Saturday, July 11, 2020

lindo cielo

imaginarte al otro lado del mundo
donde no se ha rasgado el cielo
una ventana sin cerrar 
un tajo abierto

desde aquí en donde te pienso
al final del precipicio
me aferro a retazos de nube
que se esfuman entre los dedos

la luz de una ampolleta
color naranjo incómodo
mancha las murallas
un barniz que sella el tiempo

cómo desplazar tu mirador
hasta este trozo de tierra muerto
convertirlo en una puerta
en un espacio abierto






Thursday, May 07, 2020

yeso

ella va a la iglesia con el mejor vestido
los ojos grises y agudos
la palabra de dios que la remece
los labios partidos

junta sus palmas
es una plegaria 
y el sabor metálico que la invade de pronto
la lleva de regreso a esa casa
un viaje en el tiempo

la virgen maría de yeso
los mantos sagrados 
desde las alturas la observa
y ella ya no está aquí
está sobre la cama
con los ojos cerrados 
de placer insoportable

transforma la culpa en su propio halo
sus mantos sagrados como campos de fuerza
y los cuerpos alrededor
se tornan petreos en sólo un rezo
mientras ella se eleva a los cielos
entre carcajadas y espasmos
a encontrarse con dios





Tuesday, March 31, 2020

Quiebre

Apilé los libros de Osho, I ching y hasta el de Fen Shui sobre el velador. No los hojeo ni los toco, aunque están ahí por si algún día me decido a leerlos. Algún día: un espacio del mañana que ahora parece lejano. Podría ser un momento cualquiera en un calendario que no tiene fecha de término. Esa idea me asusta. También me asusta no poder escribir ni ordenar mis ideas. No poder crear. Ser productivo cuando pude serlo. Arrepentirme del tiempo perdido. 

La vigilia es una tortura. Cerrar los ojos sin descansar, sin cruzar del todo hacia el espacio de los sueños. Me pregunto si esos sueños podrían darme respuestas. No puedo saberlo cuando ni siquiera se esbozan en ese espacio de mi mente. Melatonina y pastillas de melisa. La manzanilla antes de acostarse. Parecen una mala broma cuando despierto cada día a las cinco de la madrugada. Quisiera dormir y despertar cuando esto acabe.

Tengo un nudo de sentimientos negativos que no logro identificar. Son brumosos, quieren ocultarse, se resbalan entre mis manos como peces inquietos que quieren volver al mar. Me siento secretamente posesivo y celoso. Quiero dominar y ser dueño. Único y exclusivo. Me transformo en la clase de persona que no quiero ser. Temo que sea la fuerza de mi propia naturaleza jalándome hacia las profundidades.

Y hay un miedo muy grande que me persigue. Quizás terror defina mejor la sensación que me embarga y que me despierta a mitad de la noche. Imagino que esto invade mi casa de forma sigilosa. Nadie se percata cuando toma a mi mamá y se la lleva para siempre. Y cuando quiero visualizar una vida sin su presencia, no veo nada. Es el confín de mi existencia y más allá un océano oscuro que se extiende hasta el infinito. 

Los días son copias fieles del anterior y la rutina se vuelve un poco áspera e irritante. Pero entre medio de esos días difíciles de identificar, a veces hay horas luminosas. Cuando aprendo un nuevo acorde de guitarra o al descubrir alguna canción que me remece. O cuando al fin encuentro algún cuento inspirador y diferente que me haga sentir que puedo crear también. Algunas hojas que me devuelven las ganas. Pero cuando regreso al papel, la tinta no se derrama. 

Me siento como tierra árida y quebradiza.-

Tuesday, March 17, 2020

Pandemia

Supongo que pensábamos lo mismo, o al menos eso es lo que me gusta creer. El mundo se estaba acabando y no nos importaba, quizás porque Chile había dejado de importarnos hace rato. No sé de dónde saliste ni entiendo las razones que nos llevaron a reunirnos de esa forma aparentemente casual. Una serie de casualidades en circunstancias inesperadas. Me excitaba la idea de no conocerte y que fuésemos testigos del fin del mundo. La gente en la ciudad arrasando con supermercados y nosotros allá arriba, drogados con besos húmedos y sexo perverso y una complicidad media adolescente, sin siquiera haber almorzado. La sombra del caos a lo lejos, un manto azabache, y la luz que irradiábamos esa tarde de verano. Creí estar enfermo, que era un sociópata, que esa erección en mis pantalones no podía ser otra cosa más que trastorno mental. Ya nada importaba. Me dejé arrastrar por un placer catastrófico. La idea del final dolía de la forma más exquisita que hubiese imaginado. Tan dulce como el corazón de una sandía. Te reías entre los besos y mordiscos y embestidas. Carcajadas mutando en gemidos, igual que un virus, pensé. Nada sería igual, porque no habría nada más. Era nuestra cápsula de tiempo levitando sobre Santiago. Sería tal vez mi última vivencia y mi último recuerdo. El recuerdo más breve y absurdo. La última luz antes de la oscuridad.-

Monday, January 13, 2020

Tempestades


A mis amigos, Anita y Álvaro.


Creemos poder delimitarlo para mantener su fuerza y su naturaleza bajo control, como una represa a las aguas. A veces lo compactamos hasta sentir que cabría en una caja de bombones, negando su carácter indómito. Olvidamos que, como cataclismos y tempestades, su poder es incontenible y que no hay escala alguna que pueda medirlo. Un poder que transforma nuestros destinos. Es abstracto y tan complejo que no encuentra su lugar en museos o laboratorios. Un concepto que suena sencillo, un puñado de letras que no da abasto a su significado universal. Quizás por eso nos esforzamos en definirlo, darle cualidades absurdas, condiciones y barreras, géneros y colores y etiquetas y religiones y tiempos y espacios. ¿Le tememos a su inmensidad? ¿Es esa infinidad acaso tan vertiginosa que no somos capaces de enfrentarla en su forma más pura y verdadera? 

No hay edad ni lugar para un sentir tan vasto e infinito. Paraliza, nos confunde, nos azota. Es huracán, maremoto, diluvio y tornado. Muchas veces nos cerramos sobre nosotros mismos. Tomamos resguardos. Evitamos. Ingenuos evitamos lo inevitable.

Amor. Como desastres naturales, cambia nuestra topografía, hace de nosotros cordilleras y océanos. Accidentes que mezclan nuestros continentes lejanos y los hacen una misma tierra. Llega impredecible y entonces sólo queda entregarse. Porque hay un momento en la vida de todos nosotros en que, en medio del terremoto, nos entregamos al destino. Así es el amor. Entregarse, hacer de nuestras tierras arcilla para moldear esa nueva geografía. Abrazar la energía inagotable sacudiendo nuestras placas tectónicas. En el epicentro esperar, catalejo en mano, para ir a conquistar esas nuevas tierras que a lo lejos, con sus montañas magníficas, celebran el nuevo futuro.-

Friday, March 22, 2019

Sjællands Odde

Noroeste de Dinamarca.
Me cuesta enlazar todos los capítulos que antecedieron a este en particular. Los visualizo como una serie de sucesos en masa que no se detuvieron hasta que estuve lo suficientemente lejos de casa. Tan lejos que las raíces cedieron hasta romperse.

Tierra de trolls, de brisa marina y carreteras oscuras. Empiezo a olvidar cómo se siente vivir en una ciudad sobrepoblada y (re)utilizo ese espacio en mi memoria aprendiendo sobre la vida en el campo. (Re)grabar sobre recuerdos, como si fueran viejos casetes llenos de canciones prescindibles.

Me costó acostumbrarme a los smørrebrød a la hora de almuerzo. Estos pancitos daneses cubiertos con mantequilla y acompañados por pescado o carne o salsas o verduras (o todo eso junto) no terminaban de convencerme. Quería un almuerzo de verdad, completo. Luego entendí que la cena danesa podía ser un buen consuelo a las necesidades de mi cultura alimentaria adquirida.

Canadá no fue suficiente. Puede que ningún lugar lo sea, y no sé si eso es bueno o malo. Moverse para satisfacer una CNI (carencia-no-identificada) es frustrante y excitante a la vez.

La Serena-Santiago-Vancouver-Barcelona-Copenhague-Groninguen-Sorø-Havnebyen, en ese orden, en mi vida sin orden. Arrastrando una maleta chica y una mochila que me hace sudar la espalda. Me canso en ocasiones. Me irrito con un estilo de vida satélite, pero al mismo tiempo lo amo.

Y muchas veces pienso (o tengo la certeza) de que todos los capítulos, al sumarse, tendrán un sentido profundo y místico. Hay una sensación, hay algo que me hace sentir que este flujo intermitente pronto va a cuajar.-


Saturday, February 16, 2019

Part time

Veo mi rostro reflejado en el agua. Luce amorfo, macilento, ajeno. Sigo limpiando hasta que la loza brilla. Más cloro, más magic cleaner, más pasadas del escobillón. Termino al fin la taza del water y continúo con el jacuzzi con forma de medialuna. Que no se vaya a rayar, porque estos cuates son bien exigentes, me dice David mirándome desde el pasillo. Imagino a los dueños de casa disfrutando de los beneficios del hidromasajes mientras brindan con vino espumante con alguna canción de Enya saliendo desde los parlantes Bluetooth estratégicamente instalados en cada rincón del baño. Son rubios y delgados, demasiado blancos, demasiado serios, y sus cabellos brillan. Son exitosos. Son canadienses promedio.

Enrollamos los cables de las aspiradoras, ponemos los trapos sucios en una bolsa negra y cada líquido limpiador en los compartimientos del bolso organizador. Margarita se mueve rápido, jamás se detiene, jamás conversa con nadie. Hace su trabajo  en tiempo récord y, cuando termina, es la primera en subirse al auto. David quiere que aprenda de ella, porque tiene mucha experiencia y es una mujer esforzada y agradecida de tener un trabajo, uno digno. Me lo repite ahora mientras caminamos hacia la camioneta para irnos a toda velocidad a otra casa escondida en las montañas. No respondo porque no se me ocurre qué decir. No quiero decirle que Margarita parece una de esas personas sin personalidad o carisma. Que no se trata sólo de que no sabe hablar inglés. Margarita y yo nos parecemos, lo sé, aunque nunca hayamos hablado.

Hileras de pinos, cadenas interminables de ellos alrededor de la carretera. Avanzamos hacia North Vancouver, donde las casas se esconden en las faldas de la montaña nevada. Casi todas con vistas privilegiadas hacia Downtown, kilómetros más abajo. Una península atestada de edificios de acero y cristal. Me siento superior por un momento lejos de allí, aquí, en casa de ricos. Limpiando.

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