Wednesday, April 29, 2015

Selfie (o retrato hablado) (04.2015)



Sus ojos rasgados reflejados en el espejo. El cuello elevado con cierta altanería, aunque sin llegar a ser parte de una pose por completo. Cabello rizado a la altura de sus pequeñas orejas, adornando, junto a la delineada barba de no más de tres días y unas cejas pobladas, su rostro aún infantil. Predomina el castaño en el cuadro de su cara, un castaño rojizo que parece estar encendido en aquellas áreas de su rostro en las que la luz que entra por la ventana alcanza a iluminar. Labios carnosos, bien formados, un corazón alargado de manera horizontal, hacen señas, como si tuvieran vida propia. En armonía con cada una de sus facciones está su nariz, ni tan pequeña ni tan grande, ni respingada ni aguileña; es una nariz recta, masculina, que le confiere a la totalidad de su rostro cierta elegancia y madurez.

Más abajo está su cuerpo, proporcional al tamaño de su cabeza, casi desnudo; tan sólo lleva puesto un pequeño y ajustado calzoncillo blanco que tiene escrito el nombre de la marca sobre el elástico. Espalda ancha y un abdomen que parece esculpido en mármol. Una de sus manos sostiene un iPhone, con el que  se puede fotografiar frente al espejo del baño para mostrarse en Instagram, la red social de moda.

Una foto perfecta, que se amolda a la forma de sus pretensiones y deseos de vida. Que no se vea la casa pareada en Maipú ni que se vaya a notar que el calzoncillo es imitación Calvin Klein. La toma no debe mostrar ese trabajito de medio tiempo en una tienda del mall de la comuna. Que por ningún motivo aparezca su mamá atrás, porque tiene sobrepeso y es muy morena, y eso en las redes sociales no se vería bien. Tampoco puede haber rastros de las 12 cuotas que tiene que pagar por ese costoso teléfono. Y, claro, no puede notarse su hermana, que es madre soltera y sólo tiene 15 años. Nada de eso debe estar dentro del cuadro, para que así sea -realmente- una fotografía fabulosa.

Revisa su smartphone cada tres minutos mientras intenta ver una película que ni siquiera está entendiendo. Y es que le es imposible concentrarse cada vez que suena ese absurdo y repetitivo bip anunciando que un nuevo mensaje ha llegado a la fotografía que puso en internet. "Qué guapo te ves", "Agrégame a WhatsApp, va mi número por interno", "Hermoso bulto :P", "Quién fuera calzoncillo", "Amigo, qué sensual". Llegan los mensajes unos tras otros, haciéndolo sentir bien, seguro de sí mismo, como si las opiniones de ése, su público seguidor, fueran los cimientos de su inestable autoestima.

Dos horas después, sus emociones han amainado. Leer durante la tarde aquella ráfaga de mensajes con respecto a su apariencia, lo han hecho sentir mejor, mucho mejor. De pronto, ese inexplicable miedo que lo acomplejó durante la mañana, luego de que una pareja de gays lo mirara con "desprecio" mientras trabajaba ordenando la vitrina de la tienda, se había esfumado. Ahora se sentía un hombre apuesto y sensual, capaz de proyectar su seguridad a través de su caminar,  de sus ademanes o incluso de su mirada.

Sale de su casa con prisa, no puede perder el último tren con dirección a Baquedano. Sus pasos son ágiles, seguros, en parte porque esa música que suena en sus audífonos lo hace sentir como en una pasarela. Uno, dos, tres y cuatro; caminar con estilo mientras suena esa  canción de Madonna que tanto le gusta. "I don't wanna hear, I don't wanna know, please don't say you're sorry", canta una y otra vez dentro de su cabeza. Qué ganas de bailar ahora mismo, piensa. Pero no, no se puede, ¿qué diría la gente? Si fuera por él, sacaría lo mejor de su feminidad para montar un gran espectáculo ahí, en pleno Pajaritos, moviéndose con alegría y glamour bajo las luces de neón que iluminan esa tibia noche de verano. Pero él sabe que hacerlo sería igual a suicidarse socialmente, porque las posibilidades de encontrarse con esos horribles homosexuales barbones que espían su Instagram -y con quienes se ha topado más de un par de veces en la estación de metro- son bastante probables. Nadie debe saber que ama a Madonna, mucho menos que la baila.

1997. Ahí anda el Pedrito, solo, en el patio de ese exclusivo colegio de curas en La Dehesa, donde recién cursa séptimo básico. Además de sus zapatos viejos, todo lo distingue de sus compañeros: la delicadeza de cada uno de sus movimientos, su forma de hablar, la fascinación por las barbies. Él también sabe que es un niño "especial", como le dijo la orientadora a su  madre alguna vez. Sí, porque se percibe diferente, no es tonto. 

Baila bien, baila despacio, con ritmo, quiere que todos lo observen bailar, porque cree verse guapo, no como los otros, que son feos y corren como idiotas detrás de una pelota. Entonces, cuando suena la radio del casino, el Pedrito baila y se mueve como las modelos de la tele, que son tan lindas. Las niñas del Venga Conmigo, un verdadero sueño con esa ropa brillante y llamativa. Y ahí las tías del casino le dicen que no haga eso, porque está mal, porque los varones no hacen esas cosas. Y que tampoco menee mucho la mano al saludar, porque se ve feo y después los niños lo molestan y le pegan. No, que el Pedrito se deje de bailar así, porque si lo ve el curita va a quedar la pura embarrada. Que se acuerde que ésta fue una gran oportunidad que no puede desperdiciar. No cualquiera puede estudiar en este colegio, recuerda Pedrito.

Abre los ojos. La fiesta está por comenzar y él ya se reunió con su amigo, que de amigo tiene bien poco. Lo cierto es que ese chico que está al frente suyo bebiendo un vaso de vodka con jugo de arándano, es su amante de medio tiempo. Le gusta, porque es apuesto, viste bien y su popularidad en las redes sociales supera a la suya. Va a muchos conciertos y suele ser fotografiado en los eventos más concurridos y comentados de Santiago, así que le conviene estar junto a él. Es cineasta o publicista o algo así... En realidad eso no le importa. Lo que sí le importa es que es bueno en la cama y que es relativamente conocido en el "mundillo". Y, aunque muchas veces lo odia por ser más popular, disfruta al escuchar de boca de sus amigos que la gente anda diciendo que mantienen un romance furtivo. Tiene la certeza de que eso le da cierto estatus.

Hablan del nuevo álbum de Death Cab for Cutie, que en verdad no escuchó entero, porque no le gusta tanto esa banda, pero eso no lo menciona, así que comenta el disco y lo critica: tienen mejores trabajos, este nuevo suena aletargado. Esa fue la palabra que usaron en el sitio web de música que a veces lee, aunque ni siquiera terminó el artículo completo. Tampoco sabe lo que significa aletargado, así que mientras lo dice, espera que su interlocutor sepa el significado y que no le pregunte nada más. Ojalá se termine ese trago luego y vayamos pronto a la fiesta, piensa.

Ahora caminan juntos por Providencia hablando quizás qué. Es tanta su ansiedad que no es capaz de asimilar cada una de sus palabras. Todo suena cacofónico y difuso, como si estuviera escuchando el exterior sumergido en el agua. Puede sentir cómo su estómago se revuelve a causa de esos nervios incontrolables. Una crisis de pánico en ese momento sería terrible, verdaderamente una tragedia. Intenta calmarse y le da una  última y profunda calada a su cigarro. Esta es su noche y no puede desperdiciarla. Estarán todos en la fiesta y él se ha preparado mucho para este momento: compró ropa de marca, fue a la peluquería y ahorró dinero para poder pagar la entrada e incluso beber cócteles dentro. No iba a llegar antes de la medianoche para no pagar, ni mucho menos bebería el trago de cortesía. Tomar pisco barato también es un poco de mal gusto, o al menos eso cree.

La mente no puede controlarse, tampoco la ansiedad ni los recuerdos. Es niño otra vez y corre rápido a ocultarse en el jardín del ala norte del imponente colegio oculto en las faldas de la cordillera. Que no me vean, que no me vean, que no me vean. Pánico, una sensación desagradable, como si fuese a morir en cualquier minuto, así lo siente. Estoy hecho de tiza, me deshago y desaparezco en el frío viento de invierno. Maldita la beca y todos los niños ricos. Quisiera estar en casa, con los que me quieren. Se cuestiona la vida, su esencia, su familia, sus orígenes, el ser distinto a los demás. Ser distinto tiene su precio. Brillar entre el resto, un diamante en medio del carbón. "Y de pronto no había un patito feo, sino un bello cisne al que todos los demás habitantes del lago admiraban". ¿Cuándo seré el cisne?

Sus recuerdos se deshacen (das pena). A menos de una cuadra, ya puede ver la puerta principal del lugar. La actitud cambia: su caminar se vuelve más lento y calculado, su mirada se concentra en el rostro de su acompañante, con quien sigue hablando de algún tema del que no tiene idea (ahora hablan de la psicomagia y Jodorowsky) y ríe a ratos. Minutos que se hacen eternos frente a esos chicos que se unen a la fila para ingresar. Con sólo verlos de reojo sabe quiénes son, pero no les concede ni una sola mirada. A uno lo vio en Facebook, ese que fue novio del amigo que lo acompaña, y sabe que se conocen. No se saludan, aunque su acompañante sí se acerca al de la fila para darle un abrazo y preguntarle cómo está. Lo mira desde su lugar, sin moverse o girar la cabeza en esa dirección. Demostrar interés no es una buena idea. Tiene rabia por haberse quedado ahí parado sólo durante un minuto mientras su amigo saludaba. Vuelve a odiarlo y a maldecirlo. Se siente humillado.

Adentro hace calor. Nadie se mira, la regla es estar en grupo o en pareja. Todos se conocen, pero sólo algunos se saludan. Quizás debe acercarse a saludar a ese con el que se revolcó a los 18 o tal vez al hombre guapo con el que a veces intercambian comentarios o likes en Instagram y Facebook. Sí, ese último que forma parte de un grupo de productores que traen a grandes artistas a Chile y que hacen las mejores fiestas. También consumen LSD, aunque de eso no está muy seguro, ni tampoco de las supuestas orgías que organizaban en un grupo secreto de WhatsApp. De la forma que sea, es mejor ir a saludarlo. Intenta acercarse, pero el de la productora lo mira y se aleja con rapidez hacia la barra. ¿Qué sucedió? Siente cómo sus mejillas se ruborizan y una gota de sudor se desliza por su frente. Corre al baño antes de que sea demasiado tarde.

Ahí está, otra vez frente al espejo, pero ahora sintiéndose desconcertado. Percibe el miedo apoderándose de cada fibra de su cuerpo. Moja su rostro, revisa que su cabello siga en orden y muerde un extremo de su labio para no llorar. No entiende nada, pero no puede perder el control ni la cordura. Todo estará bien.

Su amigo que no es tan amigo lo espera en la barra. Simula serenidad y se sienta a su lado, sin dejar de mover el pie derecho. Pide un brandy, porque le encanta como suena el nombre de ese trago. Es parecido a Bambi, el pequeño ciervo de la película de Disney que veía junto a su papá cuando era pequeño. Esos años en los que todo era sencillo y no importaba que no hubiese dinero para irse de vacaciones ni las postales idílicas en una playa bonita y exclusiva del Litoral Central. Extraña la sencillez de la vida sin computador ni teléfono móvil ni amantes ni tiendas de diseñador. A veces, cuando estaba solo encerrado en su pieza, pensaba -casi sin tomar conciencia de ello- que odiaba a su personaje. Era uno de esos malos intérpretes en una terrible obra de teatro, en la que pedía a gritos ser el protagonista, y que de hecho lo era, pero sin un público frente al cual lucirse. O sí, sí había público, pero un público condicional, crítico, malintencionado y cruel. Los espectadores que él mismo eligió creyendo que no había otros formados frente a la taquilla del teatro.

Vuelve a la realidad ante la mirada de su amigo, que ahora es mejor llamar amante, porque de amigos nada, y que quiere saber en qué pensaba tanto mientras tenía la mirada perdida en las luces estroboscópicas. Da lo mismo, le dice mientras saca su teléfono del bolsillo para tomar una selfie juntos disfrutando de ese divertido momento. Cruza su brazo por detrás de su espalda y hace la captura. ¡Di Whisky! Buena idea un whisky para calmar los nervios. Va el whisky, el segundo whisky y el tercero. Subir la foto a Instagram con el mejor filtro. "Sábado y carrete con este guapo #Gay #Gays #Fiesta #Carretes #Amigos #Fiesta #Beard".

Van a la pista de baile. Cierra los ojos mientras suena la música. Se mueve al ritmo de algo que suena muy bien, pero que no logra identificar. Tararea una canción en inglés que ha escuchado antes, mucho antes, cuando acompañaba a su madre a trabajar a la casa de los Walker y limpiaban juntos el piso bailando torpemente esa canción, y mueve la boca como si la supiera, aunque no tiene la menor idea del significado de cada palabra. No hace escuchar su canto, porque no quiere quedar en ridículo frente a su acompañante. 

El alcohol comienza a surtir efecto. Aún con los ojos cerrados, está seguro de que muchos hombres lo observan con deseo, ese deseo de poseerlo, de llevarlo al motel más cercano y follarlo, deseo de ser como él, tan guapo, con tanto estilo, de ir a todas esas galerías de arte y tomarse las mismas fotografías tan bellas y tan interesantes.

Abre los ojos y nadie lo mira. Cada uno sigue en su propio universo, incluso el amante, que ya ni de amante sirve, porque está ebrio. Recuerda la foto en Instagram y revisa su teléfono de inmediato. Han pasado 25 minutos y la captura sólo tiene dos likes. Algo anda mal. Quizás se cayó internet o la recepción de su teléfono está fallando. Mejor ir a la barra y tomar un vodka, seguido de un tequila margarita y de un martini seco. Tremenda combinación, piensa.

Vuelve hacia el productor, que esta vez sí lo mira. Luego de un tibio abrazo y un beso en la mejilla, mantienen una plática sobre la fiesta y la gente tan estúpida que asistió esta noche al lugar. El chico lo mira con atención y curiosidad, mientras él le cuenta que no entiende cómo estas personas pueden ser tan superficiales, cómo no se interesan en el arte contemporáneo más que para fotografiarse en las muestras del Bellas Artes, cómo no comprenden absolutamente nada del feminismo reflejado en la nueva pintura chilena. Recalca una y otra vez que las redes sociales los hacen estar ausentes y preocupados de banalidades, porque son tan vacíos, no tienen materia gris ni algo que aportar. Otra vez, su propia voz suena a lo lejos irreconocible. Habla por hablar, sin tener conciencia de sus palabras. Imposible concentrarse con esos ojos y esos sensuales labios frente a su cara. Quiere besarlo ahora y que sea su novio y vayan juntos a esos recitales con acceso al meet&greet y se besen una y otra vez y duerman juntos una y otra vez para luego volver a asistir a algún gran evento y la historia se siga repitiendo, con más revistas y sus fotografías juntos en otros sitios web de socialité y arte y cultura, porque a ambos también les gusta el arte y la cultura, así que van a estar siempre asistiendo a museos y a  increíbles panoramas y la admiración de los demás será tan evidente. Deja que hablen de nosotros, amor, que nos envidian, y no existe la envidia sana. ¿Qué darían por vivir donde nosotros vivimos o simplemente por ser quienes somos?¿Te lo has imaginado? Mejor tómate otro trago y sigue contándome sobre cultura y cine y las nuevas problemáticas de la publicidad en los medios de internet, que eso sí que es interesante y vale la pena hablar.

No distingue bien entre la realidad y los juegos de su mente. Tampoco sabe cuánto ha tomado durante la noche, pero sí sabe que su teléfono no ha vuelto a vibrar para avisarle que alguien más le dio like a su foto. En todo caso, ya no importa, porque ahora sólo es importante el productor, que se vería tan bien junto a él. Se abalanza sobre su cuerpo e intenta besarlo con desesperación, pero la respuesta es negativa. Su expresión ya no es de atención, sino de absoluto desprecio. Un gran empujón lo lleva al piso, ante la mirada atónita de todos quienes bailaban en la pista. Escucha risas, ya puede ver como lo despedazan en todas las redes sociales: el gran escándalo del mes, una vergüenza. Sí, ese, el de las fotos lindas, intentó darle un beso al Moller, todos lo vieron, estaba muerto de curado, pobrecito. Qué saben ustedes, chismosas de mierda, piensa. Intenta ponerse de pie con ayuda de un desconocido al que también besaría y se llevaría a la cama. Su acompañante, que no es amigo ni amante ni conocido -y que ahora tampoco es acompañante- está escondido en un rincón besándose con algún hombre. Son las cuatro de la madrugada y se ha quedado solo.

Se mueve con torpeza para volver a la barra. Toma asiento y mira su teléfono para comprobar si hay novedades en Instagram: nada. Pide otro trago, esta vez una cerveza, pero que sea una grande. El mesero le dice que no puede venderle más alcohol en esas condiciones. Qué te has imaginado, roto de mierda, tienes que venderme si quiero. Gritos y más gritos, llegan los guardias, todo se mueve, todos ríen, no entiende nada.

La sangre corre furiosa a través de sus venas y la presión en su cuerpo es alta. No sabe bien adónde está, pero camina en alguna dirección y con un destino claro en su cabeza. ¿Y si mejor voy a darme una vuelta al Parque Forestal? Allá donde van tantos hombres desconocidos y se tocan y se besan y en donde me valorarán por lo que soy y querrán tenerme. Ahí va uno, ese que me está mirando y que se esconde detrás de un árbol, que parece que es viejo, pero que igual sirve. O el otro, el gordo de pelo cano que está a mi lado y me agarra el culo. Este también debe querer diversión conmigo, porque le gusto, porque me veo bien vestido así y tengo bonitas facciones. Nauseas. El entorno gira y se desliza alrededor de él. Se arrodilla a vomitar mientras dos hombres, quizás tres o cuatro, se acercan a su lado y lo tocan. Quiere irse, que nadie lo vea en esa situación indecorosa, que ojalá nadie allí lo conozca. Más  vómito y ganas de desaparecer. Pero la ciudad es más afortunada y desaparece antes que él. Maldita ciudad tan afortunada.

Avena con leche y plátano, pan con mermelada de damasco traída de la casa de la abuela en el sur y jugo de naranja: el desayuno perfecto para empezar el día. Suena la Radio Pudahuel y los gritos de su madre apurándolo, porque ya viene el furgón a buscarlo para ir al colegio. Es un gran trayecto hasta allá, así que no puede tardarse demasiado. Un beso cariñoso de la mamá, otro de la hermana y que no olvide la colación, porque en el kiosco todo es muy caro. Otro día en el colegio nuevo. Otro día más deseando no salir de su hogar.

El Pedrito, como le dicen sus amigos del barrio, es bueno, solidario, risueño y muy talentoso, pero, en medio de todos esos niños albinos, él parece ser el problema. Eso piensan algunas apoderadas del Centro de Padres del Colegio San Agustín, que no están de acuerdo con que le estén regalando becas a cualquier chiquillo de "allá abajo". No por nada Santiago es una ciudad tan segmentada. Si esos límites sociales y urbanos existen, será por algo. Por eso mismo, ellas no dudan al decirles a sus hijos que no se acerquen mucho al compañero nuevo, porque podría hasta tener piojos. Más encima es afeminado, y eso sí que es un problema. Nadie querría un hijo maricón en la familia.

Se nota que el Pedrito es de otra parte. Incluso, al ver a todos los estudiantes dentro de la moderna sala de clases, el Pedrito parece sacado de otro planeta: su sweater no es el mismo que llevan sus compañeros, ellos usan uno que confecciona una diseñadora en el Mall Apumanque con lana de alto grado traída desde Punta Arenas. El suyo es opaco, el mismo que usaba en la escuela anterior, pero al que su madre le cosió la insignia del colegio hace unas semanas. Además, entre los zapatos viejos, la mochila corroída y el pelo oscuro, no hay forma de no notar que él no pertenece a ese lugar.

Fue en ese momento en el que su camino comenzó a desviarse. Bromas que empezaron a hacerle sin malas intenciones, pero que terminaron transformadas en verdaderas sesiones de tortura. Una tarde entera encerrado en el baño. Le dijeron que se lo merecía, por pobre y mariposón. Ese mismo día lo golpearon entre tres. Al final, Pedrito volvió a su antigua escuela luego de dos años. El tiempo suficiente para que un árbol crezca torcido.

Despertar. No hay noción aún sobre el tiempo y el espacio. Un lugar que podría ser la habitación de cualquiera. Quizás logró convencer al chico de la productora para que durmieran juntos, y justo ahora está en la cocina preparando un desayuno ligero para ambos. O tal vez su acompañante, que lo rescató y mimó luego de una noche de tantos sobresaltos y estrés para luego llevarlo a casa, está durmiendo justo a su lado. No, ninguna de las posibilidades anteriores puede ser real. Esta oscura habitación con olor a incienso barato es la suya, la de toda su vida, aún con los corchetes adheridos a las paredes, los mismos que sostuvieron alguna vez esas fotografías de artistas famosos que venían en la revista TVGrama y únicos vestigios de su niñez. 

Se pone de pie intentando recordar qué sucedió anoche y por qué un dolor tan agudo azota su cabeza. Tampoco sabe muy bien cómo acabó todo luego de la fiesta, pero prefiere no hacer memoria y así evitar la angustia y el arrepentimiento. Atraviesa el pasillo para ir al living apenas pudiendo abrir los ojos. Entonces, al llegar al umbral que divide la casa del resto de las habitaciones, se encuentra con su madre y su hermana sentadas tejiendo manteles a crochet. Ríen juntas y bromean sin dejar de mirar el detallado trabajo que están elaborando. La imagen lo enternece y lo invaden unas enormes ganas de llorar. Al notar su presencia, las dos lo saludan con cariño y lo invitan a sentarse, le ofrecen desayuno, que si quiere leche con chocolate o unos huevitos revueltos para llenar el estómago. Sin decir nada, se sienta junto a ellas intentando descifrar qué es eso que siente (y piensa).

Finalmente lo comprende: fue el destino el causante de todos los malos ratos, de los traumas, las golpizas y de todas aquellas pretensiones obsesivas que lo hicieron ser quien es. ¿Qué culpa tienen esas mujeres de no haber podido darle ese mundo inaccesible? Sabe que su madre siempre quiso lo mejor para él, y fue por eso que tomó decisiones apresuradas, pensando en un mejor futuro para todos. Más que una razón para sentir vergüenza, ella es un ejemplo de superación y sacrificio, y la ama como nunca amó a nadie. Sólo por ella siente verdadero amor.

¿Tomémonos una foto? Ya, ponte aquí y tú, rápido,  allá. Yo voy al medio y ustedes me tienen que abrazar, así me veo más como el hombre de la casa. ¿Por qué te ríes, pesada? Pero arréglate ese pelo antes de que tome la foto, porque o sino no la subo si sales con esa pinta de recién levantada. Tú igual, eleva el cuello, esa es la técnica para que no se vea la doble pera. La cámara la pongo desde arriba y así nos vemos más estilizados. Mamá, así no, porque te ves rara y se nota el rollo. Ya, yo les voy a decir cuándo. A la cuenta de tres. Pero sonrían un poco pues. Ya, uno, dos, ¡tres!

Vuelve a su lugar mientras ellas siguen conversando. Mira la fotografía y la edita en una de esas  modernas aplicaciones de smartphone. Filtros de colores, menos sombras, más contrastes e iluminación en sus caras. Ahora a Instagram, en donde todos la podrán ver. Vuelve a mirar la foto. Está casi en línea. Cancelar. Apaga su teléfono. Es hora de almorzar.-





Tuesday, March 18, 2014

fe

Buscamos una segunda oportunidad por miedo. Ese miedo permanente a lo desconocido, a empezar de nuevo, a dejar de creer en uno mismo. Sin embargo, cuando descubres que esa nueva chance de intentarlo no da resultado, puedes rendirte con la certeza de haberlo hecho con el corazón, lejos del peor arrepentimiento de todos: el de no haberlo probado suerte una vez más. Entonces los días se iluminan y la vida retoma el rumbo de la normalidad y del bienestar cotidiano. La confortable sensación de volver a mirar la vida en colores y sentir la sangre tibia correr a través de las venas se convierten en una nueva manera de existir. Descubrir las aristas de la independencia, las distintas formas del amor propio y el verdadero significado de la individualidad. De pronto el alma regresa a su lugar y la mente se pacifica. 

Hay raíces que rozan la profundidad del sentir, como hebras irrompibles que nos atan a todo aquello que inconscientemente no queremos olvidar. Pero cuando la luz ilumina la superficie, podemos caminar con la apacible certeza de que un futuro renovará cada fibra de la propia realidad.-

Wednesday, October 02, 2013

Polilla City

Esos audífonos grandes generando una aparente calma mental y emocional. Caminar a paso lento; uno, dos, tres. Recuerdos que vuelven a ratos. Las luces, la gente, los autos a gran velocidad. Todo un entorno que se convierte en sedante. Una ciudad habitada por olvidados y por los que olvidan. Dos caras de una misma moneda avanzando y cruzándose sin siquiera mirarse. Así funciona el mundo, eso es todo. No hay nada que decir, porque quizás ya está todo dicho. Pero siempre hay quienes no alcanzaron a decir algo, siempre ellos caminando en un sentido contrario, los mismos que no dejan de circular por la misma cuadra una y otra vez movidos por el imán del arrepentimiento. Ellos, los del corazón volteado que pululan sonámbulos en busca de una segunda oportunidad. Y así se pasan la vida, mirando hacia adelante, con el mentón levantado con cierta altanería para no mostrar el pedacito de alma que les va quedando. Sí, quizás aún queda una posibilidad, piensan ingenuos. La culpa es de la esperanzadora luz de la ciudad, causante de lo más dolorosos espejismos de la mal llamada juventud.-

Tuesday, August 06, 2013

Solíamos

Fobia a otra piel, a otros besos, a cualquier otro que no agite mi corazón como lo hacías tú-

Tuesday, July 30, 2013

Patria nueva

Soy un hombre de pie. Soy el mismo hombre que hace unos años estuvo tan cerca de emprender el vuelo más alto y vertiginoso de su vida, pero que cayó estrepitosamente por cuestiones del destino. Soy ahora un hombre capaz de enfrentar a sus fantasmas y de volver a creer en sí mismo. Soy el mismo de antes, con las mismas ideas y sueños pendientes a un paso de cumplirse.


Descubrí que soy el mismo hombre convencido de estar en un lugar que no le corresponde. Y doy firmado en este instante que no me detendré hasta encontrar mi lugar en el mundo, aunque tuviese que construir uno  en el cual pueda sentirme pleno y feliz.-

Thursday, July 25, 2013

Pueblito

Fue un verano bien caluroso. Hubo muchas de esas tardes con nubes de polvo elevándose por los aires, pegándose en nuestros cuerpos jóvenes, casi adolescentes. Y andábamos así, sucios y transpirados, recorriendo las calles de esa pequeña comunidad nortina con olor a mar. Éramos tú y yo cuerpos hermosos, aletargados por las altas temperaturas y el buen sexo propio de una relación que recién comienza. Los dos caminando, capturando la atención de las mujeres en el centro, sin que supieran lo bien que nos la pasábamos en las camas de cada una de las hostales por las que pasamos. Lejos de casa, una pareja de enamorados que no lucía como tal, que se ocultaba en la masculinidad de sus facciones, barbas y ademanes. Contigo me sentía caminando junto al mejor amigo, ese compadre con el que un buen macho se toma sus chelas en un antro de mal morir mientras comentan sobre las ricas tetas de la mesera, que igual debe ser harto puta. Estoy seguro de que esa imagen errónea proyectábamos: una imagen opuesta a la fotografía que configurábamos cuando se terminaba el carrete y el alcohol corría furioso a través de nuestras venas, llevándonos a fundir nuestros cuerpos, a ser uno solo.

Así fue cada día de ese febrero, que sigue vivo en mis recuerdos / Días de complicidad, de despertar antes del mediodía y salir a las calles a ver si conseguíamos algunas monedas extra para comprar cigarrillos y cerveza / Una complicidad eterna en nuestras miradas / Tu expresión de deseo que podía percibir desde una esquina a otra mientras pedíamos limosna a los transeúntes / El sol quemando las cabezas y tus piernas doradas moviéndose con habilidad al atravesar las calles en medio de tu espectáculo teatral / Disfruté cada momento viéndote sentado desde las veredas,  orgulloso de tus grandes habilidades artísticas, deseando en secreto la pronta llegada de la noche para tenerte en alguna cama otra vez y sólo para mí / Horas observándote para concluir nuevamente que mi amor por ti era ilimitado / Los minutos pasaban rápido / Los minutos / Los minutos eran música / Esa música que recolecté para nosotros pensando en cómo sonaríamos si ambos fuéramos melodías.

Playa, largas tardes de juegos en el mar y toqueteos descarados bajos las claras aguas que nos rodeaban. Creamos un lenguaje único con la espuma del mar y los besos con sabor a sal que te daba cada tarde. Ambos manejábamos esos códigos secretos y esculpíamos en el líquido efímeros mensajes sobre nuestras vidas. Una rutina inconscientemente obligatoria que continuaba con tu mano agarrando fuerte la mía y ellos mirándonos desde la playa, burlones y jocosos y yo sin miedo y tú reías y me besabas de nuevo mientras intentaba sacudir la pequeña toalla que compartimos cada día. Olor a protector solar mezclado con el tuyo a tabaco y cerveza caliente. El sol se posaba sobre el océano y nos mirábamos por debajo de nuestros brazos, tumbados en la arena, a veces excitados, a veces tiernos, a veces todo y a veces nada. Y justo en ese momento cuando el último rayito de sol iniciaba su melancólica despedida, me mirabas directo a los ojos y decías que me amabas como nunca lo habías hecho, que yo era todo para ti, que te quedarías toda la vida así, viviendo de esa rutina alimentada por el amor y la pasión. Sellabas la sentencia con un largo beso y luego tocabas muchas horas tu guitarra, desconectándote por completo del mundo. 

Silencio. Sólo el mar. La Guitarra y mi canción. Tu canción. ¿Y si nos quedamos así para siempre? Mirabas el horizonte y tocabas esa canción una y otra vez. Te amo, te dije. Y estabas lejos otra vez, pero no me importaba. Quiero esto para mí, tú eres para mí, tú eres mío. Temo que se acabé, pensé, pensaba. Todo acaba y ojalá no tuviera que ser así con esto. Ojalá se repitiera para siempre el mismo día, el mismo aroma, la misma arena suspendida en el aire, los mismos cuerpos cómplices. Nada me interesa más que este momento.

Un día desperté en una cama que sí conocía y sin nadie a mi lado. En ese momento comprendí lo duro que a veces es el amor.-

Monday, June 24, 2013

Monocromático

Te imagino en un día gris, caminando por agrietadas calles grises y sin pensar bien en lo gris que está el día. Abro los ojos y no estás ni siquiera en el azúcar de mi café.

Tejido

Todos los días salía temprano por la mañana y ella ya estaba sentada, siempre con su pelo blanco muy ordenado, tejiendo alguna nueva prenda que nadie nunca utilizaría. Por la noche, al regresar, ella seguía ahí, lejos de la gran ciudad, concentrada en su labor de tejer y tejer, como si siempre estuviera buscando algún trocito de su alma extraviada en medio de toda esa lana.

Espejo de agua

                            Cada mañana de sábado despertábamos temprano para subir el cerro San Cristóbal. A veces nos tomábamos de la mano durante el ascenso sin decir nada. Es que no había una explicación lógica; el reflejo de la ciudad sobre los árboles nos alborotaba inevitablemente.


Thursday, March 14, 2013

Himno natural

suena la música, suena tanto, suena esa canción que me gusta y que al parecer también a ti. en secreto pienso que es nuestro himno, la melodía que nos identifica y que mejor calza con nuestra pequeña historia. la ciudad corre a través de nuestras venas, las luces nos persiguen, te persigo, te persigo, te persigo. me miras con naturalidad, como si me conocieras de toda la vida. y sí, de cierta es así, aunque nos hayamos visto por primera vez hace unos meses, porque entraste irremediablemente en el furioso cause de mi corazón. hablamos de todo un poco, bebes de tu copa, a ratos me hablas de política, de  tu familia, de esos hermosos bototos que viste alguna vez en una ostentosa vitrina del centro. me muero por invitarte justo ahora al restorant de la esquina en donde preparan el mejor capuccino que he probado, pero  no me atrevo a interrumpirte. esa pasión con la que hablas, cada gesto, tu pelo moviéndose al compás de tus palabras. estoy hipnotizado. ¿y si te beso en este momento? me aterra el rechazo (y también me aterra no poder probar tus labios). me imagino junto a ti caminando por las avenidas, presentándote a mis amistades, diciéndole al mundo "sí, él es de quien tanto les hablé". tú y yo juntos nos vemos bien. mírenlos, miren, si se ven súper lindos juntos, él es para ti. sí, pienso lo mismo, estamos hechos el uno para el otro. aquí no hay cabida para el sufrimiento ni para el drama. nuestras personalidades encajan. somos las piezas de un puzzle que se ensambla a la perfección. en serio me gustas mucho. me tomas de la mano y me sacas de este bar. caminamos rápido en medio de la primera noche de otoño. quieres bailar y ni siquiera me preguntas si quiero, pero no me importa: si tú quieres, yo también quiero. ¿quién iba a decirlo? me haces ser tan dócil. estamos aquí dentro bailando algún tonto hit de los noventa. cierras los ojos y vibras con la música. más luces esta noche. eres de colores: de azul a rojo, de rojo a blanco, de blanco a algún color que desconozco, que mezclado con el tono de tu piel crea una nueva gama cromática. de pronto te descubro mirándome. te ríes. me río, pero de nervios. debo verme tan estúpido. eres aún más bello bajo estas luces. pensamientos cursis que me hacen sentir avergonzado de mi mismo. anhelando un beso, una caricia, un "me encantas". y aunque no nos hayamos besado aún, sé que somos uno, lo siento en mi piel y en la tuya. la osadía de tus movimientos te delata. me siento seguro aquí contigo. sé que estás conmigo justo ahora. me besas y me tocas en una realidad paralela a la que nadie más puede ingresar. diminuto universo íntimo de dos desconocidos a un paso de conocerse por completo. una bomba de tiempo suspendida en el aire. somos los dos en un tiempo irreal, pero absolutamente palpable y cierto en el espacio que -sin saberlo- hemos construido juntos.-

Wednesday, March 06, 2013

Pare de sufrir

Ya, ya, ya, cortémosla con la tontera del sufrimiento. Hoy amanecí definitivamente mejor, lleno de energía y riéndome solo. La rutina matinal de ejercicio físico, las salidas diarias en bici e incluso una breve sesión de yoga me hicieron de maravilla. Por otra parte, el cerrar mi Facebook fue la mejor idea que se me pudo ocurrir. Ya no ocupo mi tiempo viendo las vidas de los demás (de hecho, no sé por qué me interesaban). Ahora tengo una especie de romance con Woody Allen, Bret Easton Ellis y Mia Farrow (y con todos al mismo tiempo). Sí, soy de una naturaleza tan infiel que hasta me doy el lujo de cagarme a todos esos huevones. El punto es que en este momento el optimismo me desborda y tengo ganas de hacer mil cosas, entre las que no se encuentran: 1) Ponerme a ver viejas fotos que pudieran gatillarme una profunda crisis de angustia y anhelos de victimización. 2) Controlar mi ansiedad comiendo como marabunta y terminar convertido en un cachalote asqueroso sin autoestima y con un IMC que bordee los cuarenta. 3) Carretear (y mucho menos carretear con gente desconocida con la que me sienta obligado a beber rápidamente mi copa de champaña barata para sentirme a gusto con tan ajena compañía y que me produzca insoportables delirios de persecución). Este último punto hace referencia a mi nueva condición mental de autismo selectivo: "no te relaciones de ninguna forma con personas poco relevantes en tu vida o que puedan ser potenciales ladrones energéticos, aunque éstos signifiquen una promesa de amistad-aporte en un futuro remoto". Igual es importante decir que la vida de claustro no es tan mala, a pesar de que a ratos sean algo deprimentes el hecho de no ver a otros muy seguido o los rituales onanistas propios de un veinteañero con mucho tiempo libre /la  autocomplacencia no ha venido acompañada de procrastinación u ocio innecesario/. Hay que decirlo: he construido una hermosa y plácida burbuja de cristal en la que me mantendré hasta que todo allá afuera (y aquí adentro-dentro) esté menos efervescente. Me conozco bien, y sé que confundir el adormecimiento con superación podría traerme terribles consecuencias. No quiero descubrirme un día haciendo llamadas telefónicas cargadas de dramatismo y teatralidad. Tampoco quiero que crean que estoy mal...a nadie le gusta que los demás piensen eso, nadie quiere ser la víctima o el del corazón roto. Y sí, yo tengo el corazón hecho trizas, lo reconozco, pero estoy parchándolo de a poco. Mientras tanto lleno mi cabeza de ideas eclécticas que en algún momento me servirán para trazar mi nuevo mapa mental y mi -hasta ahora- extraviado proyecto de vida.- 

Saturday, March 02, 2013

Supéralo

Anoche, cuando me encontré contigo frente a frente en la calle, mi corazón se paralizó y no supe decir más que un par de palabras aparentemente inconexas. Luego de esa pequeña escena patética y del torpe beso en la mejilla que te di, supe de inmediato que nadie nunca podrá igualarte. Yo aún te amo.-

Monday, January 28, 2013

Efecto C


¿Qué tienes tú que no tenga él? Esa sensibilidad disfrazada de indiferencia que te hace apreciar en secreto hasta la más mínima expresión humana. La capacidad de hacerme sentir como el loco más loco, pero a la vez como el más amado y enamorado en todo el planeta tierra. El hábito de besarme siempre antes de dormir y luego sólo apoyar la cabeza sobre la almohada y cerrar los ojos, casi como si yo no estuviera a tu lado; en otras palabras, la exquisita impredictibilidad e indiferencia en cada uno de tus actos. Esa personalidad indómita que se sumerge en las aguas más cálidas de la osadía adolescente. El pequeño abismo existente en los discursos que intentas tildar de consecuentes y que sólo yo puedo descubrir en su absoluta verdad.  Tus ojos tristes que con una sola mirada hacen de mí un ser afortunado. Tus cigarros de medianoche acompañados siempre de grisáceas melodías de Radiohead. Las largas horas de composición musical: tú sobre el piano endulzando nuestras tardes y esa maravillosa expresión de ausencia y desconexión total de la realidad. Tus manos tocando mi cuerpo, haciéndolo infinito, etéreo y completamente tuyo. La niebla desapareciendo con tus abrazos huracanados. Me tienes a mí en la profunda intimidad de nuestro pequeño mundo construido a partir de la más enternecedora cotidianeidad. El poder hacer de la noche un nuevo lenguaje en el que tú y yo somos las palabras.

Tú todo lo tienes.-

Parrafito


Son más de las tres de la mañana y hace poco menos de una hora me tomé media pastilla para dormir; es que poder conciliar el sueño en estos tiempos es súper difícil. Lo que acabo de escribir suena como de vieja culiá. Y lo que acabo de escribir ahora es sumamente grosero y debo dejar de ser grosero. La cuestión en todo caso no es escribir sobre divagaciones absurdas de un tontón sin mucho que hacer en vacaciones, sino que es dejar un registro sobre lo que estoy sintiendo justo ahora. Pasa que soy un imbécil dependiente emocional y no dejó de pensar en la misma persona de siempre, el mismo de toda la vida. Todo se terminó hace un buen rato ya y ando como huevón pensando en él cada minuto de mi existencia. A veces pasa una semana sin tener contacto alguno y de pronto me descubro con el celular en mano, con su número telefónico en pantalla y con el pulgar a un milímetro de presionar el “Ok”. El problema es que sí, me descubro haciendo eso y –aún así- presiono el puto botón y lo estoy llamando sin saber siquiera qué mierda decirle. Entonces contesta con su eterno timbre de voz de “este mundo es tan aburrido” y sus palabras precisas y cortantes que desde un comienzo me enamoraron. Me dan ganas de llorar o de cortar el teléfono. Finalmente me decido por ninguna de las anteriores y comienzo a estirar la conversación queriendo en vano volver a sentirlo mío. Ese es el momento más patético de mi día, cuando quiero recuperarlo sabiendo que hace rato ya nada funciona.  Lo peor es que recién me dieron unas ganas tremendas de escribir “Te necesito” aquí, albergando la esperanza de que en una de sus tardes libres llegue a este rincón, lo lea y venga a mí a besarme cuatrocientas mil veces. ¿Qué onda? Tengo 23 años y dependo de ti horriblemente. 

Thursday, September 20, 2012

insomnio

no sé cómo amar bien. quiero dar lo mejor de mí esta vez, pero no me resulta. mientras tanto espero que algo cambie dentro de mí y que de pronto todo se convierta en un cuento de hadas. es una espera llena de pasividad, en la que suelo estar acompañado por antiguas películas de la jane fonda y trozos de pastel cortados con tanta hipocresía que en serio me creo el cuento de que empezó la dieta.

lo ideal sería que llegaras mirándome con desdén, me tomaras del cuello de la camisa y me zamarrearas sin parar, al mismo tiempo en que me dices que soy una mierda, la peor mierda que ha existido en tu vida. pero no po', porque tú llegas, pero con una carita de comprensión y de amor ilimitado, la misma de siempre. y no me zamarreas, porque te gusta abrazarme para luego dormir toda la noche sin despegarnos. entonces de nuevo entro en un estado de pasividad en el que simplemente no me doy cuenta de nada.

después, en la madrugada, despierto tarareando esa canción de radiohead que suena cada mañana cuando tu mamá te llama para preguntarte por qué cresta no has llegado a la casa aún y caigo en cuenta de que tu persona abarca cada espacio de mi ser, como si fuéramos uno solo. ya menos somnoliento, descubro en la imagen de ti acurrucado entre las sábanas que sigo enamorado.

me siento confuso y no dejo de pensar en lo necesario que se ha vuelto para mí el que alguna persona de buenos sentimientos escribiese un manual sobre cómo amar correctamente.-


Saturday, August 06, 2011

“¿Quién hubiera sabido que un chico como él entraría suavemente en mí devolviéndome la dicha?

¿Quién hubiera sabido que un chico como él, después de haber visto mi corazón, se quedaría y no se iría?

¿Quién hubiera sabido de esta belleza tan inmensa?

¿Quién hubiera sabido de este santo trance?

¿Quién hubiera sabido de este aliento milagroso para inhalar una barba que nació de la valentía?

¿Quién hubiera sabido que un chico como él, lleno de mágica sensibilidad, se acercaría a una chica como yo, que acaricia y mece su cabeza en el busto?

Él se desliza en mi interior, medio despierto, medio dormido.

Nos rendimos nuevamente al reino de lo sueños.

Cuando despierto por segunda vez en sus brazos, ¡qué precioso!... él aún está en mí.

¿Quién hubiera sabido?

Un tren de perlas, cabina por cabina, es lanzado directamente a través de un océano, desde la boca de una chica como yo para un chico.”

Capullo, Björk.-

Tuesday, June 14, 2011

madrugadas decisivas

¿Cómo saber si se ha tomado la decisión correcta? Difícil. Podría estar cometiendo el peor error de mi vida con una sonrisa estúpida en la cara. Estar cagándolas tanto como para ser incapaz de asumir las consecuencias de una mala decisión posteriormente. Pero también está la posibilidad de tomar una decisión tan buena que mejore mi vida para siempre y no haga más que traerme cosas buenas. No se trata tanto de razonamiento ni lógica... tal vez sólo de suerte, probabilidad o destino.

El director y los productores de "Titanic II" quizás de verdad pensaban que era una buena idea llevar esa historia a la pantalla grande. Es probable que tuvieran fe en su decisión, en que esa era la correcta. Claro, fue una mala decisión, pero al menos fueron capaces de confiar en ellos mismos. Parece que confío un poco en mí entonces.-

Thursday, May 26, 2011

C

hoy día hay sol, hay ganas de empezar de cero, de poder mirarte a los ojos y decirte con total sinceridad que podemos seguir juntos, que nuestro amor sigue intacto y que este tiempo sólo lo tomé para corroborar cuánto te necesito cada segundo de mi vida.

Wednesday, March 02, 2011

Boat Club

Me gusta recordar los dìas de invierno que pasè junto a èl. Escuchàbamos de ese dream pop bien playero y te juro que me daban ganas de tomar margarita. No sè bien què onda el tipo de relaciòn que llevàbamos, pero me gustaba que estuviera en mi vida. Ni siquiera tenìamos claro cuàl era nuestra volada; sòlo nos juntàbamos, nos comìamos, a veces follàbamos y luego pasàbamos las tardes frìas acostados sin tocarnos, escuchando esas canciones de onda caribeña que me hacìan disfrutar tanto las bajas temperaturas. De repente como que querìa prender la tele y yo le pedìa que por favor no, que nos quedàramos tal como estàbamos. No hablàbamos mucho, pero asì era mejor. Nada era forzado: si se daba la plàtica, la raja y si no, bien tambièn. A veces me contaba sobre su mamà. Me daba la impresiòn de que ella era bien importante en su vida, pero yo ni ahì con preguntarle màs sobre eso. Èl no me preguntaba nada sobre mi vida, sòlo sobre la comida que habìa en el refrigerador y la hora en la que ìbamos a tomar once. Para serte sincero, la comunicaciòn no era lo nuestro. Èramos dos seres que coexistìamos, pero que no tenìamos nada en comùn màs que las canciones que tanto escuchamos en esas vacaciones de invierno. Despuès de como dos semanas que estuvo quedàndose en la ciudad, volviò a su pueblo natal. Nada de intercambiar nùmeros de telèfono o emails. No supe màs de èl, pero estoy seguro que de vez en cuando, cuando tararea esas melodìas invernales, se acuerda de mì.-

Friday, December 03, 2010

Nazaret


Lo acompañé, porque estaba seguro de que sería el momento perfecto para decirle cuánto lo amaba. Me dijo que iba a ser una noche entretenida, de esas de reventón. Le creí. También le creí que no me dejaría solo en ningún momento. Pensé en el soundtrack ideal para hacer de esas horas las más increíbles de toda mi vida. No lo escuchamos nunca, pero no dejó de sonar dentro en mi cabeza. Nadie dijo nada en el trayecto, porque no había nada que decir. Nos bajamos de su auto y prendimos un pito de marihuana. Miré las estrellas y lo único que deseé en ese instante fue poder besarlo mil horas. Nos drogamos y reímos juntos. Mi risa fue casi como un acto reflejo, pero la verdad es que nada me producía gracia. No, en realidad me producían gracia sus labios inquietos y su charla sobre el arte de Dalí. Me reí, porque su bigote era idéntico al que usaba ese pintor. Caminamos juntos, pero separados por cientos de kilómetros. Entramos a la casa abandonada y el terror se apoderó de mí. La gente estaba ahí parada, riendo, fumando, bebiendo y conversando sobre asuntos que no me interesaban en absoluto. Quise tomarlo de la mano y decirle que nos fuéramos, pero él ya estaba muy lejos bebiendo una lata de cerveza en una barra mal montada junto a un gran Cristo de yeso. Lo miré desde mi rincón, a un costado del hermoso árbol de navidad hecho con tubos de neón. Cuatro tipos vestidos de negro bailaban horrendas canciones de Grace Jones. Una mujer envuelta en latex me sirvió vino tinto en una copa para martini. Vino tinto, mucho vino tinto. Pensé mil cosas que olvidaba de inmediato. Las luces se reflejaban sobre él, que no dejaba de hablar con un hombre vestido de payaso. Me paré con mi copa y robé una botella que estaba oculta en una esquina. Caminé por un pasillo interminable, oscuro. El olor a humedad me produjo asco. Sentí como si caminara sobre nubes. Dos mujeres se besaban mientras un tipo de unos cincuenta años les tocaba las tetas. Apoyado sobre la pared pintada de negro cerré los ojos. Mi soundtrack seguía sonando, aunque esas nunca fueran las horas más incríbles de mi vida. Las dos mujeres gemían. Mis manos estaban sucias, las sentía sucias. Limpié mis manos con unos kleenex que guardaba en mi bolsillo. De pronto él apareció a mi lado y me besó en la mejilla. Me tomó por la cintura y me llevó a una habitación desocupada. Me besaba sin parar, pero todo lo que hacía me parecía completamente insustancial. Insustancial era mi cerebro también. Tarareó una canción de Prodigy y se cagó de la risa. La tararéamos juntos mientras nos fumábamos un cigarro a medias. Dijo que me amaba, pero no de la manera en que yo lo amaba a él. Corazón indómito, pensé. El mío en cambio es un corazón vacío, es un corazón acribillado por su actuar, por su indiferencia, por su mirada que nunca se cruzaba con la mía. Le grité que por favor se fuera, que no quería volver a verlo nunca más en toda mi vida. Se fue sin decir nada y me sumergí en los pensamientos más lúgubres que jamás habían estado en mi cabeza y pensé en las tontas canciones que escuché cada mañana mientras lo miraba sobre su cama tocando guitarra con los pies descalzos y las películas que me recomendó y lloré casi una hora mientras dos adolescentes drogados me preguntaban qué me pasaba y les dije que odiaba ese lugar y que los odiaba a ellos también y se fueron y quise regresar a casa y dormir mil horas sin saber nada de lo que pasaba afuera y vomité y también vomité mi sweater de rombos cuando caí al piso frío y manchado con vino tinto.


Me quedé dormido en el suelo, con el corazón hecho trizas por la traición y la frente destrozada por la copa rota sobre la que caí. Recordé a Cristo en la entrada. Yo también era como él.-

Thursday, December 02, 2010

Dedos pal' piano


Ayer fue uno de esos días en los que lo único quieres es que todos se vayan un ratito a la mierda y te dejen de huevear y de darte malas noticias. Tenía que mandar un reportaje corto por mail a mi profesora antes de las doce de la noche del lunes, pero como soy un irresponsable, no alcancé a hacerlo a tiempo y lo mandé el martes. Ayer en clases me dijo mirándome con sus ojos azules “me duele en el alma ponerte el uno, porque eres de los aplicados”. Le respondí con una mirada de entre ternura y lamento y ella simplemente no me dijo nada. El uno iba seguro, así que la carita la hice en vano.


Unas horas antes, un profesor me estaba entregando un tres mientras se reía en mi cara, porque no había ido a la clase en que se dieron las intrucciones para hacer el trabajo. Estaban pisoteando mi moral frente a mis narices y yo seguía poniendo carita de pena. Llegué a la casa devastado e intenté pasar mi pena comiéndome tres panes y dos barritas de chocolate. Me vi engullendo desesperado y deseé que alguien estuviera frente a mí para que hiciera una arcada y me dijera que era un gordo patético, pero como no había nadie que hiciera eso por mí, seguí comiendo.


En la noche lloré un rato y al mismo tiempo me maldije por haberme venido a Santiago, por haber elegido estudiar Periodismo y por ser un porrito de lo peor. Me costó dos horas quedarme dormido y mi sueño duró sólo seis horas. Oye, pero no crean que mi historia es un melodrama, porque nada que ver. Hoy desperté mejor y lo primero que hice fue encender el computador para revisar la Pauta UPI, ese papelito que reciben los medios de comunicación para cachar dónde está la noticia. Y había un evento en el Palacio de La Moneda, una premiación que realizaba CONACE a la gente que más prevenía que los drogadictos siguieran metidos en las drogas. Ése evento me tincó.


Me duché rápido y partí al asunto, consciente de que meses antes (y un par de veces) ya había ido a huevear al hall de La Moneda sin lograr que me dejaran entrar a reportear. Al fin y al cabo, sólo soy un estudiante de Periodismo mal afeitado que anda mostrando su humilde credencial de prensa impresa en un papel barato y con una fotografía pegada en la que parece integrante de Illapu, ¿por qué me iban a dejar pasar?


Me hicieron esperar un rato. La recepcionista hacía llamadas a todas las oficinas del lugar, porque no tenía idea de quién estaba realmente a cargo de la ceremonia de la institución para los drogos (ya pues, déjeme pasar, gordis y te juro que te digo que el rubio te queda la raja, aunque te veas como las reverendas hueas). Me pidió mi cédula y me dejó pasar. Yo le sonreí agradecido y no le dije nada de lo que se me había ocurrido. Nunca tan patero.


Ahí estaba, en medio de La Moneda, ese lugar que siempre veía cuando pasaba por afuera, en la micro (que ni siquiera sabía donde tomar y a la que muchas veces me subí pensando que iba a un lugar al que, en realidad, no iba). “La ceremonia tendrá lugar en el Patio de las Camelias” me dijo un paco y lo único que pensé en ese momento fue en lo cursi que eso sonaba y en lo muy de viejamenopáusica que me resultaba. Me quedé parado como un imbécil esperando a que dejaran pasar a la prensa al mini patio donde iba a ser el famoso evento. Un cuarteto de huevones del Canal 13 hablában de mujeres ricas y tiraban tallas típicas de un happy hour de oficinistas.


Me acerqué a una gorda con polerón de estrellas a preguntarle sobre la ceremonia y, mirándome con una cara de mierda, me respondió que no sabía. Ella también tenía credencial de “prensa invitada”, así que estábamos en igualdad de condiciones. La gorda estrellada era bien mala onda como para no ayudarme en una de mis primeras salidas solo a reportear un evento cuático. Me senté un rato a esperar que nos dejaran pasar, comiéndome las uñas como estúpido y anhelando tener un cigarro para pasar la ansiedad.


Caché que la gorda estrellada se paró para entrar y la seguí (pero de lejos, porque temía por mi integridad física). Otro paco me pidió la credencial y, por fin, logré llegar al lugar de los hechos. Había un mix de gente: políticos, alcaldes, viejas culias, periodistas de universidad privada, gente de la Teletón (?), entre otros. Me extrañó no ver a ningún drogadicto metido entre medio, ojeroso y angustiado por conseguir algo de pasta base; le hubiera dado más dramatismo al asunto. Prendí la grabadora de mi sencillo celular, mientras los rubiecitos que me rodeaban sacaban su blackberries. Ya era hora de trabajar.


Terminado el evento, caché que una de las periodistas rubias se acercó a hacerle unas preguntas a la Alcaldesa de Recoleta, una señora alta, vestida media hippie e igual bien regia. Imité a la blondie; saqué mi celular y me puse a grabar mientras pensaba en qué preguntas hacerle. La periodista le hacía miles y yo aún no participaba en el diálogo. Entonces me metí entre medio y empecé a preguntar hartas cosas bien atinadas. Después de todo, no estaba tan mal al parecer.


Salí de La Moneda con una sonrisa. La mañana de hoy me arregló el caracho. Quizás esté semestre no ha sido el mejor en lo que respecta a desempeño académico, pero me di cuenta de que si “tengo dedos pal' piano”. No la cagué al meterme a estudiar Periodismo, yo cacho.-




Wednesday, July 15, 2009

fragmento/

Destinos / Desatinos

Comíamos papas fritas en un local de lo peor, con olor a aceite quemado y grasa pegada en una pequeña vitrina quebrada. Mientras la Andre me hablaba, yo intentaba concentrarme en su crónica sobre su noche en una disco en la que la gente jalaba hasta la sal que había encima de los mesones, pero se me hacía imposible con el irritante sonido de las papas friéndose en las sartenes insalubres. En medio de su bla blá, no pude evitar ponerme a mirar el techo y las particulares figuras que se habían formado en él con el vapor grasoso que emanaba de la cocina a gas. Pude distinguir caballos y sirenas un tanto difusas. Cuando volví la vista a mi amiga, ella se marchaba indignada por el poco interés que había mostrado en su historia que ya me sabía de memoria. Corrí a buscarla, temiendo que decidiera marcharse sola a su hogar con esa mini falda, que más bien parecía cinturón, y su minúscula polera denominada por ella "súper chic", pero que para mi gusto resultaba un tanto estrafalaria. Era tarde: Andrea se subía a un taxi a las cuatro de la madrugada y yo casi lloraba imaginándome a mi Andre siendo violada en la parte trasera de un vehículo por un conductor con aliento a cereveza barata y con un diente de oro. Tomé aire y por un instante eliminé de mi mente todo tipo de situaciones creepy. Una imaginación como la mía podía desencadenarme una crisis de pánico o un frustrado intento de robar un auto a alguien para rescatar a Andrea. Prendí un cigarro y bajé la avenida para regresar a casa. Mi billetera de ren&stimpy se había quedado en la cartera de mi impulsiva amiga, por lo que tomar un taxi no estaba dentro de mis posibilidades. Caminé raudo, escuchando una canción de Pearl Jam que días atrás Carlos había puesto en mi pendrive, luego de vaciarlo, esperanzado en que pudiera gustarme ese grupo lo antes posible y así acompañarlo al concierto que darían semanas después. Fue en eso cuando, al ver por el rabillo de mi ojo, noté que alguien me seguía. Mis piernas comenzaron a caminar más rápido y mi mente sólo pensaba en lo que pasaría en unos segundos más: quien fuera que me seguía, robaría mi chaqueta de cuero que había comprado con mis ahorros de tres meses y luego me apuñalaría por haberme resistido al robo, dejándome con severas heridas cortopunzantes que me tendrían en el hospital por tres semanas, con ayuda psicológica por el terrible trauma producido y viendo programas de ayuda a la comunidad en un televisor de catorce pulgadas, deprimiéndome en un pabellón común sin cortinas separadoras. Mientras imaginaba el triste final de mi noche de juerga, quien me seguía tocó mi espalda con un dedo. Me volteé y estaba ahí un hombre alto y delgado, de unos veinticinco años, usando un holgado polerón negro con una fotografía de Janis Joplin estampada. Su largo pelo, de indistinguible color por la oscuridad de la calle a esas horas, cubría uno de sus hojos. Sus jeans estaban rasgados en ambas piernas y sostenía un cigarrillo apagado a la mitad. Sin saludarme, me preguntó si tenía un encendedor...

Thursday, July 09, 2009

fragmento/

(Des)esperada

Nicole se paró frente al pórtico de la casa de su madre cargando una torta de yogurt light en sus manos, mientras pensaba en qué le diría cuando ella le abriera la puerta. Comenzaba el invierno y, por primera vez en muchos años, nevaba en ese pequeño pueblo que la había visto crecer. Habían pasado ya tres años desde que arrancó de su familia, de sus raíces, de su vida y de el comienzo de lo que denominó "la nueva etapa". Dentro de la casa se escuchaban risas y conversaciones. Reconoció inmediatamente la voz de su padre, cada día más grave debido a la gran cantidad de cigarrillos que fumaba diariamente. Con un pañuelo en la mano y calculando el movimiento que haría con su dedo índice, tocó el timbre. Se produjo un silencio al interior, lo que la puso un tanto nerviosa. Su sweater blanco con flores color azúl no la abrigaba lo suficiente. Se abrió la puerta y apareció Renata, su única hermana. Su cabello aún era rubio platinado, largo y, por supuesto, decolorado. Vestía un holgado vestido amarillo y medias rosadas. En su cara se dibujó una sonrisa cínica y burlona. Nicole sonrió de la misma manera.
-Bienvenida a casa, hermanita.

Estoy sentada en una silla de madera, muy vieja al parecer, porque cada vez que intento acomodarme, cruje. Observo a mi padre: está convertido en un dócil y amable septegenario que no hace más que hablar sobre la II Guerra Mundial y fumar cigarros baratos. Mi mamá lo mira riéndose de todo lo que dice, celebrando su ironía al momento de alardear sobre sus conocimientos históricos. Renata se acerca y pone frente a mí un plato con una rebanada de la torta que compré camino al pueblo. Bruno, mi insoportable tío, me mira directo a los ojos.
-Si hubieras llegado un poquito más temprano, Nico, de más alcanzabas a comer un poco del pollo apanado que cociné -me dice mientras se limpia con la mano un poco de yogurt que le quedó en el labio-. ¡Si vieras lo rico que me queda!
Le respondo que soy vegetariana, pero que si no lo fuera, comería gustosa su famoso pollo. Sé que ama lucirse frente a la familia y siempre desea ser el centro de atención, así que sólo río de la manera más natural posible cuando intenta hacerse el gracioso, evitando gatillar cualquier evento que rompa la aparante tranquilidad que se ha logrado hasta ahora.

Intento concentrarme en comer, pero los cubiertos estan mal lavados. El aceite -probablemente del grasoso pollo que mi familia devoró sin esperar a que me presentara en la reunión- se desliza a través del tenedor. Siento nauseas y deseos de escapar de aquí, de volver a mi departamento y y olvidarme de este horrible día y de todo lo que me espera. Me disculpo y camino rápido al baño. Lavo mis manos meticulosamente. Cómo odio esta casa. Veo óxido y hongos en todas partes. Intento no tocar nada. No quiero llorar. Pongo papel higiénico sobre la tapa del inodoro y orino. Busco un espejo de mano en mi cartera. Aquí estoy de nuevo, esperando que algún evento inesperado me salve de la realidad...

Monday, June 15, 2009

Hope or desire.-


Es heavy cuando un pequeño deseo que surgió en un momento sin importancia, comienza a crecer y desarrollarse en la mente, ocupando espacio y robando el tiempo destinado a pensar en lo que realmente importa: la realidad concreta. Porque los deseos son como las drogas; vuelven adictas a las mentes a desear más y más, y aquellos deseos que en un principio fueron sólo mínimas pretensiones, se transforman en grandes criaturas capaces exterminar cualquier tipo de motivación.

No sé si es posible no desear. A veces estamos verdes de envidia, gritando por conseguir lo que parece inalcanzable y que muchos quizás ya obtuvieron sin demasiado esfuerzo. Andar con la cara larga larga y con un humor de mierda claramente no es el antídoto para combatir esta terrible epidemia. Bueno, creo que estoy exagerando, pero con fundamentos, ya que fui afectado por la enfermedad de los deseos. Es casi patético ver cómo he dejado de lado un millón de cosas buenas (como dijo Quique Neira... que me carga) por culpa de una mente sobrealimentada con sazonados deseos, muchos de ellos empalagosos (no quiero escribir absurdo en esta parte). Antes, mucho antes de entrar a la universidad, mi mente era esbelta, inversamente proporcional a mi anatomía (JÁ). No tenía una mente brillante, hay que decirlo, pero sí una mente creativa, una maquinita de buenas ideas que de vez en cuando destellaba por unos pocos segundos.

Cuando se termina el colegio, muchos hologramas desaparecen ràpidamente y es posible ver, por primera vez, cómo funciona todo allá afuera. Y suena como si hubiera vivido en una burbuja durante ese período porque, de hecho, así fue. No me atrevería a decir que a mis diecisiete años de vida ya lo había visto todo ni que acumulaba años de experiencia y conocimiento. Cuando abres los ojos por fin, una avalancha de realidades te aplasta e inevitablemente, comienzas a comparar unas con otras y especialmente la propia con las de los demás. Un día a la Macy Gray le dijeron: the grass is much greener on the other side y me pareció tan cierto.

Dejé de escribir, de salir a tomar fotos y me encerré en mi casa anhelando cada día más poder cumplir todos mis deseos. Las velitas de la torta de cumpleaños no hicieron mucho por mí y las maldije todos los días. Desmotivado con todo y con todos, me sobreestimulé con televisión, películas y series, y terminé convertido en un verdadero couch potato. Pero un día, no hace mucho tiempo, hice una limpieza mental y unos pocos deseos, los más banales tal vez, terminaron saliendo de mi cabeza y dejando un pequeño espacio en el cual muchas piezas aún no terminan de reordenarse. Los más grandes siguen ahí, pero a diferencia de los otros, éstos pretenden ser cumplidos y, al fin y al cabo, aún me queda mucho tiempo para poder concretarlos. Qué onda, tengo sólo veinte años. No soy un pendejo, pero tampoco estoy en el crepúsculo de mi vida. Hay tiempo de sobra, creo.-

Tuesday, September 23, 2008

Fixing true.-

A veces, cuando intentábamos dormirnos temprano, yo te decía al oído lo mucho que te amaba. Lo malo era que cuando dormía, tú me confesabas al oído que lo nuestro no tenía razón de ser, porque ya no me amabas como en un comienzo. Mientras tanto, yo soñaba con tú+yo paseando de la mano por cada boulevard de la ciudad, con tardes enteras de películas de acción como las que adorabas, con todas las cartas que me faltaban por escribirte, con galletitas de quaker para el desayuno y con melodías que sincronizaban cada uno de nuestros latidos.

La fe es buena. I guess
Y llené de post-its con "I GUESS" en toda la habitación.-

Sunday, August 10, 2008

Noches (vacías).-


Ocho cuarentaicinco de la noche. En quince minutos más deberías llegar, sentarte y pedir algún trago, una coca cola o por último un agua mineral. Yo pedí un bourbon whisky para esperarte y calmar la ansiedad. Las luces aquí dentro son tan tenues que ni siquiera me permiten ver bien quien entra por la puerta principal. La sensación que siento es extraña, como si en cualquier momento fueras a llegar siendo cualquiera de las personas que se pasean por aquí. La música me calma, aunque no demasiado. Canciones muy 1996 suenan y fulminan la elegancia que el entorno en algún momento había alcanzado. Este lugar es sofisticado, pero peca de ser un tanto barroco, con muchos arreglos florales, velas aromáticas y detalles típicos de elección de una menopáusica. Acerté; ahí está la dueña del restorant, Anabella Subercaseaux, una mujer que se comporta como una octogenaría y que ni siquiera roza los sesenta años, famosa por sus escándalos, amores y desamores durante los ochenta. Camina de un lado a otro mientras hace tininear sus pulseras de oro. Me parece ridícula la mayoría del tiempo y muy alejada de lo que se podría considerar clever. El aire se ha puesto un poco denso y tengo comezón en las manos. Los nervios me traicionan y siento como una gota de sudor baja por mi frente y se desliza por un costado de mi nariz. Pasan parejas frente a mí y se sientan mirándose fijamente a los ojos, enamorados probablemente, deseándose y sintiéndose afortunados. Qué escena más patética la suya /y la mía/. Miro una de las enormes lámparas de vidrio y a un costado de ella hay un insecto observándome. Se rie y se mofa de mí y luego se esconde en un agujero en el techo, ahora casi impecable. Siento pánico y me tiemblan las piernas. Anabella se acerca a un par de clientes a los que vulgarmente llama "VIP" y me apunta con su dedo . Todos rien en esa mesa y por un instante que se vuelve eterno me siento ruborizado. Nueve y treinta y esta ha sido la peor noche de toda mi vida. Pago la cuenta y me levantó, derramando una copa de vino tinto que recién había pedido sobre el mantel blanco inmaculado. Corro para salir lo antes posible y te veo entrando justo frente a mí. Me escondo bajo una mesa desocupada y pienso en que hoy ya nada me importa. Pasas y sólo veo tus zapatos brillantes ensuciando el parqué. Logro salir y afuera hace mucho frío. La neblina no me permite ver demasiado, pero de todas formas no hay mucho que ver, porque las cosas quedaron completamente claras.

Camino hasta mi casa mirando el cielo. No hay luna, o sí hay, pero no quiere salir porque hoy es una de esas noches en las que es mejor quedarse encerrado en casa viendo películas y comiendo palomitas de maíz.-

Thursday, July 31, 2008

( claro ) .-

Se supone que los vicios son malos, pero da lo igual. Ahora quiero decirme a mí mismo que cuando termine mi última prueba del semestre voy a tomarme un par de chelas, fumarme un cuete y voy a estar listo para viajar todo lo que no viaje por quedarme en estas tierras estudiándome el código civil.

Temgo diecinueve años y no sé... brígido todo.-

Monday, July 28, 2008

No me lo merezco.-

Diez kilos. Diez kilos subidos en menos de cuatro meses por la maldita ansiedad que me produce la universidad, ¿me merezco entonces sacarme un 3.7 en una prueba de Historia?.

Cosechas lo que siembras; la típica. Sólo espero no terminar comiéndome todas las mierdas que he sembrado.-

Monday, July 21, 2008

Aquí no.-

en el fondo me da lo mismo todo, porque sé que mi destino parece brillar mucho más que el de todos ustedes. mírenme de la forma que quieran y piensen que mis palabras no son mucho más que eso, palabras, pero yo sé que son mucho, pero mucho más que la cohesión de algunas letras al azar

yo lo sé.-

Sunday, July 13, 2008

amor es ciencia.-


Domingo por la mañana y ambos en la cocina preparando el desayuno. Ahí, sobre el tostador, estaba mi pan quemándose mientras tú preparabas tu té bien cargado. Muchas horas juntos comenzaban a hacer brotar mi efervescencia que -con ayuda de procesos mentales- había logrado guardar en los cajones más profundos de mi conciencia. Ninguno de los dos decía algo. Ya no había mucho qué decir; la noche anterior, caminando por la playa, nos habíamos dicho todo y el silencio era nuestro peor enemigo a esas tempranas horas del día.

Mi pijama de oso rojo contrastaba con la polera gris que siempre te presto para dormir. Los dos estabamos ahí, quizás cada uno pensando en su propia vida ( individual ) y dejando de lado por un segundo la vida que hemos empezado a vivir hace un tiempo atrás ( juntos ). Tú y yo, como el tiempo y el espacio reducidos en su mínima expresión, rodeados de artefactos domésticos y mi absurdo pijama de oso. El sonido del hervidor, las moléculas de la miga de mi pan haciendo explosión por culpa del fuego y hasta nuestras respiraciones parecían querer romper el equilibrio que en esos momentos amenzaba con esfumarse frente a cualquier estímulo.

Entropía. Mi profesor de Informática nos decía que la entropía es la tendencia de los sistemas a desviarse hacia el caos. Tal vez nosotros somos un sistema en pleno proceso de retroalimentación, por lo que es lógico que cualquier estímulo podía producir un momento de caos. Y ahí estabamos a punto de caer en desequilibrio. Bastó con que dijera un par de palabras para que comenzara la primera discusión del día. Ni siquiera nos miramos a los ojos para saber que estabamos enojados. La energía acumulada comenzó a salir por nuestras bocas a borbotones. El ambiente fue entrando en calor y nuestra pequeña pelea comenzaba a transformarse en grandes acusaciones y reproches sobre el pasado.

Silencio. Como si nuestro big bang, ese momento de infinita densidad hubiera expandido toda la materia hacia nuevos universos. Esa energía contenida se había liberado y mientras me daba vuelta para mirarte de la peor forma que mis músculos faciales permitieran, mi mandíbula dejó caer saliva, haciédome sentir humillado por unos segundos. Risas y miradas de alegría. En ese instante inmediato de la gran explosión se unía un universo con otro, tú y yo, uniéndonos en un abrazo, porque para que haya un nuevo equilibrio, debe existir primero el caos. Entre tus brazos, riéndome y besándote, no sabía de qué manera te amaba, sólo sabía que lo hacía de alguna manera ( o de muchas ).

(o de todas).-

Sunday, June 08, 2008

Tregua.-


Esta ciudad de mierda resultaba ser mucho menos mierda cuando estaba junto a ti-


n
o sé qué hacer para recuperar al menos un poquito de ti

"Hoy te vas y embargas todo por lo que he esperado.. y lo he intentado.."

Wednesday, June 04, 2008

Olvidándote.-


Aquí estoy, frente al computador. Quiero llorar o tirarme al suelo y ponerme a patalear como un estúpido. Un e-mail tuyo, Fernanda, acaba de llegar a mi bandeja de entrada. Asunto: tanto tiempo, José!. Mierda! Te quiero matar. Ojalá te mueras y así me puedas dejar tranquilo de una vez por todas. ¿Acaso no te bastó con destrozarme el corazón cuando me pateaste luego de cagarme con tu amiguito el punky?. Yo te amaba tanto. Quizás nadie te amará como lo hice yo. Y ahora vuelves a aparecerte luego de siete meses, buscando tal vez qué. No te entiendo ni quiero entenderte. Ni siquiera sé si abrir este correo o simplemente enviarlo a la papelera. Hice mi vida de nuevo y conocí a una persona que me ha dado esperanza. Ornella se llama. Es bonita y fanática a cagar de los Beatles. Creo que la amo. ¿Por qué me escribes, Feña?. ¿Acaso quieres que te vuelva a amar?. No sé qué pensar. En verdad te destesto más que nunca. ¿Cómo te atreves a hacerme ésto?. Yo sé que sabes cuanto me duele. Me conoces tan bien que eres capaz de hacer ésto para atormentarme o qué sé yo para qué. ¿Pero sabes?, también te conozco muy bien. Probablemente el punky no quiso acompañarte al mall a comprar toda esa mierda que solías comprar en Village. Soy el único que te aguantaba esas pendejadas de andar metida en esa tienducha comprando esquelas con aromas mamones, peluches de Garfield y postales de esos niñitos en blanco y negro que andaban todo el día oliendo flores. Además, no creo que el huevón haya tolerado mucho que siempre anduvieras apestando a Natalie. Es muy probable que también se haya aburrido de tu falta de tiempo. Que las clases de Inglés Avanzado, que el curso de Fotografía y el de modelaje. Nunca tienes tiempo para nadie, sólo para ti. Ornella es mucho más entretenida que tú. Sabe cocinar y no le pone curry a los fideos. Por tu culpa terminé yéndome por el baño más de un par de veces con tus combinaciones raras. No se toma media botella de ron para ir más prendida a una fiesta, pero le encanta la Coca-Cola con café antes de muchas horas de baile. No se escota como tú para salir ni tiene ropa Yves Saint Laurent traida directamente desde Italia, pero tiene mucha más onda para vestir.

Fernanda, ni siquiera leeré tu mensajito. La Orne me hace feliz y, pensándolo bien, ¿quién necesita de ti?.

Qué bestia eres.-

Saturday, April 26, 2008

50.-

3.38 de la mañana. tengo sueño y ando huevón. tengo prueba de gramática el martes y estoy aterrorizado. hace frío y ya me adecué a mi vida nueva. camila, te extraño. coni, también te extraño. ésto es como escribir una carta rarísima. tuve un carrete de carrera y tomé cerveza con mis compañeros (y nada más que eso). a todo el mundo le gusta hacerse la víctima yo cacho y no soy la excepción. tengo 600 pesos y mi pijama de oso puesto. cada día escribo menos en mi blog y eso me da pena. qué ganas de fumarme un cuete, pero no lo hecho porque he querido dejar esas pràcticas de lado (es mejor). vi el fotolog de mi ex. odio escribir así, pero me da lo mismo ahora (y justamente ahora). me dan rabia hartas cosas y felicidad otras. ¿quién sabe lo que se viene?, eso le dije a la camila. mi hipotética. añoro ene los viejos tiempos. caleta. mañana veré a guagui y haremos torta de yogurt. me cargan los bloggers pasados a caca. ¿quién tiene derecho a jurarse la raja misma en este mundo?; según yo, sólo björk. también me da miedo dejar de escribir de un día para otro. no sé si soy el estudiante ideal, pero intento serlo y quizás ése sea uno de mis sueños frustrados. tengo hambre, pero no voy a comer, porque no quiero ser una vaca asquerosa. ojalá no me eche ningún ramo este semestre; eso me haría tan feliz. la firme: mis compañeros no me importan mucho. todos decían que así era la universidad. odio la universidad. odio la universidad de la serena. amo a mi familia y me da pena mi papá. ésto me suena a que me estoy haciendo la víctima. he aprendido muchas reglas gramaticales que antes no sabía. sé apenas lo básico. eso me pasa por haber estado en colegios particulares. generalmente son lo peor de lo peor. rascas totales, pura publicidad. lo único que extraño de esos tiempos es la plata y, claro, la plata no hace la felicidad. el "dinero" suena más, mucho más sutil. sutileza es igual a cartuchería. ni siquiera sé si se dice cartuchería. suena como carrocería. tengo MUCHO sueño. quiero ir a santiago luego. me duele la guata. papas chip de mierda. qué huevada más tóxica.

qué huevada más tóxica.-

Sunday, March 30, 2008

epílogo.-


Si las personas no tuvieramos conciencia de que somos personas, nos mataríamos entre nosotros mismos.

sadot ed roep al ;aicneicnoc somenet ìs orep sanosrep somos on euq se ednarg sàm aìnori al Y



( MIERDAPORQUEPAREZCOR
ESENTIDOSOCIAL)

Friday, March 21, 2008

capitulito.-

Nos fumamos unos güiros buenísimos, tuvimos sexo y luego te dije que no podía amarte sólo a ti, porque allá afuera hay más de seis mil millones de personas capaces de entregar amor.

Prendiste el televisor y ahí estaban las torres gemelas desmoronándose. Mientras me tapaba la boca horrorizado, tú te cagabas de la risa.-

Wednesday, March 12, 2008

(des) esperada.-


Sentada en el púlpito de la iglesia en la que se había casado hace siete años atrás, Antonia pensaba en todos los años de vida que había perdido. En medio de sus reflexiones, llegaba a la conclusión de que no necesariamente tenía que catalogar ese gran lapsus de tiempo como una "pérdida", sino más bien como una lección de vida y hasta como una prueba de su fortaleza y madurez. Una hora atrás, mientras bebía una café en el barrio Lastarria, su mejor amiga se encargaba de decirle que había visto a su marido con otra mujer saliendo de un motel la noche anterior. No fue un momento fácil y su acompañante lo había hecho aún más complicado; disfrutó cada palabra que dijo, como si contarle tal fatalidad le produjera un gran placer. No podía juzgarla, Macarena era su amiga y desde que la conoce ha disfrutado con la desgracia ajena y los rumores malintencionados. Además, era mejor saberlo en ese instante antes que seguir haciendo el ridículo. Cuando terminó de oír lo que relataba, Antonia no preguntó nada, sólo exigió discreción para luego irse excusándose en que tenía algunos trámites que hacer. Caminó lo más rápido que pudo, mientras se obligaba a sí misma a no llorar. Su mirada se concentraba en el ir y venir de su falda gris tableada, que le recordaba el movimiento de los barcos en altamar. Ya dentro de la iglesia, logró encontrar un poco de tranquilidad, que de vez en cuando se vió interrumpida por la frialdad del sitio y sus aires góticos nada alentadores. Aún estaba sorprendida por la forma en que la noticia la había afectado. Su mente más de alguna vez había desarrollado catástrofes imaginarias similares a lo que había sucedido y su forma de reaccionar en ellas era bastante dramática y descontrolada, nada similar a la manera en la que actuaba ahora. ¿Cómo no se dió cuenta antes?. La pregunta daba vueltas en su cabeza y la ansiedad comenzaba a devorar la serenidad que había alcanzado. No quería dejarse invadir por sensaciones molestas que después pudieran jugarle en contra. Si algo iba a conservar en medio del desastre, sería la calma. Su forma de ser siempre se ha caracterizado por el optimismo y eso no tenía que cambiar a causa del engaño de una persona. Corrió por el pasillo de la iglesia hasta salir a la Avenida. La encadiló la luz del abochornado día y una atmósfera grisácea le devolvió un poco de paz. Se acercó a una heladería y pidió un enorme helado de chocolate. La vista desde esa terraza era privilegiada y a ella le parecía reconfortante. Por un instante pensó en hacer como si nada hubiera pasado frente a su marido y su familia, pero en seguida descartó la idea. Sus hijos eran bastante grandes como para comprender lo que había sucedido. Ella no tenía mucho que hacer, al fin y al cabo, su cónyuge era quien había cometido el error y él mismo sería quien tendría que enfrentar el desprecio de la familia más adelante. Terminado su helado, pidió la cuenta y al mismo tiempo prendió un cigarro. En la bandejita de plata para las propinas puso su anillo de matromonio. -Todo proceso debe tener un fin- se dijo mientras apagaba la mitad del cigarrillo sobre el cenicero. Caminó tranquila por la vereda, pensando en panoramas entretenidos para el fin de semana. Un viaje fuera de Santiago y visitas al teatro eran ideas que le resultaban fascinantes. Cruzó la calle y se perdió en medio de las personas que veían el show que realizaban unos hombres tragafuegos. La ciudad, sin duda, estaba más efervescente que otros días.-