Tuesday, June 14, 2011

madrugadas decisivas

¿Cómo saber si se ha tomado la decisión correcta? Difícil. Podría estar cometiendo el peor error de mi vida con una sonrisa estúpida en la cara. Estar cagándolas tanto como para ser incapaz de asumir las consecuencias de una mala decisión posteriormente. Pero también está la posibilidad de tomar una decisión tan buena que mejore mi vida para siempre y no haga más que traerme cosas buenas. No se trata tanto de razonamiento ni lógica... tal vez sólo de suerte, probabilidad o destino.

El director y los productores de "Titanic II" quizás de verdad pensaban que era una buena idea llevar esa historia a la pantalla grande. Es probable que tuvieran fe en su decisión, en que esa era la correcta. Claro, fue una mala decisión, pero al menos fueron capaces de confiar en ellos mismos. Parece que confío un poco en mí entonces.-

Thursday, May 26, 2011

C

hoy día hay sol, hay ganas de empezar de cero, de poder mirarte a los ojos y decirte con total sinceridad que podemos seguir juntos, que nuestro amor sigue intacto y que este tiempo sólo lo tomé para corroborar cuánto te necesito cada segundo de mi vida.

Wednesday, March 02, 2011

Boat Club

Me gusta recordar los dìas de invierno que pasè junto a èl. Escuchàbamos de ese dream pop bien playero y te juro que me daban ganas de tomar margarita. No sè bien què onda el tipo de relaciòn que llevàbamos, pero me gustaba que estuviera en mi vida. Ni siquiera tenìamos claro cuàl era nuestra volada; sòlo nos juntàbamos, nos comìamos, a veces follàbamos y luego pasàbamos las tardes frìas acostados sin tocarnos, escuchando esas canciones de onda caribeña que me hacìan disfrutar tanto las bajas temperaturas. De repente como que querìa prender la tele y yo le pedìa que por favor no, que nos quedàramos tal como estàbamos. No hablàbamos mucho, pero asì era mejor. Nada era forzado: si se daba la plàtica, la raja y si no, bien tambièn. A veces me contaba sobre su mamà. Me daba la impresiòn de que ella era bien importante en su vida, pero yo ni ahì con preguntarle màs sobre eso. Èl no me preguntaba nada sobre mi vida, sòlo sobre la comida que habìa en el refrigerador y la hora en la que ìbamos a tomar once. Para serte sincero, la comunicaciòn no era lo nuestro. Èramos dos seres que coexistìamos, pero que no tenìamos nada en comùn màs que las canciones que tanto escuchamos en esas vacaciones de invierno. Despuès de como dos semanas que estuvo quedàndose en la ciudad, volviò a su pueblo natal. Nada de intercambiar nùmeros de telèfono o emails. No supe màs de èl, pero estoy seguro que de vez en cuando, cuando tararea esas melodìas invernales, se acuerda de mì.-

Friday, December 03, 2010

Nazaret


Lo acompañé, porque estaba seguro de que sería el momento perfecto para decirle cuánto lo amaba. Me dijo que iba a ser una noche entretenida, de esas de reventón. Le creí. También le creí que no me dejaría solo en ningún momento. Pensé en el soundtrack ideal para hacer de esas horas las más increíbles de toda mi vida. No lo escuchamos nunca, pero no dejó de sonar dentro en mi cabeza. Nadie dijo nada en el trayecto, porque no había nada que decir. Nos bajamos de su auto y prendimos un pito de marihuana. Miré las estrellas y lo único que deseé en ese instante fue poder besarlo mil horas. Nos drogamos y reímos juntos. Mi risa fue casi como un acto reflejo, pero la verdad es que nada me producía gracia. No, en realidad me producían gracia sus labios inquietos y su charla sobre el arte de Dalí. Me reí, porque su bigote era idéntico al que usaba ese pintor. Caminamos juntos, pero separados por cientos de kilómetros. Entramos a la casa abandonada y el terror se apoderó de mí. La gente estaba ahí parada, riendo, fumando, bebiendo y conversando sobre asuntos que no me interesaban en absoluto. Quise tomarlo de la mano y decirle que nos fuéramos, pero él ya estaba muy lejos bebiendo una lata de cerveza en una barra mal montada junto a un gran Cristo de yeso. Lo miré desde mi rincón, a un costado del hermoso árbol de navidad hecho con tubos de neón. Cuatro tipos vestidos de negro bailaban horrendas canciones de Grace Jones. Una mujer envuelta en latex me sirvió vino tinto en una copa para martini. Vino tinto, mucho vino tinto. Pensé mil cosas que olvidaba de inmediato. Las luces se reflejaban sobre él, que no dejaba de hablar con un hombre vestido de payaso. Me paré con mi copa y robé una botella que estaba oculta en una esquina. Caminé por un pasillo interminable, oscuro. El olor a humedad me produjo asco. Sentí como si caminara sobre nubes. Dos mujeres se besaban mientras un tipo de unos cincuenta años les tocaba las tetas. Apoyado sobre la pared pintada de negro cerré los ojos. Mi soundtrack seguía sonando, aunque esas nunca fueran las horas más incríbles de mi vida. Las dos mujeres gemían. Mis manos estaban sucias, las sentía sucias. Limpié mis manos con unos kleenex que guardaba en mi bolsillo. De pronto él apareció a mi lado y me besó en la mejilla. Me tomó por la cintura y me llevó a una habitación desocupada. Me besaba sin parar, pero todo lo que hacía me parecía completamente insustancial. Insustancial era mi cerebro también. Tarareó una canción de Prodigy y se cagó de la risa. La tararéamos juntos mientras nos fumábamos un cigarro a medias. Dijo que me amaba, pero no de la manera en que yo lo amaba a él. Corazón indómito, pensé. El mío en cambio es un corazón vacío, es un corazón acribillado por su actuar, por su indiferencia, por su mirada que nunca se cruzaba con la mía. Le grité que por favor se fuera, que no quería volver a verlo nunca más en toda mi vida. Se fue sin decir nada y me sumergí en los pensamientos más lúgubres que jamás habían estado en mi cabeza y pensé en las tontas canciones que escuché cada mañana mientras lo miraba sobre su cama tocando guitarra con los pies descalzos y las películas que me recomendó y lloré casi una hora mientras dos adolescentes drogados me preguntaban qué me pasaba y les dije que odiaba ese lugar y que los odiaba a ellos también y se fueron y quise regresar a casa y dormir mil horas sin saber nada de lo que pasaba afuera y vomité y también vomité mi sweater de rombos cuando caí al piso frío y manchado con vino tinto.


Me quedé dormido en el suelo, con el corazón hecho trizas por la traición y la frente destrozada por la copa rota sobre la que caí. Recordé a Cristo en la entrada. Yo también era como él.-

Thursday, December 02, 2010

Dedos pal' piano


Ayer fue uno de esos días en los que lo único quieres es que todos se vayan un ratito a la mierda y te dejen de huevear y de darte malas noticias. Tenía que mandar un reportaje corto por mail a mi profesora antes de las doce de la noche del lunes, pero como soy un irresponsable, no alcancé a hacerlo a tiempo y lo mandé el martes. Ayer en clases me dijo mirándome con sus ojos azules “me duele en el alma ponerte el uno, porque eres de los aplicados”. Le respondí con una mirada de entre ternura y lamento y ella simplemente no me dijo nada. El uno iba seguro, así que la carita la hice en vano.


Unas horas antes, un profesor me estaba entregando un tres mientras se reía en mi cara, porque no había ido a la clase en que se dieron las intrucciones para hacer el trabajo. Estaban pisoteando mi moral frente a mis narices y yo seguía poniendo carita de pena. Llegué a la casa devastado e intenté pasar mi pena comiéndome tres panes y dos barritas de chocolate. Me vi engullendo desesperado y deseé que alguien estuviera frente a mí para que hiciera una arcada y me dijera que era un gordo patético, pero como no había nadie que hiciera eso por mí, seguí comiendo.


En la noche lloré un rato y al mismo tiempo me maldije por haberme venido a Santiago, por haber elegido estudiar Periodismo y por ser un porrito de lo peor. Me costó dos horas quedarme dormido y mi sueño duró sólo seis horas. Oye, pero no crean que mi historia es un melodrama, porque nada que ver. Hoy desperté mejor y lo primero que hice fue encender el computador para revisar la Pauta UPI, ese papelito que reciben los medios de comunicación para cachar dónde está la noticia. Y había un evento en el Palacio de La Moneda, una premiación que realizaba CONACE a la gente que más prevenía que los drogadictos siguieran metidos en las drogas. Ése evento me tincó.


Me duché rápido y partí al asunto, consciente de que meses antes (y un par de veces) ya había ido a huevear al hall de La Moneda sin lograr que me dejaran entrar a reportear. Al fin y al cabo, sólo soy un estudiante de Periodismo mal afeitado que anda mostrando su humilde credencial de prensa impresa en un papel barato y con una fotografía pegada en la que parece integrante de Illapu, ¿por qué me iban a dejar pasar?


Me hicieron esperar un rato. La recepcionista hacía llamadas a todas las oficinas del lugar, porque no tenía idea de quién estaba realmente a cargo de la ceremonia de la institución para los drogos (ya pues, déjeme pasar, gordis y te juro que te digo que el rubio te queda la raja, aunque te veas como las reverendas hueas). Me pidió mi cédula y me dejó pasar. Yo le sonreí agradecido y no le dije nada de lo que se me había ocurrido. Nunca tan patero.


Ahí estaba, en medio de La Moneda, ese lugar que siempre veía cuando pasaba por afuera, en la micro (que ni siquiera sabía donde tomar y a la que muchas veces me subí pensando que iba a un lugar al que, en realidad, no iba). “La ceremonia tendrá lugar en el Patio de las Camelias” me dijo un paco y lo único que pensé en ese momento fue en lo cursi que eso sonaba y en lo muy de viejamenopáusica que me resultaba. Me quedé parado como un imbécil esperando a que dejaran pasar a la prensa al mini patio donde iba a ser el famoso evento. Un cuarteto de huevones del Canal 13 hablában de mujeres ricas y tiraban tallas típicas de un happy hour de oficinistas.


Me acerqué a una gorda con polerón de estrellas a preguntarle sobre la ceremonia y, mirándome con una cara de mierda, me respondió que no sabía. Ella también tenía credencial de “prensa invitada”, así que estábamos en igualdad de condiciones. La gorda estrellada era bien mala onda como para no ayudarme en una de mis primeras salidas solo a reportear un evento cuático. Me senté un rato a esperar que nos dejaran pasar, comiéndome las uñas como estúpido y anhelando tener un cigarro para pasar la ansiedad.


Caché que la gorda estrellada se paró para entrar y la seguí (pero de lejos, porque temía por mi integridad física). Otro paco me pidió la credencial y, por fin, logré llegar al lugar de los hechos. Había un mix de gente: políticos, alcaldes, viejas culias, periodistas de universidad privada, gente de la Teletón (?), entre otros. Me extrañó no ver a ningún drogadicto metido entre medio, ojeroso y angustiado por conseguir algo de pasta base; le hubiera dado más dramatismo al asunto. Prendí la grabadora de mi sencillo celular, mientras los rubiecitos que me rodeaban sacaban su blackberries. Ya era hora de trabajar.


Terminado el evento, caché que una de las periodistas rubias se acercó a hacerle unas preguntas a la Alcaldesa de Recoleta, una señora alta, vestida media hippie e igual bien regia. Imité a la blondie; saqué mi celular y me puse a grabar mientras pensaba en qué preguntas hacerle. La periodista le hacía miles y yo aún no participaba en el diálogo. Entonces me metí entre medio y empecé a preguntar hartas cosas bien atinadas. Después de todo, no estaba tan mal al parecer.


Salí de La Moneda con una sonrisa. La mañana de hoy me arregló el caracho. Quizás esté semestre no ha sido el mejor en lo que respecta a desempeño académico, pero me di cuenta de que si “tengo dedos pal' piano”. No la cagué al meterme a estudiar Periodismo, yo cacho.-




Wednesday, July 15, 2009

fragmento/

Destinos / Desatinos

Comíamos papas fritas en un local de lo peor, con olor a aceite quemado y grasa pegada en una pequeña vitrina quebrada. Mientras la Andre me hablaba, yo intentaba concentrarme en su crónica sobre su noche en una disco en la que la gente jalaba hasta la sal que había encima de los mesones, pero se me hacía imposible con el irritante sonido de las papas friéndose en las sartenes insalubres. En medio de su bla blá, no pude evitar ponerme a mirar el techo y las particulares figuras que se habían formado en él con el vapor grasoso que emanaba de la cocina a gas. Pude distinguir caballos y sirenas un tanto difusas. Cuando volví la vista a mi amiga, ella se marchaba indignada por el poco interés que había mostrado en su historia que ya me sabía de memoria. Corrí a buscarla, temiendo que decidiera marcharse sola a su hogar con esa mini falda, que más bien parecía cinturón, y su minúscula polera denominada por ella "súper chic", pero que para mi gusto resultaba un tanto estrafalaria. Era tarde: Andrea se subía a un taxi a las cuatro de la madrugada y yo casi lloraba imaginándome a mi Andre siendo violada en la parte trasera de un vehículo por un conductor con aliento a cereveza barata y con un diente de oro. Tomé aire y por un instante eliminé de mi mente todo tipo de situaciones creepy. Una imaginación como la mía podía desencadenarme una crisis de pánico o un frustrado intento de robar un auto a alguien para rescatar a Andrea. Prendí un cigarro y bajé la avenida para regresar a casa. Mi billetera de ren&stimpy se había quedado en la cartera de mi impulsiva amiga, por lo que tomar un taxi no estaba dentro de mis posibilidades. Caminé raudo, escuchando una canción de Pearl Jam que días atrás Carlos había puesto en mi pendrive, luego de vaciarlo, esperanzado en que pudiera gustarme ese grupo lo antes posible y así acompañarlo al concierto que darían semanas después. Fue en eso cuando, al ver por el rabillo de mi ojo, noté que alguien me seguía. Mis piernas comenzaron a caminar más rápido y mi mente sólo pensaba en lo que pasaría en unos segundos más: quien fuera que me seguía, robaría mi chaqueta de cuero que había comprado con mis ahorros de tres meses y luego me apuñalaría por haberme resistido al robo, dejándome con severas heridas cortopunzantes que me tendrían en el hospital por tres semanas, con ayuda psicológica por el terrible trauma producido y viendo programas de ayuda a la comunidad en un televisor de catorce pulgadas, deprimiéndome en un pabellón común sin cortinas separadoras. Mientras imaginaba el triste final de mi noche de juerga, quien me seguía tocó mi espalda con un dedo. Me volteé y estaba ahí un hombre alto y delgado, de unos veinticinco años, usando un holgado polerón negro con una fotografía de Janis Joplin estampada. Su largo pelo, de indistinguible color por la oscuridad de la calle a esas horas, cubría uno de sus hojos. Sus jeans estaban rasgados en ambas piernas y sostenía un cigarrillo apagado a la mitad. Sin saludarme, me preguntó si tenía un encendedor...

Thursday, July 09, 2009

fragmento/

(Des)esperada

Nicole se paró frente al pórtico de la casa de su madre cargando una torta de yogurt light en sus manos, mientras pensaba en qué le diría cuando ella le abriera la puerta. Comenzaba el invierno y, por primera vez en muchos años, nevaba en ese pequeño pueblo que la había visto crecer. Habían pasado ya tres años desde que arrancó de su familia, de sus raíces, de su vida y de el comienzo de lo que denominó "la nueva etapa". Dentro de la casa se escuchaban risas y conversaciones. Reconoció inmediatamente la voz de su padre, cada día más grave debido a la gran cantidad de cigarrillos que fumaba diariamente. Con un pañuelo en la mano y calculando el movimiento que haría con su dedo índice, tocó el timbre. Se produjo un silencio al interior, lo que la puso un tanto nerviosa. Su sweater blanco con flores color azúl no la abrigaba lo suficiente. Se abrió la puerta y apareció Renata, su única hermana. Su cabello aún era rubio platinado, largo y, por supuesto, decolorado. Vestía un holgado vestido amarillo y medias rosadas. En su cara se dibujó una sonrisa cínica y burlona. Nicole sonrió de la misma manera.
-Bienvenida a casa, hermanita.

Estoy sentada en una silla de madera, muy vieja al parecer, porque cada vez que intento acomodarme, cruje. Observo a mi padre: está convertido en un dócil y amable septegenario que no hace más que hablar sobre la II Guerra Mundial y fumar cigarros baratos. Mi mamá lo mira riéndose de todo lo que dice, celebrando su ironía al momento de alardear sobre sus conocimientos históricos. Renata se acerca y pone frente a mí un plato con una rebanada de la torta que compré camino al pueblo. Bruno, mi insoportable tío, me mira directo a los ojos.
-Si hubieras llegado un poquito más temprano, Nico, de más alcanzabas a comer un poco del pollo apanado que cociné -me dice mientras se limpia con la mano un poco de yogurt que le quedó en el labio-. ¡Si vieras lo rico que me queda!
Le respondo que soy vegetariana, pero que si no lo fuera, comería gustosa su famoso pollo. Sé que ama lucirse frente a la familia y siempre desea ser el centro de atención, así que sólo río de la manera más natural posible cuando intenta hacerse el gracioso, evitando gatillar cualquier evento que rompa la aparante tranquilidad que se ha logrado hasta ahora.

Intento concentrarme en comer, pero los cubiertos estan mal lavados. El aceite -probablemente del grasoso pollo que mi familia devoró sin esperar a que me presentara en la reunión- se desliza a través del tenedor. Siento nauseas y deseos de escapar de aquí, de volver a mi departamento y y olvidarme de este horrible día y de todo lo que me espera. Me disculpo y camino rápido al baño. Lavo mis manos meticulosamente. Cómo odio esta casa. Veo óxido y hongos en todas partes. Intento no tocar nada. No quiero llorar. Pongo papel higiénico sobre la tapa del inodoro y orino. Busco un espejo de mano en mi cartera. Aquí estoy de nuevo, esperando que algún evento inesperado me salve de la realidad...

Monday, June 15, 2009

Hope or desire.-


Es heavy cuando un pequeño deseo que surgió en un momento sin importancia, comienza a crecer y desarrollarse en la mente, ocupando espacio y robando el tiempo destinado a pensar en lo que realmente importa: la realidad concreta. Porque los deseos son como las drogas; vuelven adictas a las mentes a desear más y más, y aquellos deseos que en un principio fueron sólo mínimas pretensiones, se transforman en grandes criaturas capaces exterminar cualquier tipo de motivación.

No sé si es posible no desear. A veces estamos verdes de envidia, gritando por conseguir lo que parece inalcanzable y que muchos quizás ya obtuvieron sin demasiado esfuerzo. Andar con la cara larga larga y con un humor de mierda claramente no es el antídoto para combatir esta terrible epidemia. Bueno, creo que estoy exagerando, pero con fundamentos, ya que fui afectado por la enfermedad de los deseos. Es casi patético ver cómo he dejado de lado un millón de cosas buenas (como dijo Quique Neira... que me carga) por culpa de una mente sobrealimentada con sazonados deseos, muchos de ellos empalagosos (no quiero escribir absurdo en esta parte). Antes, mucho antes de entrar a la universidad, mi mente era esbelta, inversamente proporcional a mi anatomía (JÁ). No tenía una mente brillante, hay que decirlo, pero sí una mente creativa, una maquinita de buenas ideas que de vez en cuando destellaba por unos pocos segundos.

Cuando se termina el colegio, muchos hologramas desaparecen ràpidamente y es posible ver, por primera vez, cómo funciona todo allá afuera. Y suena como si hubiera vivido en una burbuja durante ese período porque, de hecho, así fue. No me atrevería a decir que a mis diecisiete años de vida ya lo había visto todo ni que acumulaba años de experiencia y conocimiento. Cuando abres los ojos por fin, una avalancha de realidades te aplasta e inevitablemente, comienzas a comparar unas con otras y especialmente la propia con las de los demás. Un día a la Macy Gray le dijeron: the grass is much greener on the other side y me pareció tan cierto.

Dejé de escribir, de salir a tomar fotos y me encerré en mi casa anhelando cada día más poder cumplir todos mis deseos. Las velitas de la torta de cumpleaños no hicieron mucho por mí y las maldije todos los días. Desmotivado con todo y con todos, me sobreestimulé con televisión, películas y series, y terminé convertido en un verdadero couch potato. Pero un día, no hace mucho tiempo, hice una limpieza mental y unos pocos deseos, los más banales tal vez, terminaron saliendo de mi cabeza y dejando un pequeño espacio en el cual muchas piezas aún no terminan de reordenarse. Los más grandes siguen ahí, pero a diferencia de los otros, éstos pretenden ser cumplidos y, al fin y al cabo, aún me queda mucho tiempo para poder concretarlos. Qué onda, tengo sólo veinte años. No soy un pendejo, pero tampoco estoy en el crepúsculo de mi vida. Hay tiempo de sobra, creo.-

Tuesday, September 23, 2008

Fixing true.-

A veces, cuando intentábamos dormirnos temprano, yo te decía al oído lo mucho que te amaba. Lo malo era que cuando dormía, tú me confesabas al oído que lo nuestro no tenía razón de ser, porque ya no me amabas como en un comienzo. Mientras tanto, yo soñaba con tú+yo paseando de la mano por cada boulevard de la ciudad, con tardes enteras de películas de acción como las que adorabas, con todas las cartas que me faltaban por escribirte, con galletitas de quaker para el desayuno y con melodías que sincronizaban cada uno de nuestros latidos.

La fe es buena. I guess
Y llené de post-its con "I GUESS" en toda la habitación.-

Sunday, August 10, 2008

Noches (vacías).-


Ocho cuarentaicinco de la noche. En quince minutos más deberías llegar, sentarte y pedir algún trago, una coca cola o por último un agua mineral. Yo pedí un bourbon whisky para esperarte y calmar la ansiedad. Las luces aquí dentro son tan tenues que ni siquiera me permiten ver bien quien entra por la puerta principal. La sensación que siento es extraña, como si en cualquier momento fueras a llegar siendo cualquiera de las personas que se pasean por aquí. La música me calma, aunque no demasiado. Canciones muy 1996 suenan y fulminan la elegancia que el entorno en algún momento había alcanzado. Este lugar es sofisticado, pero peca de ser un tanto barroco, con muchos arreglos florales, velas aromáticas y detalles típicos de elección de una menopáusica. Acerté; ahí está la dueña del restorant, Anabella Subercaseaux, una mujer que se comporta como una octogenaría y que ni siquiera roza los sesenta años, famosa por sus escándalos, amores y desamores durante los ochenta. Camina de un lado a otro mientras hace tininear sus pulseras de oro. Me parece ridícula la mayoría del tiempo y muy alejada de lo que se podría considerar clever. El aire se ha puesto un poco denso y tengo comezón en las manos. Los nervios me traicionan y siento como una gota de sudor baja por mi frente y se desliza por un costado de mi nariz. Pasan parejas frente a mí y se sientan mirándose fijamente a los ojos, enamorados probablemente, deseándose y sintiéndose afortunados. Qué escena más patética la suya /y la mía/. Miro una de las enormes lámparas de vidrio y a un costado de ella hay un insecto observándome. Se rie y se mofa de mí y luego se esconde en un agujero en el techo, ahora casi impecable. Siento pánico y me tiemblan las piernas. Anabella se acerca a un par de clientes a los que vulgarmente llama "VIP" y me apunta con su dedo . Todos rien en esa mesa y por un instante que se vuelve eterno me siento ruborizado. Nueve y treinta y esta ha sido la peor noche de toda mi vida. Pago la cuenta y me levantó, derramando una copa de vino tinto que recién había pedido sobre el mantel blanco inmaculado. Corro para salir lo antes posible y te veo entrando justo frente a mí. Me escondo bajo una mesa desocupada y pienso en que hoy ya nada me importa. Pasas y sólo veo tus zapatos brillantes ensuciando el parqué. Logro salir y afuera hace mucho frío. La neblina no me permite ver demasiado, pero de todas formas no hay mucho que ver, porque las cosas quedaron completamente claras.

Camino hasta mi casa mirando el cielo. No hay luna, o sí hay, pero no quiere salir porque hoy es una de esas noches en las que es mejor quedarse encerrado en casa viendo películas y comiendo palomitas de maíz.-

Thursday, July 31, 2008

( claro ) .-

Se supone que los vicios son malos, pero da lo igual. Ahora quiero decirme a mí mismo que cuando termine mi última prueba del semestre voy a tomarme un par de chelas, fumarme un cuete y voy a estar listo para viajar todo lo que no viaje por quedarme en estas tierras estudiándome el código civil.

Temgo diecinueve años y no sé... brígido todo.-

Monday, July 28, 2008

No me lo merezco.-

Diez kilos. Diez kilos subidos en menos de cuatro meses por la maldita ansiedad que me produce la universidad, ¿me merezco entonces sacarme un 3.7 en una prueba de Historia?.

Cosechas lo que siembras; la típica. Sólo espero no terminar comiéndome todas las mierdas que he sembrado.-

Monday, July 21, 2008

Aquí no.-

en el fondo me da lo mismo todo, porque sé que mi destino parece brillar mucho más que el de todos ustedes. mírenme de la forma que quieran y piensen que mis palabras no son mucho más que eso, palabras, pero yo sé que son mucho, pero mucho más que la cohesión de algunas letras al azar

yo lo sé.-

Sunday, July 13, 2008

amor es ciencia.-


Domingo por la mañana y ambos en la cocina preparando el desayuno. Ahí, sobre el tostador, estaba mi pan quemándose mientras tú preparabas tu té bien cargado. Muchas horas juntos comenzaban a hacer brotar mi efervescencia que -con ayuda de procesos mentales- había logrado guardar en los cajones más profundos de mi conciencia. Ninguno de los dos decía algo. Ya no había mucho qué decir; la noche anterior, caminando por la playa, nos habíamos dicho todo y el silencio era nuestro peor enemigo a esas tempranas horas del día.

Mi pijama de oso rojo contrastaba con la polera gris que siempre te presto para dormir. Los dos estabamos ahí, quizás cada uno pensando en su propia vida ( individual ) y dejando de lado por un segundo la vida que hemos empezado a vivir hace un tiempo atrás ( juntos ). Tú y yo, como el tiempo y el espacio reducidos en su mínima expresión, rodeados de artefactos domésticos y mi absurdo pijama de oso. El sonido del hervidor, las moléculas de la miga de mi pan haciendo explosión por culpa del fuego y hasta nuestras respiraciones parecían querer romper el equilibrio que en esos momentos amenzaba con esfumarse frente a cualquier estímulo.

Entropía. Mi profesor de Informática nos decía que la entropía es la tendencia de los sistemas a desviarse hacia el caos. Tal vez nosotros somos un sistema en pleno proceso de retroalimentación, por lo que es lógico que cualquier estímulo podía producir un momento de caos. Y ahí estabamos a punto de caer en desequilibrio. Bastó con que dijera un par de palabras para que comenzara la primera discusión del día. Ni siquiera nos miramos a los ojos para saber que estabamos enojados. La energía acumulada comenzó a salir por nuestras bocas a borbotones. El ambiente fue entrando en calor y nuestra pequeña pelea comenzaba a transformarse en grandes acusaciones y reproches sobre el pasado.

Silencio. Como si nuestro big bang, ese momento de infinita densidad hubiera expandido toda la materia hacia nuevos universos. Esa energía contenida se había liberado y mientras me daba vuelta para mirarte de la peor forma que mis músculos faciales permitieran, mi mandíbula dejó caer saliva, haciédome sentir humillado por unos segundos. Risas y miradas de alegría. En ese instante inmediato de la gran explosión se unía un universo con otro, tú y yo, uniéndonos en un abrazo, porque para que haya un nuevo equilibrio, debe existir primero el caos. Entre tus brazos, riéndome y besándote, no sabía de qué manera te amaba, sólo sabía que lo hacía de alguna manera ( o de muchas ).

(o de todas).-

Sunday, June 08, 2008

Tregua.-


Esta ciudad de mierda resultaba ser mucho menos mierda cuando estaba junto a ti-


n
o sé qué hacer para recuperar al menos un poquito de ti

"Hoy te vas y embargas todo por lo que he esperado.. y lo he intentado.."

Wednesday, June 04, 2008

Olvidándote.-


Aquí estoy, frente al computador. Quiero llorar o tirarme al suelo y ponerme a patalear como un estúpido. Un e-mail tuyo, Fernanda, acaba de llegar a mi bandeja de entrada. Asunto: tanto tiempo, José!. Mierda! Te quiero matar. Ojalá te mueras y así me puedas dejar tranquilo de una vez por todas. ¿Acaso no te bastó con destrozarme el corazón cuando me pateaste luego de cagarme con tu amiguito el punky?. Yo te amaba tanto. Quizás nadie te amará como lo hice yo. Y ahora vuelves a aparecerte luego de siete meses, buscando tal vez qué. No te entiendo ni quiero entenderte. Ni siquiera sé si abrir este correo o simplemente enviarlo a la papelera. Hice mi vida de nuevo y conocí a una persona que me ha dado esperanza. Ornella se llama. Es bonita y fanática a cagar de los Beatles. Creo que la amo. ¿Por qué me escribes, Feña?. ¿Acaso quieres que te vuelva a amar?. No sé qué pensar. En verdad te destesto más que nunca. ¿Cómo te atreves a hacerme ésto?. Yo sé que sabes cuanto me duele. Me conoces tan bien que eres capaz de hacer ésto para atormentarme o qué sé yo para qué. ¿Pero sabes?, también te conozco muy bien. Probablemente el punky no quiso acompañarte al mall a comprar toda esa mierda que solías comprar en Village. Soy el único que te aguantaba esas pendejadas de andar metida en esa tienducha comprando esquelas con aromas mamones, peluches de Garfield y postales de esos niñitos en blanco y negro que andaban todo el día oliendo flores. Además, no creo que el huevón haya tolerado mucho que siempre anduvieras apestando a Natalie. Es muy probable que también se haya aburrido de tu falta de tiempo. Que las clases de Inglés Avanzado, que el curso de Fotografía y el de modelaje. Nunca tienes tiempo para nadie, sólo para ti. Ornella es mucho más entretenida que tú. Sabe cocinar y no le pone curry a los fideos. Por tu culpa terminé yéndome por el baño más de un par de veces con tus combinaciones raras. No se toma media botella de ron para ir más prendida a una fiesta, pero le encanta la Coca-Cola con café antes de muchas horas de baile. No se escota como tú para salir ni tiene ropa Yves Saint Laurent traida directamente desde Italia, pero tiene mucha más onda para vestir.

Fernanda, ni siquiera leeré tu mensajito. La Orne me hace feliz y, pensándolo bien, ¿quién necesita de ti?.

Qué bestia eres.-

Saturday, April 26, 2008

50.-

3.38 de la mañana. tengo sueño y ando huevón. tengo prueba de gramática el martes y estoy aterrorizado. hace frío y ya me adecué a mi vida nueva. camila, te extraño. coni, también te extraño. ésto es como escribir una carta rarísima. tuve un carrete de carrera y tomé cerveza con mis compañeros (y nada más que eso). a todo el mundo le gusta hacerse la víctima yo cacho y no soy la excepción. tengo 600 pesos y mi pijama de oso puesto. cada día escribo menos en mi blog y eso me da pena. qué ganas de fumarme un cuete, pero no lo hecho porque he querido dejar esas pràcticas de lado (es mejor). vi el fotolog de mi ex. odio escribir así, pero me da lo mismo ahora (y justamente ahora). me dan rabia hartas cosas y felicidad otras. ¿quién sabe lo que se viene?, eso le dije a la camila. mi hipotética. añoro ene los viejos tiempos. caleta. mañana veré a guagui y haremos torta de yogurt. me cargan los bloggers pasados a caca. ¿quién tiene derecho a jurarse la raja misma en este mundo?; según yo, sólo björk. también me da miedo dejar de escribir de un día para otro. no sé si soy el estudiante ideal, pero intento serlo y quizás ése sea uno de mis sueños frustrados. tengo hambre, pero no voy a comer, porque no quiero ser una vaca asquerosa. ojalá no me eche ningún ramo este semestre; eso me haría tan feliz. la firme: mis compañeros no me importan mucho. todos decían que así era la universidad. odio la universidad. odio la universidad de la serena. amo a mi familia y me da pena mi papá. ésto me suena a que me estoy haciendo la víctima. he aprendido muchas reglas gramaticales que antes no sabía. sé apenas lo básico. eso me pasa por haber estado en colegios particulares. generalmente son lo peor de lo peor. rascas totales, pura publicidad. lo único que extraño de esos tiempos es la plata y, claro, la plata no hace la felicidad. el "dinero" suena más, mucho más sutil. sutileza es igual a cartuchería. ni siquiera sé si se dice cartuchería. suena como carrocería. tengo MUCHO sueño. quiero ir a santiago luego. me duele la guata. papas chip de mierda. qué huevada más tóxica.

qué huevada más tóxica.-

Sunday, March 30, 2008

epílogo.-


Si las personas no tuvieramos conciencia de que somos personas, nos mataríamos entre nosotros mismos.

sadot ed roep al ;aicneicnoc somenet ìs orep sanosrep somos on euq se ednarg sàm aìnori al Y



( MIERDAPORQUEPAREZCOR
ESENTIDOSOCIAL)

Friday, March 21, 2008

capitulito.-

Nos fumamos unos güiros buenísimos, tuvimos sexo y luego te dije que no podía amarte sólo a ti, porque allá afuera hay más de seis mil millones de personas capaces de entregar amor.

Prendiste el televisor y ahí estaban las torres gemelas desmoronándose. Mientras me tapaba la boca horrorizado, tú te cagabas de la risa.-

Wednesday, March 12, 2008

(des) esperada.-


Sentada en el púlpito de la iglesia en la que se había casado hace siete años atrás, Antonia pensaba en todos los años de vida que había perdido. En medio de sus reflexiones, llegaba a la conclusión de que no necesariamente tenía que catalogar ese gran lapsus de tiempo como una "pérdida", sino más bien como una lección de vida y hasta como una prueba de su fortaleza y madurez. Una hora atrás, mientras bebía una café en el barrio Lastarria, su mejor amiga se encargaba de decirle que había visto a su marido con otra mujer saliendo de un motel la noche anterior. No fue un momento fácil y su acompañante lo había hecho aún más complicado; disfrutó cada palabra que dijo, como si contarle tal fatalidad le produjera un gran placer. No podía juzgarla, Macarena era su amiga y desde que la conoce ha disfrutado con la desgracia ajena y los rumores malintencionados. Además, era mejor saberlo en ese instante antes que seguir haciendo el ridículo. Cuando terminó de oír lo que relataba, Antonia no preguntó nada, sólo exigió discreción para luego irse excusándose en que tenía algunos trámites que hacer. Caminó lo más rápido que pudo, mientras se obligaba a sí misma a no llorar. Su mirada se concentraba en el ir y venir de su falda gris tableada, que le recordaba el movimiento de los barcos en altamar. Ya dentro de la iglesia, logró encontrar un poco de tranquilidad, que de vez en cuando se vió interrumpida por la frialdad del sitio y sus aires góticos nada alentadores. Aún estaba sorprendida por la forma en que la noticia la había afectado. Su mente más de alguna vez había desarrollado catástrofes imaginarias similares a lo que había sucedido y su forma de reaccionar en ellas era bastante dramática y descontrolada, nada similar a la manera en la que actuaba ahora. ¿Cómo no se dió cuenta antes?. La pregunta daba vueltas en su cabeza y la ansiedad comenzaba a devorar la serenidad que había alcanzado. No quería dejarse invadir por sensaciones molestas que después pudieran jugarle en contra. Si algo iba a conservar en medio del desastre, sería la calma. Su forma de ser siempre se ha caracterizado por el optimismo y eso no tenía que cambiar a causa del engaño de una persona. Corrió por el pasillo de la iglesia hasta salir a la Avenida. La encadiló la luz del abochornado día y una atmósfera grisácea le devolvió un poco de paz. Se acercó a una heladería y pidió un enorme helado de chocolate. La vista desde esa terraza era privilegiada y a ella le parecía reconfortante. Por un instante pensó en hacer como si nada hubiera pasado frente a su marido y su familia, pero en seguida descartó la idea. Sus hijos eran bastante grandes como para comprender lo que había sucedido. Ella no tenía mucho que hacer, al fin y al cabo, su cónyuge era quien había cometido el error y él mismo sería quien tendría que enfrentar el desprecio de la familia más adelante. Terminado su helado, pidió la cuenta y al mismo tiempo prendió un cigarro. En la bandejita de plata para las propinas puso su anillo de matromonio. -Todo proceso debe tener un fin- se dijo mientras apagaba la mitad del cigarrillo sobre el cenicero. Caminó tranquila por la vereda, pensando en panoramas entretenidos para el fin de semana. Un viaje fuera de Santiago y visitas al teatro eran ideas que le resultaban fascinantes. Cruzó la calle y se perdió en medio de las personas que veían el show que realizaban unos hombres tragafuegos. La ciudad, sin duda, estaba más efervescente que otros días.-