Tuesday, August 06, 2013
Solíamos
Tuesday, July 30, 2013
Patria nueva
Thursday, July 25, 2013
Pueblito
Así fue cada día de ese febrero, que sigue vivo en mis recuerdos / Días de complicidad, de despertar antes del mediodía y salir a las calles a ver si conseguíamos algunas monedas extra para comprar cigarrillos y cerveza / Una complicidad eterna en nuestras miradas / Tu expresión de deseo que podía percibir desde una esquina a otra mientras pedíamos limosna a los transeúntes / El sol quemando las cabezas y tus piernas doradas moviéndose con habilidad al atravesar las calles en medio de tu espectáculo teatral / Disfruté cada momento viéndote sentado desde las veredas, orgulloso de tus grandes habilidades artísticas, deseando en secreto la pronta llegada de la noche para tenerte en alguna cama otra vez y sólo para mí / Horas observándote para concluir nuevamente que mi amor por ti era ilimitado / Los minutos pasaban rápido / Los minutos / Los minutos eran música / Esa música que recolecté para nosotros pensando en cómo sonaríamos si ambos fuéramos melodías.
Playa, largas tardes de juegos en el mar y toqueteos descarados bajos las claras aguas que nos rodeaban. Creamos un lenguaje único con la espuma del mar y los besos con sabor a sal que te daba cada tarde. Ambos manejábamos esos códigos secretos y esculpíamos en el líquido efímeros mensajes sobre nuestras vidas. Una rutina inconscientemente obligatoria que continuaba con tu mano agarrando fuerte la mía y ellos mirándonos desde la playa, burlones y jocosos y yo sin miedo y tú reías y me besabas de nuevo mientras intentaba sacudir la pequeña toalla que compartimos cada día. Olor a protector solar mezclado con el tuyo a tabaco y cerveza caliente. El sol se posaba sobre el océano y nos mirábamos por debajo de nuestros brazos, tumbados en la arena, a veces excitados, a veces tiernos, a veces todo y a veces nada. Y justo en ese momento cuando el último rayito de sol iniciaba su melancólica despedida, me mirabas directo a los ojos y decías que me amabas como nunca lo habías hecho, que yo era todo para ti, que te quedarías toda la vida así, viviendo de esa rutina alimentada por el amor y la pasión. Sellabas la sentencia con un largo beso y luego tocabas muchas horas tu guitarra, desconectándote por completo del mundo.
Silencio. Sólo el mar. La Guitarra y mi canción. Tu canción. ¿Y si nos quedamos así para siempre? Mirabas el horizonte y tocabas esa canción una y otra vez. Te amo, te dije. Y estabas lejos otra vez, pero no me importaba. Quiero esto para mí, tú eres para mí, tú eres mío. Temo que se acabé, pensé, pensaba. Todo acaba y ojalá no tuviera que ser así con esto. Ojalá se repitiera para siempre el mismo día, el mismo aroma, la misma arena suspendida en el aire, los mismos cuerpos cómplices. Nada me interesa más que este momento.
Un día desperté en una cama que sí conocía y sin nadie a mi lado. En ese momento comprendí lo duro que a veces es el amor.-
Monday, June 24, 2013
Monocromático
Tejido
Espejo de agua
Thursday, March 14, 2013
Himno natural
Wednesday, March 06, 2013
Pare de sufrir
Saturday, March 02, 2013
Supéralo
Monday, January 28, 2013
Efecto C
Parrafito
Thursday, September 20, 2012
insomnio
lo ideal sería que llegaras mirándome con desdén, me tomaras del cuello de la camisa y me zamarrearas sin parar, al mismo tiempo en que me dices que soy una mierda, la peor mierda que ha existido en tu vida. pero no po', porque tú llegas, pero con una carita de comprensión y de amor ilimitado, la misma de siempre. y no me zamarreas, porque te gusta abrazarme para luego dormir toda la noche sin despegarnos. entonces de nuevo entro en un estado de pasividad en el que simplemente no me doy cuenta de nada.
después, en la madrugada, despierto tarareando esa canción de radiohead que suena cada mañana cuando tu mamá te llama para preguntarte por qué cresta no has llegado a la casa aún y caigo en cuenta de que tu persona abarca cada espacio de mi ser, como si fuéramos uno solo. ya menos somnoliento, descubro en la imagen de ti acurrucado entre las sábanas que sigo enamorado.
me siento confuso y no dejo de pensar en lo necesario que se ha vuelto para mí el que alguna persona de buenos sentimientos escribiese un manual sobre cómo amar correctamente.-
Saturday, August 06, 2011
“¿Quién hubiera sabido que un chico como él entraría suavemente en mí devolviéndome la dicha?
¿Quién hubiera sabido que un chico como él, después de haber visto mi corazón, se quedaría y no se iría?
¿Quién hubiera sabido de esta belleza tan inmensa?
¿Quién hubiera sabido de este santo trance?
¿Quién hubiera sabido de este aliento milagroso para inhalar una barba que nació de la valentía?
¿Quién hubiera sabido que un chico como él, lleno de mágica sensibilidad, se acercaría a una chica como yo, que acaricia y mece su cabeza en el busto?
Él se desliza en mi interior, medio despierto, medio dormido.
Nos rendimos nuevamente al reino de lo sueños.
Cuando despierto por segunda vez en sus brazos, ¡qué precioso!... él aún está en mí.
¿Quién hubiera sabido?
Un tren de perlas, cabina por cabina, es lanzado directamente a través de un océano, desde la boca de una chica como yo para un chico.”
Capullo, Björk.-
Tuesday, June 14, 2011
madrugadas decisivas
Thursday, May 26, 2011
C
Wednesday, March 02, 2011
Boat Club
Friday, December 03, 2010
Nazaret

Lo acompañé, porque estaba seguro de que sería el momento perfecto para decirle cuánto lo amaba. Me dijo que iba a ser una noche entretenida, de esas de reventón. Le creí. También le creí que no me dejaría solo en ningún momento. Pensé en el soundtrack ideal para hacer de esas horas las más increíbles de toda mi vida. No lo escuchamos nunca, pero no dejó de sonar dentro en mi cabeza. Nadie dijo nada en el trayecto, porque no había nada que decir. Nos bajamos de su auto y prendimos un pito de marihuana. Miré las estrellas y lo único que deseé en ese instante fue poder besarlo mil horas. Nos drogamos y reímos juntos. Mi risa fue casi como un acto reflejo, pero la verdad es que nada me producía gracia. No, en realidad me producían gracia sus labios inquietos y su charla sobre el arte de Dalí. Me reí, porque su bigote era idéntico al que usaba ese pintor. Caminamos juntos, pero separados por cientos de kilómetros. Entramos a la casa abandonada y el terror se apoderó de mí. La gente estaba ahí parada, riendo, fumando, bebiendo y conversando sobre asuntos que no me interesaban en absoluto. Quise tomarlo de la mano y decirle que nos fuéramos, pero él ya estaba muy lejos bebiendo una lata de cerveza en una barra mal montada junto a un gran Cristo de yeso. Lo miré desde mi rincón, a un costado del hermoso árbol de navidad hecho con tubos de neón. Cuatro tipos vestidos de negro bailaban horrendas canciones de Grace Jones. Una mujer envuelta en latex me sirvió vino tinto en una copa para martini. Vino tinto, mucho vino tinto. Pensé mil cosas que olvidaba de inmediato. Las luces se reflejaban sobre él, que no dejaba de hablar con un hombre vestido de payaso. Me paré con mi copa y robé una botella que estaba oculta en una esquina. Caminé por un pasillo interminable, oscuro. El olor a humedad me produjo asco. Sentí como si caminara sobre nubes. Dos mujeres se besaban mientras un tipo de unos cincuenta años les tocaba las tetas. Apoyado sobre la pared pintada de negro cerré los ojos. Mi soundtrack seguía sonando, aunque esas nunca fueran las horas más incríbles de mi vida. Las dos mujeres gemían. Mis manos estaban sucias, las sentía sucias. Limpié mis manos con unos kleenex que guardaba en mi bolsillo. De pronto él apareció a mi lado y me besó en la mejilla. Me tomó por la cintura y me llevó a una habitación desocupada. Me besaba sin parar, pero todo lo que hacía me parecía completamente insustancial. Insustancial era mi cerebro también. Tarareó una canción de Prodigy y se cagó de la risa. La tararéamos juntos mientras nos fumábamos un cigarro a medias. Dijo que me amaba, pero no de la manera en que yo lo amaba a él. Corazón indómito, pensé. El mío en cambio es un corazón vacío, es un corazón acribillado por su actuar, por su indiferencia, por su mirada que nunca se cruzaba con la mía. Le grité que por favor se fuera, que no quería volver a verlo nunca más en toda mi vida. Se fue sin decir nada y me sumergí en los pensamientos más lúgubres que jamás habían estado en mi cabeza y pensé en las tontas canciones que escuché cada mañana mientras lo miraba sobre su cama tocando guitarra con los pies descalzos y las películas que me recomendó y lloré casi una hora mientras dos adolescentes drogados me preguntaban qué me pasaba y les dije que odiaba ese lugar y que los odiaba a ellos también y se fueron y quise regresar a casa y dormir mil horas sin saber nada de lo que pasaba afuera y vomité y también vomité mi sweater de rombos cuando caí al piso frío y manchado con vino tinto.
Me quedé dormido en el suelo, con el corazón hecho trizas por la traición y la frente destrozada por la copa rota sobre la que caí. Recordé a Cristo en la entrada. Yo también era como él.-
Thursday, December 02, 2010
Dedos pal' piano
Ayer fue uno de esos días en los que lo único quieres es que todos se vayan un ratito a la mierda y te dejen de huevear y de darte malas noticias. Tenía que mandar un reportaje corto por mail a mi profesora antes de las doce de la noche del lunes, pero como soy un irresponsable, no alcancé a hacerlo a tiempo y lo mandé el martes. Ayer en clases me dijo mirándome con sus ojos azules “me duele en el alma ponerte el uno, porque eres de los aplicados”. Le respondí con una mirada de entre ternura y lamento y ella simplemente no me dijo nada. El uno iba seguro, así que la carita la hice en vano.
Unas horas antes, un profesor me estaba entregando un tres mientras se reía en mi cara, porque no había ido a la clase en que se dieron las intrucciones para hacer el trabajo. Estaban pisoteando mi moral frente a mis narices y yo seguía poniendo carita de pena. Llegué a la casa devastado e intenté pasar mi pena comiéndome tres panes y dos barritas de chocolate. Me vi engullendo desesperado y deseé que alguien estuviera frente a mí para que hiciera una arcada y me dijera que era un gordo patético, pero como no había nadie que hiciera eso por mí, seguí comiendo.
En la noche lloré un rato y al mismo tiempo me maldije por haberme venido a Santiago, por haber elegido estudiar Periodismo y por ser un porrito de lo peor. Me costó dos horas quedarme dormido y mi sueño duró sólo seis horas. Oye, pero no crean que mi historia es un melodrama, porque nada que ver. Hoy desperté mejor y lo primero que hice fue encender el computador para revisar la Pauta UPI, ese papelito que reciben los medios de comunicación para cachar dónde está la noticia. Y había un evento en el Palacio de La Moneda, una premiación que realizaba CONACE a la gente que más prevenía que los drogadictos siguieran metidos en las drogas. Ése evento me tincó.
Me duché rápido y partí al asunto, consciente de que meses antes (y un par de veces) ya había ido a huevear al hall de La Moneda sin lograr que me dejaran entrar a reportear. Al fin y al cabo, sólo soy un estudiante de Periodismo mal afeitado que anda mostrando su humilde credencial de prensa impresa en un papel barato y con una fotografía pegada en la que parece integrante de Illapu, ¿por qué me iban a dejar pasar?
Me hicieron esperar un rato. La recepcionista hacía llamadas a todas las oficinas del lugar, porque no tenía idea de quién estaba realmente a cargo de la ceremonia de la institución para los drogos (ya pues, déjeme pasar, gordis y te juro que te digo que el rubio te queda la raja, aunque te veas como las reverendas hueas). Me pidió mi cédula y me dejó pasar. Yo le sonreí agradecido y no le dije nada de lo que se me había ocurrido. Nunca tan patero.
Ahí estaba, en medio de La Moneda, ese lugar que siempre veía cuando pasaba por afuera, en la micro (que ni siquiera sabía donde tomar y a la que muchas veces me subí pensando que iba a un lugar al que, en realidad, no iba). “La ceremonia tendrá lugar en el Patio de las Camelias” me dijo un paco y lo único que pensé en ese momento fue en lo cursi que eso sonaba y en lo muy de viejamenopáusica que me resultaba. Me quedé parado como un imbécil esperando a que dejaran pasar a la prensa al mini patio donde iba a ser el famoso evento. Un cuarteto de huevones del Canal 13 hablában de mujeres ricas y tiraban tallas típicas de un happy hour de oficinistas.
Me acerqué a una gorda con polerón de estrellas a preguntarle sobre la ceremonia y, mirándome con una cara de mierda, me respondió que no sabía. Ella también tenía credencial de “prensa invitada”, así que estábamos en igualdad de condiciones. La gorda estrellada era bien mala onda como para no ayudarme en una de mis primeras salidas solo a reportear un evento cuático. Me senté un rato a esperar que nos dejaran pasar, comiéndome las uñas como estúpido y anhelando tener un cigarro para pasar la ansiedad.
Caché que la gorda estrellada se paró para entrar y la seguí (pero de lejos, porque temía por mi integridad física). Otro paco me pidió la credencial y, por fin, logré llegar al lugar de los hechos. Había un mix de gente: políticos, alcaldes, viejas culias, periodistas de universidad privada, gente de la Teletón (?), entre otros. Me extrañó no ver a ningún drogadicto metido entre medio, ojeroso y angustiado por conseguir algo de pasta base; le hubiera dado más dramatismo al asunto. Prendí la grabadora de mi sencillo celular, mientras los rubiecitos que me rodeaban sacaban su blackberries. Ya era hora de trabajar.
Terminado el evento, caché que una de las periodistas rubias se acercó a hacerle unas preguntas a la Alcaldesa de Recoleta, una señora alta, vestida media hippie e igual bien regia. Imité a la blondie; saqué mi celular y me puse a grabar mientras pensaba en qué preguntas hacerle. La periodista le hacía miles y yo aún no participaba en el diálogo. Entonces me metí entre medio y empecé a preguntar hartas cosas bien atinadas. Después de todo, no estaba tan mal al parecer.
Salí de La Moneda con una sonrisa. La mañana de hoy me arregló el caracho. Quizás esté semestre no ha sido el mejor en lo que respecta a desempeño académico, pero me di cuenta de que si “tengo dedos pal' piano”. No la cagué al meterme a estudiar Periodismo, yo cacho.-
Wednesday, July 15, 2009
fragmento/
Destinos / DesatinosComíamos papas fritas en un local de lo peor, con olor a aceite quemado y grasa pegada en una pequeña vitrina quebrada. Mientras la Andre me hablaba, yo intentaba concentrarme en su crónica sobre su noche en una disco en la que la gente jalaba hasta la sal que había encima de los mesones, pero se me hacía imposible con el irritante sonido de las papas friéndose en las sartenes insalubres. En medio de su bla blá, no pude evitar ponerme a mirar el techo y las particulares figuras que se habían formado en él con el vapor grasoso que emanaba de la cocina a gas. Pude distinguir caballos y sirenas un tanto difusas. Cuando volví la vista a mi amiga, ella se marchaba indignada por el poco interés que había mostrado en su historia que ya me sabía de memoria. Corrí a buscarla, temiendo que decidiera marcharse sola a su hogar con esa mini falda, que más bien parecía cinturón, y su minúscula polera denominada por ella "súper chic", pero que para mi gusto resultaba un tanto estrafalaria. Era tarde: Andrea se subía a un taxi a las cuatro de la madrugada y yo casi lloraba imaginándome a mi Andre siendo violada en la parte trasera de un vehículo por un conductor con aliento a cereveza barata y con un diente de oro. Tomé aire y por un instante eliminé de mi mente todo tipo de situaciones creepy. Una imaginación como la mía podía desencadenarme una crisis de pánico o un frustrado intento de robar un auto a alguien para rescatar a Andrea. Prendí un cigarro y bajé la avenida para regresar a casa. Mi billetera de ren&stimpy se había quedado en la cartera de mi impulsiva amiga, por lo que tomar un taxi no estaba dentro de mis posibilidades. Caminé raudo, escuchando una canción de Pearl Jam que días atrás Carlos había puesto en mi pendrive, luego de vaciarlo, esperanzado en que pudiera gustarme ese grupo lo antes posible y así acompañarlo al concierto que darían semanas después. Fue en eso cuando, al ver por el rabillo de mi ojo, noté que alguien me seguía. Mis piernas comenzaron a caminar más rápido y mi mente sólo pensaba en lo que pasaría en unos segundos más: quien fuera que me seguía, robaría mi chaqueta de cuero que había comprado con mis ahorros de tres meses y luego me apuñalaría por haberme resistido al robo, dejándome con severas heridas cortopunzantes que me tendrían en el hospital por tres semanas, con ayuda psicológica por el terrible trauma producido y viendo programas de ayuda a la comunidad en un televisor de catorce pulgadas, deprimiéndome en un pabellón común sin cortinas separadoras. Mientras imaginaba el triste final de mi noche de juerga, quien me seguía tocó mi espalda con un dedo. Me volteé y estaba ahí un hombre alto y delgado, de unos veinticinco años, usando un holgado polerón negro con una fotografía de Janis Joplin estampada. Su largo pelo, de indistinguible color por la oscuridad de la calle a esas horas, cubría uno de sus hojos. Sus jeans estaban rasgados en ambas piernas y sostenía un cigarrillo apagado a la mitad. Sin saludarme, me preguntó si tenía un encendedor...
Thursday, July 09, 2009
fragmento/
(Des)esperada-Bienvenida a casa, hermanita.
Estoy sentada en una silla de madera, muy vieja al parecer, porque cada vez que intento acomodarme, cruje. Observo a mi padre: está convertido en un dócil y amable septegenario que no hace más que hablar sobre la II Guerra Mundial y fumar cigarros baratos. Mi mamá lo mira riéndose de todo lo que dice, celebrando su ironía al momento de alardear sobre sus conocimientos históricos. Renata se acerca y pone frente a mí un plato con una rebanada de la torta que compré camino al pueblo. Bruno, mi insoportable tío, me mira directo a los ojos.
-Si hubieras llegado un poquito más temprano, Nico, de más alcanzabas a comer un poco del pollo apanado que cociné -me dice mientras se limpia con la mano un poco de yogurt que le quedó en el labio-. ¡Si vieras lo rico que me queda!
Le respondo que soy vegetariana, pero que si no lo fuera, comería gustosa su famoso pollo. Sé que ama lucirse frente a la familia y siempre desea ser el centro de atención, así que sólo río de la manera más natural posible cuando intenta hacerse el gracioso, evitando gatillar cualquier evento que rompa la aparante tranquilidad que se ha logrado hasta ahora.
Intento concentrarme en comer, pero los cubiertos estan mal lavados. El aceite -probablemente del grasoso pollo que mi familia devoró sin esperar a que me presentara en la reunión- se desliza a través del tenedor. Siento nauseas y deseos de escapar de aquí, de volver a mi departamento y y olvidarme de este horrible día y de todo lo que me espera. Me disculpo y camino rápido al baño. Lavo mis manos meticulosamente. Cómo odio esta casa. Veo óxido y hongos en todas partes. Intento no tocar nada. No quiero llorar. Pongo papel higiénico sobre la tapa del inodoro y orino. Busco un espejo de mano en mi cartera. Aquí estoy de nuevo, esperando que algún evento inesperado me salve de la realidad...



