima por él. Es el más grande damnificado por el fenómeno “último año de enseñanza media”.
Estoy desmotivado. No puedo negar una realidad tan obvia y nefasta. Mis planes se desmoronaron con un solo click onomatopéyico en el mouse. Leer los puntajes requeridos para estudiar en universidades santiaguinas fue lo que gatilló a mi actual estado anímico. Tengo miedo, y ni siquiera me atrevo a negarlo. Incierto es la palabra que mejor encaja con mi futuro.

Es poco el tiempo y la inspiración. Quizás más adelante todo esté menos nebuloso y pueda escribir algo bonito por estos lugares abandonados.
Un saludo para todos.

Ivo.-

Tuesday, February 13, 2007

Sinceridad sanvalentinesca.-

Día de reflexiones y de partirme la cabeza estudiando las leyes del tránsito. Este asunto del curso de conducir me entretiene y me ofusca a la vez. En todo caso, la ilusión de poder manejar algún día un Chevrolet Corsa propio me incentiva a aprenderme el cuestionario de doscientas y pico preguntas.

Catorce de febrero; mi perro cumple once años y lo he abrazado hartas veces en el día. Si tengo plata el fin de semana le compraré uno de esos huesitos con olor a carne. También es el día de San Valentín. Día de puro consumismo y bombones de licor. No lo niego, me encantaría pasar este día emparejado, paseando con rosas y un globito con forma de corazón. Típico. Y sé que no soy el único que le gustaría esa cursilería para el día de hoy. Se trata de una cuestión de imagen; algo así como mis deseos de aspirar el humo de un cigarro una sola vez, y luego pisarlo y salir corriendo porque es un lugar para no fumadores... eso hacía Carrie, la rubia de Sex&thecity. Lástima que yo no tenga tanto dinero como para darme esos lujos.

Hace un año pasé este día con gran parte de mis amistades solteras-sin-compromiso. Hace dos, lo pasé con mi primera y última novia, una chica gótica bastante bonita y con algunos trastornos mentales. Recuerdo que estaba encerrado en mi casa deseando que nadie me llamara ese día. Claro, sonó el teléfono. Era ella. –Ivo, amor, ¿qué vamos a hacer hoy día?. ¿Juntémonos?. Te tengo un regalo que te va a encantar. ¿Entonces a las seis?. Te amo. Besos-. Mierda. Eran las cuatro de la tarde. Yo con un pijama de oso, sin plata ni ganas de salir. No sé cómo me conseguí un par de billetes y salí en busca de un regalo para mi novia. Le gustaban los caballos, y lo más similar a un equino que encontré fue una cebra de peluche. Pero en la tienda no había papel de regalo, y yo ni idea de hacer bolsitas o combinaciones de cintas y rosas. Terminé en un supermercado envolviéndolo por cuarenta pesos (Ana Alicia, siempre te agradeceré que me hayas acompañado esa tarde tan movida). Cuando llegué a su casa sudando, con el regalo envuelto en un papel bastante impresentable y con un olor insoportable a colillas de cigarro, me abrazó y me dio un beso. Hasta ahora me pregunto si lo hizo por lástima. Ella me regaló una corbata que hasta ahora ocupo. Después la invité a tomar Milkshake de trescientos cincuenta pesos a la Esso.

Sacando a limpio, me parece que mis días de San Valentín no han sido la gran cosa. No ha habido fiestas llenas de torta y rosas rojas. No ha habido amores eternos ni pactos de amor y vida nueva. Mis días de San Valentín han sido siempre con mis amigos, comiendo helados Centella y fumando Belmonth Light. Definitivamente eso no es tan malo, al contrario. Además, a mí me sucede que la puedo pasar mucho mejor con mis amigos que con mis amores. Este año no será la excepción. Pasaré este día con gente soltera igual que yo, comiendo algodones de azúcar y sacando fotos bien colorinches. Por alguna razón (debe ser la costumbre), comenzando este año, adopté una actitud bastante última. No sé qué pasó que empecé a buscar a alguien con quien estar, a alguien a quien poder darle besos, a alguien que me regalara flores y cigarros. Salía a todos lados mirando de reojo, con una mirada media coqueta que en mi vida me ha resultado. Y claro, nadie me tiró bola.

Hace un par de noches un amigo muy querido me regaló una caja de preservativos y me dijo “a ti te van a servir más”. Casi le grité unos buenos rosarios, pero me arrepentí. Entendí el mensaje completamente y entré en razón enseguida. El amor llega solo, siempre he pensado eso. Además, llevo recién tres meses sin una relación formal y me siento bastante tranquilo así. Prefiero las cosas fortuitas, son más lindas y cursis, como a mí me gusta. Analizo bien todo lo que he pensado y sentido durante este tiempo; si adopté esa actitud tan “desenfrenada” (por no decir otra cosa), quizás fue por la costumbre de haber estado tanto tiempo in love. Al fin y al cabo, en mi dos mil seis casi no existió la soltería.

Estaba mal enfocado, y un simple detalle me hizo entrar en razón. Estoy muy feliz así, solo y sin tener que darle explicaciones a alguna persona. Además, más vale solo que mal acompañado (me parece que así era el dicho). Hoy la voy a pasar muy bien y me voy a reír harto. Catorce de febrero sólo es el cumpleaños de mi perro. Lo demás son sólo detalles ♥.-

Monday, February 05, 2007

smoke.-

Me cansé del insomnio de todos los días del verano. Verano de mierda, te maldigo hartas veces, y ándate lueguito, porfa. Estoy harto, y no tengo por qué negarlo. Me aburrí, y lo pero de todo es que no sé de qué. Me apestan los cuestionamientos que se meten de pronto en mi cabeza y que no tienen razón de ser, igualito a mi nueva adicción con ciertas canciones de Placebo; ese grupillo británico que inspiró a tantos a dejarse patillas chulas y a usar chapitas con la bandera de Gran Bretaña. Lo más estúpido es que no me falta nada muy importante , o al menos eso creo. Además tengo mi cámara digital y todos los discos de Björk. Tengo amigos y un perro de once años. Tengo una mamá pulenta y un hermano freak y chistoso. Qué más puedo pedir. Y me da lo mismo que no haya pastel de menta y crema pastelera. Estoy bien - y me río harto-. Pero ésto de estar así es tan desesperante. Qué ganas de meterme bajo las tapas de mi cama y hacer mi vida solitaria ahí por los siglos de los siglos. Qué ganas de irme a trabajar a un circo en otro país y olvidarme de todo lo que nunca querría olvidar. Dejar aquí todo lo lindo, incluso mis carcajadas con capítulos viejos de Sex&the city. Y si se tratara de sólo una presión momentánea, así como de unas lagrimitas de cocodrilo al viento, les juro que lo haría feliz de la vida, pero no se trata de eso. No sé de qué se trata, y no sé de qué me trato yo. Me molesta pensar que las moléculas que me conforman son similares a las que conforman a este mundo. Si fuera nube, me iría a otros cielos, o me convertiría en tornado e iría a azotar a América del norte. No sé, alguna huevada así. Quiero cambiar de vida, quiero estar en otro lugar. No me interesa ser otra persona. No quiero ser Hitler o Shakira. Quiero cambiar ésto que me tiene así. Quiero ser alguien diferente que escucha canciones alegres en un pendrive de 256. Ya no funciono, aunque me pregunto si algún día funcioné como debía. Si, cuando iba en el jardín, podía repetir a la tía cuando decía “emmme-effffe-la qqqqqqqqqqú”. Si podía cortar con tijeras los cisnes de papel celofán. No sé dónde está la respuesta a todo ésto. Ni idea dónde quedaron mis proyectos imaginarios o mis ganas de cambiar el mundo. Yo tenía nueve años y mis enciclopedias de las Spice Girls acompañándome, pero olvidé lo que pensaba en esos días. Y olvidé lo que pensé ayer y anteayer. Después se me olvidará lo que voy a pensar mañana y pasado. No tengo nada que reclamarle a la vida . Nada de esas cuestiones medias depresivas que conmigo no encajan. Yo me voy a reír hasta que me muera. Pero entre estas letras está sólo una parte de lo que me aqueja ahora, de todo lo que siento al no saber nada de lo que estoy sintiendo, ni a causa de qué. Estoy intentando ser el de antes, aunque el de antes quizás no era como yo algún día deseé ser. Y sí, publico este escrito para que cuando alguien me lea entienda al menos un poco de esto. Que después alguien me diga que me entiende al menos un poco. No soy quien para ser víctima, pero bueno, qué tanta huevá, este es mi blog, y escribo las mierdas que se me ocurran.-

Wednesday, December 27, 2006

Una canción más en el soundtrack.-


Llegando de una larga caminata, me lancé sobre el computador para escribir las palabras que pasan juntas y desordenadas en mi cabeza. Los dedos se me enredan un poco, y el reloj adelantado de windows me dice que son las cuatro de la mañana. No le creo.

El tiempo vuela, y recién me doy cuenta que mi calendario está atrasado. Aún me siento como en noviembre, y todavía no entiendo bien cómo es eso de pasar a cuarto medio. Me asusto. Ver como todos meten los recuerdos en maletas para revisarlos tranquilamente en algún lugar seguro. Eso también lo hago yo; el recuento del año, el analizar cada pista musical de sólo un pedazo del soundtrack de mi vida.

Aquí hay polvo y telarañas, entre medio de cuadernos fuera de la órbita escolar y tapas rayadas con corazones y nombres que no se olvidan. Carpetas aquí y allá, con una gran cantidad de rojos en matemáticas y ensayos de PSU jamás terminados. Entre tanto documentos están mis poemas mentales que no sirven ni para trancar la puerta, pero que –en algún momento- me parecían hermosos. No es fácil para nadie recoger toda la infornografía derramada en los sitios por los que se caminó. Es algo así como un puzzle de mil piezas, de las que sólo encontramos cuarenta. ¿Dónde pongo ese ramito de palabras lindas? ¿Dónde están las cartas de (des)amor que estaban bajo la cama? ¿Dónde quedaron mis paños de lágrimas y las risas desconfiadas?

Di un giro (otro más), y abandoné a hartas personas y cosas. Sería feo decir “chao, año de mierda” o maldecir a quienes no siempre me entendieron; parecido a que te inviten a comer, y no des las gracias o no te insinúes a llevar la ensalada de tomate con lechuga. Uno va creciendo –creo yo y las enciclopedia gigantes de biología- y adquiriendo pequeñas herramienta que reforman a la esencia mutable. No retrocederé para recoger las plumas que boté por orden del tiempo, el mismo que luego me regala unas nuevas.

Aquí voy a esperar el nuevo año, contando los dólares que llevaré a mi gira de estudio e intentando hacer algo con mi pelo teñido azul, que se ve verde y que comienza a ponerse rubio. Estas fechas son tristes, pero sirven tanto para dejar atrás los rencores que se arrastraron durante el año. En vez de pagar un psicólogo o una sesión de yoga, espero hasta el último día del año. Este treintaiuno, tendré mi pendrive cargado con música bien bonita, para ver la función de fuegos artificiales que nunca les resulta allá en la playa con mis veinte canciones favoritas. Me voy a reír harto.-

Sunday, December 24, 2006

Vísperas con Bliss.-


Hoy almorcé arroz con palta y tomate. Tengo un pijama de oso puesto. No le he comprado regalos a absolutamente nadie. Mi papá hace un año exacto que no vive aquí. Mi mamá está durmiendo porque tomamos “cooler” juntos a la hora de almuerzo y le produjo sueño. Mi hermano anda vendiendo los panes de pascua que él mismo hizo. Mi árbol de pascua -que tiene de vida útil casi mi edad- sin guirnaldas ni estrellas ni vuelitos brillantes; sólo unos cuantos adornos. Bajo el árbol, cuatro regalos: uno es para mí y lo manda mi padre... cremas para afeitar y “after shave”.

Lo de hoy en la noche: ir a la casa de la familia de mi mamá y pasar un buen rato. Claro, algunas criticas recibiré por el teñido rasca que me hice en el pelo, pero no me importa; a mí me gusta. Y sí, hoy es una Navidad diferente a las de los otros años; el árbol de pascua no se está cayendo por el peso de los adornos y bajo él no hay enormes cajas forradas en papel dorado. Tampoco me duché a las ocho de la mañana para ir a comprar regalos a algún centro comercial barato. Estoy sentado frente al computador, fumando un cigarro imaginario y escuchando una canción de Tori Amos llamada Bliss.

Por alguna razón siento que estas vísperas navideñas han sido las mejores de toda mi vida.
Les deseo una muy feliz Navidad a todos.

Saturday, December 23, 2006

“El final (des)esperado” / Cortémonos las venas


Aquí dentro es todo como bien metafórico. No sé si me entiendes, pero siento la necesidad de hablarte de una manera más compleja, aunque yo sé que tú me entenderías igual. Es algo bien extraño y me da vergüenza decírtelo, pero también me gusta, porque suena bonito. Cuando te veo se me sale el corazón por la boca, él se acelera, como si quisiera escapar. Él me contó un día que eso era normal y que se había enamorado de ti. Yo lo entiendo, al fin y al cabo es mi corazón el que dice estas cosas. ¿Qué más quieres que te diga?, yo he sufrido por amor, eso te lo aseguro. Muchas veces he llorado porque no me he enamorado de la persona correcta. Dicen que no hay amor si no se sufre, por lo mismo nunca he cuestionado la honestidad de mis sentimientos, ni la de los sentimientos de los demás. No soy capaz de juzgar a nadie, esa es la verdad, y menos a ti.

Dime; ¿a veces no te dan ganas de abrazarme muy fuerte y quedarte así muchas horas seguidas?. A mí sí me dan ganas, pero siempre me pregunto si tú de verdad disfrutarías algo así. ¿Sabes? no me molestaría desperdiciar un abrazo en caso de que no te llegase a gustar, y no haría falta que me lo devolvieras. Quiero entregar(te) amor, invitarte a mi casa y cocinarte fideos; no siempre me quedan muy bien, pero con salsa quedarían más ricos y nos reiríamos juntos. Y si no me crees aún con todo lo que te he dicho, ven y dame un beso; sé que con eso será más que suficiente.

Me da un poco de risa; yo me imagino los finales de las películas románticas, pero con ambos como protagonistas. Tú llegas y bebes del veneno de mi boca. Tú me cobijas antes de hundirme en el agua congelada. Tú estás allá arriba cuando yo quiero escalar la gran torre sólo para verte a ti. ¿Te das cuenta?, parece como si me estuviera volviendo loco de amor por ti.

No tienes idea de cuántas horas al día utilizo pensando en ti, en tu voz y en tus palabras dulces. A veces pongo mis discos de Alanis Morissette para sentirme más a gusto en este lugar tan frío y oscuro, pero no siempre me sirven. Yo te necesito a ti. A ti y a tus besos. No estoy dispuesto a aprender a vivir sin ti, a asumir este frío intenso dentro de mí o vivir siempre en esta oscuridad. Cada vez que pienso en ti es una esperanza más, un grano de arena que acrecienta mis enormes playas de fe y esperanza. Y óyeme, soy optimista y te voy a esperar aquí sentado, llueva o truene, yo voy a estar aquí esperando a que golpees esa puerta y me abraces hasta hacerme sentir lleno. Aquí voy a estar toda la eternidad si es necesario y nadie, absolutamente nadie, me va a mover de aquí. Sé que vas a llegar, sólo debo tener paciencia y esperar(te).-

Thursday, December 21, 2006

Podría ser más simple.-


¿Qué podría ser un día cualquiera para mí?. No precisamente acostarme a oír programas radiales de la Patty Maldonado y la Raquel Argandoña. Podría ser fuera o dentro de casa, dependiendo el clima que haya, y claro, también de las personas que levanten el auricular de su teléfono y me digan “¿qué vai a hacer hoy?”.

Pienso que -de vez en cuando- es rico quedarse metido en la casa tomando café y viendo alguna película pirata o Sábado Gigante, mientras pienso en cuántos pelos hay en mi cabeza. No soy mucho de quedarme encerrado y sin fumar, pero están esos días para reflexionar y deprimirse comiendo como vaca. Lo más gracioso es que, a veces, deprimirse enclaustrado y devorando todo lo que pillo a mi paso me resulta bastante entretenido y productivo. Se disfruta en invierno ver a través de la ventana como la neblina consume todo y la luna comienza a bajar tipo cinco de la tarde. Y también eso de ducharse y ponerse ropa linda, para terminar deseando que nadie llame por teléfono para hacer una invitación (a las que casi nunca puedo decir que no), porque prefiero meterme en la cama con cincuenta kilos de frazadas y otros cincuenta de grasa interna. También están las bandas sonoras de películas, que deprimen más que un capítulo de Abigaíl o Esmeralda.

Es extraño, pero a veces me siento un Amelie cualquiera, aunque ni tanto. Eso de las “mañas” me resulta tan fascinante y llamativo. Perder el tiempo en prepararme para hacer algo que -finalmente- nunca haré, puede ser realmente un panorama. Ahí está el punto, en lo sencillo que podría resultar la vida en ocasiones. Uno busca la felicidad en esas cosas que brillan y que cuestan más de mil pesos, y que terminan botadas en el patio de atrás. No soy quien para mandarme un discurso de lo genial que puede resultar la vida con cosas pequeñas, porque siempre he sido bien materialista-consumista, pero creo que en algunos momentos no está de más darse un gusto con las huevadas más sencillas que están frente a nosotros. No nos va a cambiar el mundo mirar la lluvia mientras tomamos café Líder o hacemos cisnes de algodón, pero sí implica un momento diferente, entretenido y económico.

Siendo bien sincero, jamás dejaría las cosas materiales de lado para ir a vivir al bosque, mientras cazo moscas y me peino la barba de tres metros, pero como escribí recién, los lujos no siempre van en lo material.

Es un hecho, no sé bien cual es el objetivo de este escrito, que es más típico que zapatilla Converse; yo lo llamaría una reflexión repetida, pero real.

Sunday, November 12, 2006

A dos pasos de las guirnaldas.-


Le temo a estas fechas. Cayó noviembre sobre mi espalda arqueada y con lumbago, luego de sutiles caminatas por la ciudad de Santiago en un viaje rápido al cumpleaños de una amiga. Y como me envolvieron las bufandas y paraguas hace unos meses, ahora me envuelve ese olor navideño tan característico de las fechas; una mezcla rara entre papel vinílico y árboles de pascua artificiales/inflamables del persa. No es que me desesperen estos meses finales, sólo me vuelven un poco loco. Es que no es fácil estar metido entre pruebas finales, festivales de la canción, preparativos de gira de estudio y, claro, sobrevivir a todo esto con tres mil pesos a la semana.

Ando arrastrando fe como enormes velos nacientes de mi cabeza, creyendo que a final de año me van a decir “te dio promedio seis final”. Me imagino recordando el día en que me habrían dicho que me fue muy bien en tercero medio y que yo, en un arrebato, me puse a llorar e invité a mis amigas a tomar helado a algún local de mala muerte. Así es la vida, puras ilusiones que quedan botadas en basurales quemados por el sol primaveral. No, no vayan a creer que estoy triste, pero estas fechas son así, tiempos de hacer recopilaciones de recuerdos, un ramillete de nomeolvides, de crear un cede con todas las canciones que marcaron las noches cebollentas del año.

Quiero que sea quince de diciembre para hacer como que guardo mi ropa de invierno (pero no, porque no tengo tanta ropa como para darme esos lujos), para decirle a mi mamá que me dio promedio cuatro en matemáticas, para dejar de tomar pastillas para la concentración y para dormir bien (todo natural), para salir de mi casa sin pensar en el libro de mierda de la historia de Chile que escribió alguna momia millonaria.

Con toda sinceridad, no creo que actualice mi blog hasta haber salido de clases, ando poco inspirado, desganado y con ganas de acostarme a ver musicales antiguos y comerciales chocantes de la Teletón. Ahora viene lo más difícil, cuando me meten pruebas finales hasta por las orejas, esas semanas complicadas en las que hago pataletas sobreactuadas y barrocas para sentirme como de teleserie. Quiero que mi blog se vea bien, ordenado, actualizado, y me alegra saber que para eso no queda tanto.

Sunday, October 01, 2006

Llévese su dieciocho.-


Las brasas de las parrillas comienzan a apagarse lentamente, dejando en el aire un eco inolvidable y nostálgico, con olor a madera quemada. La señora que se tiñe el pelo con tintura Ilicit del almacén de la esquina. Esa señora que se compró la mejor ropa en su última visita al Vintage (a la American Roup) apolillado y perfumado con naftalina, todo por poder ir bien vestida a la Pampilla coquimbana. Es esa señora la que ahora comienza a echar sus maletas en la parte de arriba de la micro que, a duras penas, la llevará de regreso a su casa, donde la espera su kiltro desnutrido, prediciendo ya el banquete que se dará con los vestigios del dieciocho. Ver como bajan las banderitas chilenas, intentando flamear desesperadamente, queriendo lucir su noble y sencilla estrella por última vez. Sí, ya hay que despedirse del dieciocho, la fecha que todos los chilenos celebran, muchos sin saber por qué razón.

Y el Ivo dice “al fin terminó”. No me tilden de poco patriótico o de monstruo sin sentimientos, ni de ninguno de esos términos sacados de la fonda de las empanadas de gato. Encuentro bonita la parafernalia dieciochera, que se recuerde con orgullo parte importante de nuestro pasado, el choripan humeante con jugo de carne y una cucharada de pebre humectando la piel láctea del pan. Lo que me carga a mí son los excesos, el desequilibrio, la vulgaridad, los siete vasos de chicha avinagrada al hilo, las reinas de las pampillas y fondas, moviéndose suculentamente al ritmo del Reggaetón (muy patriótico), luciendo los ínfimos hilos dentales que intentan esconderse en sus traseros, por pura timidez de que el público los mime.

Yo también tengo mi lado chabacanoso, pero debo reconocer que me molesta cuando lo chabacano-divertido, pasa a ser ordinario y vulgar.

No me cuesta aceptar que la semana pasada visité la Pampilla, con cierta ilusión media amarga-nostálgica de recordar mis paseos de infante en aquellos lugares llenos de tierra suspendida en los aires dieciocheros. Yo, visitando la Pampilla, ese terreno baldío con pretensiones de Patronato. Y sí, predecía ya el show que tendría que ver esa noche; las reinas de la Pampilla, maniquíes sin ropa siendo vistas por viejos verdes en estado terminal. También estarían Los Tres, al parecer lo único bueno de la noche (y que no me emocionaba mucho). Bueno, empezó el show de las reinas y mis nauseas salían a flote. Una combinación de vergüenza ajena, asco y lástima, porque era tan patético que ni yo podía creerlo. Una Viví habloando así como en pourtuguess baratiño, la ex-chica de grupo fallidonuncafue AXE revolcándose en una bandera chilena al revés. También estaba la ordinaria de la Pamela Díaz, que con dos tipas que nadie en su puta vida ha visto, hicieron un intento de show lesbico a lo muy Madonna, Aguilera&Spears, pero versión ABAJODELACRUZDELTERCERMILENIOQUEHIZOELSACODEHUEASDELALCADEDE
COQUIMBOSACANDOLEPLATAALAGENTEPOBREDELAPARTEALTA.
Me dio un poquito de pena la puesta en escena, que ni siquiera rozaba lo vulgar, porque llegaba a ser soez y ordinario.

Pero el premio mayor de los Ivo-aguards, se lo doy a Yamna Lobos. Lució un hermoso bikini de pelushe rosado al ritmo de un reggaetón fino y dulce, una pieza muy sutil. Lo mejor de todo fueron los pasos de baile, dignos de una leidi, que hizo la Yamnita. Una simulación de sexo oral que me dejó sorprendido, además, las expresiones que hacía con su bello rostro, caras de orgasmo múltiple que mató a muchos viejos de un infarto. En algún momento pensé en Linda Blair protagonizando El Exorcista.

Visitar Pampilla 2006 me sirvió para conocer un poco más de lo terrible que puede ser la vida. No fue tan malo, me reí harto con el séquito de pungas moviendo el poto sin pudor alguno, pero definitivamente no lo tolero demasiado.

Saturday, August 26, 2006

No he cambiado.-

Como te iba diciendo, esta niñita vivía cerca de la periferia. No era para nada tonta, o sea la galla sabía hablar bien y yo siempre supe que era media trepadora. Es que es difícil esto de contratar a gente así como empleada, si yo te digo, a mí me daba mala espina, algo tenía esta huevona. La cuestión es que mi papá la contrató igual para que trabajara en la casa, a pesar de todo lo que le advertí. No, si no se trata de ser prejuicioso, pero entiéndeme tú también; algo tenía en los ojos que me daba un pánico horrendo. Al final la fulaneca esta se hizo bien amiga de mi papá. Imagínate a mi padre conversando con la nana, qué rabia me daba, y más aún cuando almorzaba en la mesa con nosotros. ¿Desde cuándo? Por favor, la servidumbre siempre ha almorzado en la cocina y esta china terminó almorzando con nosotros. Ahí partió todo. Nana puertas adentro. La miraban como a una hija. No es que yo me pusiera celoso, cómo se te ocurre, pero me molestaba que ella estuviera en mi casa. Pásame otro cigarro, por favor. ¡ay, mujer, no seas exagerada!, ¡quién va a chocar por dios!. Sigue manejando no mas, no seas así. Bueno, como te contaba, a mí me tinca que la tipeja se acostaba con mi papá y en mi propia casa. Mi mamá harto huevona también; yo creo que se hacía la ciega. Así fue como supuestamente descubrieron sus dotes artísticos y la mandaron a estudiar a la Chile, Periodismo. China patuda de mierda. El saco de huevas de mi papá al tiro la puso a prueba en su revista y la huevona pegó. ¿Y cómo no iba a hacerse conocida la rasca esta? A los chilenos les encantan los personajes bien rotos como ellos. Mira, sí sé que soy chileno, pero bien sabes que yo tengo otros orígenes, y tú igual pues, así que no te hagas la tonta. Oye, bien lindos tus Levi´s. ¿Escuchaste el nuevo disco de Telepop Musik?.

Estos semáforos de mierda, están muy mal ubicados. Dame un cigarro, por favor. ¡Déjate de exagerar!, ¡Estamos en luz roja, no vas a chocar con nadie, mujer!. Pero sigue escuchándome, si aquí no acaba la historia. Mi ex-nana después de sacar Periodismo dejó de trabajar en mi casa y no se apareció nunca más. De la revista de mi papá también se salió y se puso a trabajar en un diario comunista horroroso. Mis padres casi entran en depresión porque su “hijita” los había abandonado. Yo me reía no mas. Cuántas veces les dije que algo tenía esa picante. Mientras yo sacaba mi cuarto medio en ese colegio de mierda, mis padres la intentaban ubicar para hablarle y, si era necesario, hacer una terapia de familia. Olvídate, yo con esa rotita no iba ni a misa. Oye, deja de decir eso, no te pongas rota tú también. Cualquiera creería que estás del lado de la nana. Mínimo que me apoyes a mí, no puedes ser tan mala clase.

Mira, cuando yo entré a estudiar Periodismo unos años después, mi papá nunca me ofreció participar de su revista. Para mí que se le contagió lo roteque de la empleada. Yo Siempre he dicho que la gente como nosotros debe convivir sólo con sus semejantes. Igual voy a sacar la carrera y pienso crear mi propia revista sólo para hacerle la guerra a mi padre. Cuando quede en la quiebra se va a tener que ir a vivir a la casa de la empleada en la Pincoya. Aunque no creo; con lo arribista y trepadora que se puso la china, posiblemente ahora es mi vecina. Mira, si tirando el poto a la chuña demás terminó viviendo de Plaza Italia para arriba. ¿Es que tú no entiendes? No es envidia, a mí la negra me da lo mismo, pero me preocupan mis padres. No reaccionan aún, no se dan cuenta que los usaron.

Con gente como tú este país no va a llegar a ninguna parte. Te apuesto que hasta votaste por la Bachelet. Disculpa que te lo diga, pero con todo lo que me estás diciendo ya pareces comunacha. Pero si es verdad, no lo puedes negar. Oye, ¿ya estamos cerca o no?. Sigue manejando, no creo que falte demasiado. ¿Quedan cigarros?. ¿Dónde dejé el encendedor?. No, no me digas eso, no tienes derecho. Tú no puedes opinar nada, tú no has estado aquí. No siento que haya cambiado, todo sigue igual que hace ocho años, cuando aún éramos amigos. Yo creo que tú cambiaste, y para mal. Te invité a comer para que habláramos de la vida, de los cambios, pero no sé, no te puedo obligar tampoco. Ya, discúlpame, a veces se me pasa la mano, pero necesito que alguien se ponga en mi lugar, que me entienda.


Te dije que te iba a gustar acá, regio todo. Sí, tráiganos dos botellas de brandi. No, si no tomo tanto, pero somos dos, quizás hasta falte, pero no te preocupes, yo invito. Pero no me digas más eso, por favor. Yo no he cambiado, entiende de una vez, yo no he cambiado. Huevona, ¿estaba rico o no?. ¿Y tú crees que la empleada se iba a dar estos lujos sin haber conocido a mi familia?. Señor, traiga más brandi, por favor. ¿Te tinca un wisky?.

Oye, linda, no has tomado nada, acompáñame. ¿Quieres un cigarro?. No, no he cambiado, deja esa idea atrás. ¡No he cambiado!. ¿Por qué me torturas con eso?. Yo no he cambiado, a mí me cambió este país de mierda.-

Thursday, July 27, 2006

El viaje a Santiago. Primera parte: “Yo no presto servicios sexuales”.



Mátenme si quieren, pero puse Björk para amenizar este momento. Mis dedos desean escribir y se mueven algo nerviosos sobre este teclado sucio y corroído por el tiempo maldito que me ha jugado en contra. Eso da igual. Narraré parte de mis “aventuras” en Santiago ( por favor, que no suene a Las aventuras de Huckleberry Finn o a Crónica de pre-puber que salió de la casita en la pradera) y de aquellos eventos que me dejaron ciertas secuelas mentales, que arrastraré hasta el día de mi boda que nunca será. Bah.

Salí de vacaciones el viernes catorce del presente, un poco después de dar una prueba de Matemáticas que casi me produce un derrame cerebral y diversas jaquecas (heredadas- gracias madre). Pues el famoso viaje de Ivo ya era pan de cada día para mis amistades y, creo yo, ya habían comenzado a taparse los oídos disimuladamente cuando hablaba de la capital y que me estaba faltando plata para el viaje (al leer plata, deben ser acentuadas ambas sílabas, para que suene grotesco, tosco, atrevido). Por lo anteriormente mencionado, partí a toda velocidad a la capital ese mismo día en la noche, en un bus semicama bastante decente y con la grata compañía de una niña pseudo-muda, que me hacían pensar en el pequeño de la película “El Resplandor” (música tiruriru.). Llegué el sábado a las seis de la mañana y no se imaginan la travesía que resultó para mí hacer transbordo en el metro sin la compañía de alguien que me asesorara, y más una maleta con ruedas, dos bolsos y un “mapa” con todas las estaciones de metro. Me imaginé por un segundo que no era yo, sino uno de los transeúntes que andaban por ahí a esas horas y que podían ver la escena que yoprotagonizaba, y concluyo que tiene que haber resultado gracioso; para qué hablar de mis pequeñas ojeras y la belleza natural de mi pelo.

Llegar a La Florida no fue difícil, a pesar de que me bajé del metro dos estaciones antes de lo estimado y que aún estaba algo oscuro. Yo miraba a la gente con cara de “por favor no me asalte”. Llegué al hermoso condominio de mi primo, y el portero o como quieran llamarle me hizo un cuestionario bastante extenso, llamó a mi primo a su departamento y lo despertó para comprobar si en verdad me estaban esperando y me podía dejar pasar. Por último insinuó que el nombre que yo le había dado era de mentira y que mis reales intenciones eran espiar a alguno de los vecinos y asesinarlo, y que quien organizaba toda esta táctica de guerra era el mismísimo James Bond; créame, las ganas de decirle “mejor vaya a una clínica a operarse su hermosa nariz quebrada” no me faltaron.

Lo demás fueron detalles que quizás algún día les narre ( si es que ya no lo hice). Pues bien, tenía libertades en el departamento de mi primo y su esposa, ellos me dejaban salir y me pasaron llaves, siempre y cuando yo me cuidara bien y los llamara en caso de emergencia. Así fue como comencé a salir solo por las calles de Santiago y aprendí a ubicarme con las estaciones de metro. No fue tan difícil, aunque intento no imaginarme mi cara de desorientación al salir de cada estación. Sí, sé que muchos de ustedes anhelan leer lo que viene a continuación y que también algunos se saben de memoria esta historia y simplemente van a hacer como que ya leyeron esto, aunque resulte ser una verdadera mentira. Yo esperaba feliz en el parque forestal a un amigo que se demoraba un poco más de la cuenta y mis dedos eran devorados sin ningún escrúpulo por mi boca enfermiza. En ese momento en mi cabeza sonaba la música de Tiburón, y también se veía el afiche promocional de la película “Pirañas asesinas”, que probablemente en su tiempo fue una pieza de oro más que valorada y que incluso se le tiene que haber descubierto cierta influencia Spielberg al director. La cuestión es que un obeso enorme (enorme, no estoy exagerando como suelo hacerlo siempre), con su pelo crespo negro como el azabache y con ropa de marca probablemente (ojalá esto no parezca un poema de Gabriela Mistral) se me acercó y me empezó a preguntar si yo era fotógrafo o si me gustaba sacar fotos. Según él, era un famoso publicista que necesitaba con suma urgencia un fotógrafo –un domingo por la mañana-. No sé cómo, pero mis ojos brillaron al oír la palabra fotografía y de alguna manera terminé acompañándolo a comprar cigarros a orillas del Cerro San Cristóbal. Ahí fue cuando empezó lo malo, ya que su interés por mi sexualidad comenzó a ser un tanto evidente y me preguntaba todo tipo de cosas, que no hace falta que les redacte. Ah, claro, el tipejo me quería invitar a almorzar, también me invitó a su departamento y me preguntó que qué haríamos si él me pagara cuatrocientos mil pesos por algún tipo de servicio sexual. Aquí es en donde yo me detengo y me pregunto si en verdad me visto como una meretriz o algo por el estilo. ¿Soy muy sugerente o acaso tengo cara de “cobro lo que sea y le hago lo que quiera”?. Caballero, por dios entienda que yo no presto ese tipo de servicios y que mi casa no es de remolienda. Lea mis labios, entienda, soy V I R G E N y sinceramente no perderé mi castidad con usted precisamente. Al final, el susodicho comprendió que yo no estaba dispuesto a nada, ni siquiera a acompañarlo a jugar pool con sus amiguis homosexuales juguetones. A mí parecer, pienso que terminó por entender el mensaje por mi expresión para nada notoria de desinterés que tuve que fingir en ese momento (mi verdadera expresión era de terror, pánico, de -sáquenme a este jabalí de encima-). Me anunció que se tenía que ir a almorzar /sí, anda a comer, puerco asqueroso, sigue poniéndote obeso/ y lo único que faltaba era que se quisiera despedir de mí con un cariñoso, atento, sutil y afectuoso abrazo, como buenos amigos que éramos; afortunadamente no sucedió; eso hubiera sido la guinda de la torta.

Después de esta media hora de pánico, corrí por los limpios senderos del parque forestal a sentarme en una banca alejada del sitio. Se me acercó otro tipo y juro que si hubiera tenido una pistola a mano, le disparo. Me pasó un diario cuyo nombre se me quedó en mi memoria santiaguina y me empezó a dar una charla sobre lugares culturales de la capital. Luego de esto me dijo – si usted desea da propina- y se quedó parado frente a mí más de un minuto, mirando fijamente mi bolso roñoso. Entendí el mensaje claramente y le di sesenta pesos diciéndole -¿te sirven?-. Abrió la mano y recibió las monedas con disgusto. Poco me importó la verdad, porque miré para atrás y por un milisegundo me imaginé que el obeso estaba tras la banca con un fardo de billetes en una mano y golpeándolos contra la otra y con una sonrisa macabra, digna de película de terror. Me paré cuidadosamente y corrí a ocultarme en el museo Bellas Artes por más de una hora, cuidando por mi integridad física (y mental) y mirando las horrorosas esculturas que habían en el primer piso. Recién cuando sonó mi celular y mi amigo me avisaba que ya estaba llegando, me atreví a salir del museo que me salvó la vida, o al menos de que sufriera un ataque de ansiedad.

Friday, June 09, 2006

Quiero ser depresivo.-


Cuando hablo de este tema, me dan ganas de volverlo tabú por su ridiculez, su grado de ridiculez. Pero en esta ocasión me referiré a él, porque -hasta cierto punto- hace mi vida más entretenida.

Sí, yo he salido de mi casa y conozco a los seres que habitan mi ciudad. Yo he tenido la mala suerte de encontrarme con verdaderos mimos caminando por el mundo. Yo he visto esos vestidos llenos de vuelitos, encajes, "tul", parches, y todo esto pintado de negro, que me han dejado con traumas de por vida. Yo he escuchado los pseudo-dramas de estos seres patéticos que tienen la osadía de poner un pie en la calle. Los observo con un poco de lástima y no puedo negar que me causan cierta pena. No puedo creer que haya gente que se invente problemas para que algún día sean depresivos (o al menos parezcan) y que se pasean por la vida con una expresión digna de teleserie Televisa (“El alma no tiene color”, “María la del barrio”, “Abigaíl”, entre otras). Es decir, está bien que existan modas y que la gente quiera estar en la cima de la originalidad (aunque en el fondo a nadie le resulte) y que deseen que todo el mundo les diga “oh, sí, eres tan genial”, pero hay límites y estos fueron cruzados. ¿Cómo es posible que los seres humanos sean capaces de inventarse enfermedades, problemas y dramas de segunda mano para así estar a la moda?.

Claro, yo tampoco puedo decir mucho sobre las modas, ya que más de alguna vez me he dirigido a un “mall” (mol*) y me he comprado camisas y pantalones que han estado en los últimos desfiles de Viena (eso lo acabo de inventar). Pero hay cosas que nadie debería hacer y que, a pesar de eso, he tenido que verlas. Los pseudo-gotikos que, por esas cosas de la vida, se les sube casualmente una manga, dejando ver horribles cortes que se hicieron mientras escuchaban Lacrimosa. Y para qué decir los geniales teatros que montan si les preguntas que les pasó. Y hay diferentes funciones y completamente gratis:

a) Te cuentan sus tristes vidas recién creadas para que sientas un poco de pena y comprendas las horribles situaciones por las que están pasando. Obvio, si sus padres se separaron hace ocho años y le comenzó a afectar inmensamente cuando se compraron una muñequera de cuero negro o un traje largo (negro, para variar). También te pueden contar como se desahogan escuchando temas de Nightwish mientras con un cuchillo mantequillero intentan cortarse las venas, pero no les resulta y ahora sólo desean morir para no alargar más sus vidas infames.

b) En el momento en que les preguntas, ocultan sus heridas tenebrosas y macabras (y de paso, también esconden los intentos de estigmas que se hicieron la semana pasada) y te dicen “no, nada, no me pasó nada”.

Esta gente me da como arcada a veces, pero también hacen más lúdica mi existencia en esta tierra. No tengo el Canal de las Estrellas para poder ver teleseries mexicanas o venezolanas, pero estos teatritos que montan me encantan y hasta podrían reemplazar a una historia de Thalia. Son fascinantes y me hace feliz escucharlos decir “es que tengo depresión”.

No critico a las modas y gustos personales, sólo critico a las personas que no tienen idea de nada y que , por ignorancia, le cuentan a todo el mundo sus vidas tristes dentro del monopolio que los convirtió en lo que son. De cualquier forma, no me gustaría que dejaran de existir, porque sus mentes vacías alimentan a la mía, que intenta llenarse.-

Saturday, May 20, 2006

Me tiro de un sexto* piso.-


¡Un libro, huevones, un libro!. Era jueves en la tarde y llegaba a mi casa en estado zombie, luego de dos horas de clases particulares de Matemáticas y una divertida jornada completa en un colegio donde las cosas no suelen ser muy sencillas. Con mi “locherito” (odio esa palabra) en mano y con un olor a cigarro.insoportable, golpeé la puerta y casi se me desarmó la mano. Cuando se abrió, lo primero que vi fue a una mujer con una sonrisa de oreja a oreja que hacía harta parafernalia y me preguntaba cómo había estado mi día; era mi madre. Cuando descubrió que sus intentos por animarme y sacarme una sonrisa perfecta no eran fructíferos, utilizó el arma que guardaba para estos casos y que, evidentemente, sabía que tendría grandes resultados, que se me olvidaría por completo ese cansador día. Recuerdo que intentó que todo sonara natural, como para que fuera más impactante, pero no tenía idea que resultaría serlo tanto. Íbamos ambos por el pasillo, cada uno a su propia pieza, y mientras caminábamos me dijo de espaldas –mi amiga, Angélica, me dijo que podía conseguirte un crédito FONDART para que tus cuentos estén todos dentro de tu propio libro; es que no sabes, le encantaron tus escritos, los encontró tan graciosos e irónicos-. Casi me desmayé, se los juro, fue una emoción tan enorme que en un arranque podría haber matado a mi madre y, de paso, me hubiera tirado del quinto piso que nunca he tenido.

¿Cómo llegaron mis escritos a manos de mi madre?. Mi egolatría y mi falta de dinero, en un intento desesperado por hacerle un buen regalo para el día de la madre, fueron las razones para que le llegara ese domingo en la mañana un compilado de mis creaciones impresos en hoja oficio y con tinta azul, porque se había acabado la negra. Quedó fascinada y me decía –vas a llegar muy lejos, yo lo sé-. Terminó la mañana y era hora de celebrar ese importante día en familia; la casa de mi abuela. Por supuesto, mi madre se lució, y de paso yo, mostrándole a todas mis tías y primos mis escritos. Igual fue bueno, porque tengo un tía que es profesora de Lenguaje y dijo que tenía algunos problemas con las comas y puntos, pero que en general la redacción era buena. Esa “crítica”, en general, me gustó mucho, porque fue bastante sincera. Pero la historia sigue.

Mis hojitas rascas en tinta azul dieron la vuelta al mundo, me da la impresión. Porque señora madre se las mostró a su círculo de amistades, entre ellos esta señora que quedó encantada con los escritos y que es algo así como “experta en proyectos” y podría presentar uno para mi libro. Me dijo que siguiera escribiendo y que, cuando tuviera un buen compilado de mis “cuentos”, le avisara. Me sentí tan feliz en esos minutos, era tan grande la emoción que la llamé inmediato para agradecerle la oportunidad y bla blá. No se imaginan lo importante que es esto para mí; es como cumplir uno de mis más anhelados sueños. Claro, tampoco me ilusiono mucho, debido a que para que este proyecto resulte tienen que haber muchas variables a mi favor, es por eso no quería contarle a nadie al principio. Pero bueno, ya lo hice y si resulta, seré la persona más feliz del mundo. Tengo fe y muchas ganas de escribir.

Mi percepción es que si tengo mi propio libro, sólo me quedará “plantar el árbol”, como me dijo hace unos meses mi profesora de Filosofía en nuestra primera clase con ella. Fue algo así como –Y a ti, Ivo, ¿qué te gustaría hacer más adelante?- Yo le respondí bien seguro
–quiero irme a vivir a Santiago, estudiar Periodismo y por último escribir mi propio libro-. Ella me respondió –¿y no querí plantar un árbol también?- Todos mis compañeros estallaron en una enorme carcajada, y yo nunca entendí el chiste... hasta ahora.
Pero hablando en serio, para mí es un gran paso, porque estoy consciente de que haber escrito un libro ya es una ayuda para encontrar trabajo más adelante, luego de haber terminado de estudiar. Pero no se trata sólo de eso; también significa realizarme como persona, sentirme seguro de que lo que estoy haciendo está bien. Además, si todo resultara como deseo, mi colegio se arrepentiría de haberme subestimado tanto. A mí no me ofrecieron participar como columnista de un diario regional, es decir, no pude postular a la oportunidad de escribir ahí, porque los encargados de eso en mi colegio no me avisaron. Conozco bien a los de mi colegio y sé que si llegara a suceder esto, estarían tan orgullosos y posiblemente hasta me querrían financiar con una parte, porque pucha que es rico llevarse los créditos. Pero ya sería tarde.

Mejor me dejo de ilusionar tanto, quizás resulte, quizás no, pero al menos ya está la oportunidad y voy a hacer lo posible por sacarle partido.-

Sunday, May 14, 2006

El drama.-


Debería estar haciendo un discurso para Lenguaje, pero no tengo ganas de nada; patético en verdad, debería estar lleno de ganas de hacer millones de cosas, tengo diecisiete años recién cumplidos, pero no; estoy cansado. Me da lo mismo, sé que en unos días más ya lo habré asumido, creo que deje de contar años al cumplir quince... y ahí me quedé. No tengo miedo de crecer, sino todo lo contrario, deseo que pase el tiempo y ser mayor de edad y bla blá, toda la parafernalia. El problema es que me demoro un poco en asumir esta realidad, la de responder “diecisiete” y no “quince” cuando me preguntan la edad. Y yo no voy a salir como el personaje víctima de la película, haciendo pucheros y lamentándome porque no tuve infancia, sería la mentira más grande que haya dicho. Viví a concho esos años y no lo niego.

No hay nuevas responsabilidades y tampoco debo alimentar al Hogar de Cristo o crear una fundación para niños con el pelo seco. Todo está igual, soy yo el que se hace problemas por una huevada como esta. Al fin y al cabo, todo sigue exactamente igual y no va a cambiar hasta que salga del colegio. Me estoy adelantando un poco y creo que lo seguiré haciendo.

No me las voy a dar de maduro ni nada por el estilo, pero estoy claro de que no soy un inmaduro. Estoy centrado en lo mío y eso me alegra. No he cambiado ni he adquirido dobles estándares, por eso es que me siento bien y hasta me río cuando veo a personas de mi edad que se pierden en medio de la nada y se llenan de mil contradicciones y depresiones creadas por ellos mismos. Es, un poco, alejarse de lo impuesto hoy en día, de las juventudes eternas que sólo son un trámite para, recién, empezar a vivir. Yo comencé a vivir hace rato y no he desviado mi camino, no he cambiado mis utopías y no he dejado de odiar a la televisión abierta y al diario Las Últimas Noticias. Quiero romper esquemas y cruzar límites. Discúlpenme si estoy sonando ególatra.

Para acabar con este temita de la edad, no se imaginan el alivio que siento al darme cuenta que no tengo ninguna semejanza con los personajes de una teleserie que vi algún día (“Diecisiete”). Con eso me basta y me sobra, al fin y al cabo, yo también fui fanático de las Spice girls y vi Dragon Ball Z, tuve el album de los A*teens y me compraba cartas Pokémon, así que estamos en igualdad de condiciones.-

Sunday, May 07, 2006

Críticas.-


Te despiertas con dolor de cabeza. No es temprano ni tarde, en verdad no es nada. Caminas hacia la cocina, con los pies descalzos y nada parece importarte. Sacas del refrigerador una caja de leche y bebes directamente de ella. Sientes nauseas, y caminas con estas hasta el baño. Te lavas los dientes, pero no te miras en el espejo. Te pones un buzo cualquiera, diseño noventero y sales a comprar pan al negocio de la esquina y pareciera que tu vida se queda dentro de tu habitación. Eres una criatura inerte que va a comprar pan para el desayuno con buzo y sandalias para levantarse. Entras al negocio y la señora que te atenderá, te mira con una particular expresión de lástima. Compras el pan y le pides que te guarde una “bolsita” de pan para la hora de once. Compras una cajetilla de cigarros y prendes uno de los que venían dentro de ella. Sabes que no hace bien fumar en la mañana, que no hace bien fumar, pero no le das mucha importancia, no ahora. Llegas a tu casa y tus ojos parecieran cerrarse con el viento frío de un invierno que parece interminable. Te haces un pan con mantequilla, no hay queso ni jamón; no te alcanzó, pero sí te alcanzó para una cajetilla de veinte. Terminas de comer y alimentas a tu kiltro negro, tu mejor amigo, el que te espera siempre, el que dejas entrar a la pieza y no te molesta su olor a “perro mojado”. Prendes la radio, suena Saiko e intenta penetrar en tu cerebro. No lo permites y de un salto te metes a la ducha, empapándote con agua fría, que parece cortarte la piel. Luego te vistes con una especial lentitud, que hipnotiza, pero no hipnotizas a nadie, porque estás solo y nadie puede ver esta gran función. Sales de tu casa, cierras la puerta con llave y te subes a una micro. La gente que va adentro te observa, pero la indiferencia, en este caso, funciona mejor. Miras la ciudad a través de la ventanilla. No está soleado el día, tampoco nublado parcial. Hoy está nublado, nublado sólo para ti. Te bajas cerca de un gran cerro y comienzas a subirlo. No miras la hora, porque no te importa. No sientes frío ni calor, no sientes nada. Hay unas escaleras de cemento que te llevan hacia la cima. No es un alto cerro, sería mejor llamarlo colina. Hay más gente allá arriba, mirando la ciudad. Llegas a la cima, estás cerca del cielo, casi puedes tocarlo, pero sabes muy bien que no es así. Quieres observar, pero sólo miras con poca atención todo lo que te rodea. Un desconocido te “pide la hora”; ni lo miras, porque no lo escuchaste. Él sólo se va. Y pasa lo inesperado; comienza a llover y, por esto mismo, decides bajar. Estás empapado, y allá abajo todos andan con paraguas, Todos estaban preparados, todos sabían que llovería. Tú no estabas enterado. Esbozas una sonrisa y comienzas a caminar, mientras el agua que cae te sigue mojando.-