Tuesday, August 06, 2013

Solíamos

Fobia a otra piel, a otros besos, a cualquier otro que no agite mi corazón como lo hacías tú-

Tuesday, July 30, 2013

Patria nueva

Soy un hombre de pie. Soy el mismo hombre que hace unos años estuvo tan cerca de emprender el vuelo más alto y vertiginoso de su vida, pero que cayó estrepitosamente por cuestiones del destino. Soy ahora un hombre capaz de enfrentar a sus fantasmas y de volver a creer en sí mismo. Soy el mismo de antes, con las mismas ideas y sueños pendientes a un paso de cumplirse.


Descubrí que soy el mismo hombre convencido de estar en un lugar que no le corresponde. Y doy firmado en este instante que no me detendré hasta encontrar mi lugar en el mundo, aunque tuviese que construir uno  en el cual pueda sentirme pleno y feliz.-

Thursday, July 25, 2013

Pueblito

Fue un verano bien caluroso. Hubo muchas de esas tardes con nubes de polvo elevándose por los aires, pegándose en nuestros cuerpos jóvenes, casi adolescentes. Y andábamos así, sucios y transpirados, recorriendo las calles de esa pequeña comunidad nortina con olor a mar. Éramos tú y yo cuerpos hermosos, aletargados por las altas temperaturas y el buen sexo propio de una relación que recién comienza. Los dos caminando, capturando la atención de las mujeres en el centro, sin que supieran lo bien que nos la pasábamos en las camas de cada una de las hostales por las que pasamos. Lejos de casa, una pareja de enamorados que no lucía como tal, que se ocultaba en la masculinidad de sus facciones, barbas y ademanes. Contigo me sentía caminando junto al mejor amigo, ese compadre con el que un buen macho se toma sus chelas en un antro de mal morir mientras comentan sobre las ricas tetas de la mesera, que igual debe ser harto puta. Estoy seguro de que esa imagen errónea proyectábamos: una imagen opuesta a la fotografía que configurábamos cuando se terminaba el carrete y el alcohol corría furioso a través de nuestras venas, llevándonos a fundir nuestros cuerpos, a ser uno solo.

Así fue cada día de ese febrero, que sigue vivo en mis recuerdos / Días de complicidad, de despertar antes del mediodía y salir a las calles a ver si conseguíamos algunas monedas extra para comprar cigarrillos y cerveza / Una complicidad eterna en nuestras miradas / Tu expresión de deseo que podía percibir desde una esquina a otra mientras pedíamos limosna a los transeúntes / El sol quemando las cabezas y tus piernas doradas moviéndose con habilidad al atravesar las calles en medio de tu espectáculo teatral / Disfruté cada momento viéndote sentado desde las veredas,  orgulloso de tus grandes habilidades artísticas, deseando en secreto la pronta llegada de la noche para tenerte en alguna cama otra vez y sólo para mí / Horas observándote para concluir nuevamente que mi amor por ti era ilimitado / Los minutos pasaban rápido / Los minutos / Los minutos eran música / Esa música que recolecté para nosotros pensando en cómo sonaríamos si ambos fuéramos melodías.

Playa, largas tardes de juegos en el mar y toqueteos descarados bajos las claras aguas que nos rodeaban. Creamos un lenguaje único con la espuma del mar y los besos con sabor a sal que te daba cada tarde. Ambos manejábamos esos códigos secretos y esculpíamos en el líquido efímeros mensajes sobre nuestras vidas. Una rutina inconscientemente obligatoria que continuaba con tu mano agarrando fuerte la mía y ellos mirándonos desde la playa, burlones y jocosos y yo sin miedo y tú reías y me besabas de nuevo mientras intentaba sacudir la pequeña toalla que compartimos cada día. Olor a protector solar mezclado con el tuyo a tabaco y cerveza caliente. El sol se posaba sobre el océano y nos mirábamos por debajo de nuestros brazos, tumbados en la arena, a veces excitados, a veces tiernos, a veces todo y a veces nada. Y justo en ese momento cuando el último rayito de sol iniciaba su melancólica despedida, me mirabas directo a los ojos y decías que me amabas como nunca lo habías hecho, que yo era todo para ti, que te quedarías toda la vida así, viviendo de esa rutina alimentada por el amor y la pasión. Sellabas la sentencia con un largo beso y luego tocabas muchas horas tu guitarra, desconectándote por completo del mundo. 

Silencio. Sólo el mar. La Guitarra y mi canción. Tu canción. ¿Y si nos quedamos así para siempre? Mirabas el horizonte y tocabas esa canción una y otra vez. Te amo, te dije. Y estabas lejos otra vez, pero no me importaba. Quiero esto para mí, tú eres para mí, tú eres mío. Temo que se acabé, pensé, pensaba. Todo acaba y ojalá no tuviera que ser así con esto. Ojalá se repitiera para siempre el mismo día, el mismo aroma, la misma arena suspendida en el aire, los mismos cuerpos cómplices. Nada me interesa más que este momento.

Un día desperté en una cama que sí conocía y sin nadie a mi lado. En ese momento comprendí lo duro que a veces es el amor.-

Monday, June 24, 2013

Monocromático

Te imagino en un día gris, caminando por agrietadas calles grises y sin pensar bien en lo gris que está el día. Abro los ojos y no estás ni siquiera en el azúcar de mi café.

Tejido

Todos los días salía temprano por la mañana y ella ya estaba sentada, siempre con su pelo blanco muy ordenado, tejiendo alguna nueva prenda que nadie nunca utilizaría. Por la noche, al regresar, ella seguía ahí, lejos de la gran ciudad, concentrada en su labor de tejer y tejer, como si siempre estuviera buscando algún trocito de su alma extraviada en medio de toda esa lana.

Espejo de agua

                            Cada mañana de sábado despertábamos temprano para subir el cerro San Cristóbal. A veces nos tomábamos de la mano durante el ascenso sin decir nada. Es que no había una explicación lógica; el reflejo de la ciudad sobre los árboles nos alborotaba inevitablemente.


Thursday, March 14, 2013

Himno natural

suena la música, suena tanto, suena esa canción que me gusta y que al parecer también a ti. en secreto pienso que es nuestro himno, la melodía que nos identifica y que mejor calza con nuestra pequeña historia. la ciudad corre a través de nuestras venas, las luces nos persiguen, te persigo, te persigo, te persigo. me miras con naturalidad, como si me conocieras de toda la vida. y sí, de cierta es así, aunque nos hayamos visto por primera vez hace unos meses, porque entraste irremediablemente en el furioso cause de mi corazón. hablamos de todo un poco, bebes de tu copa, a ratos me hablas de política, de  tu familia, de esos hermosos bototos que viste alguna vez en una ostentosa vitrina del centro. me muero por invitarte justo ahora al restorant de la esquina en donde preparan el mejor capuccino que he probado, pero  no me atrevo a interrumpirte. esa pasión con la que hablas, cada gesto, tu pelo moviéndose al compás de tus palabras. estoy hipnotizado. ¿y si te beso en este momento? me aterra el rechazo (y también me aterra no poder probar tus labios). me imagino junto a ti caminando por las avenidas, presentándote a mis amistades, diciéndole al mundo "sí, él es de quien tanto les hablé". tú y yo juntos nos vemos bien. mírenlos, miren, si se ven súper lindos juntos, él es para ti. sí, pienso lo mismo, estamos hechos el uno para el otro. aquí no hay cabida para el sufrimiento ni para el drama. nuestras personalidades encajan. somos las piezas de un puzzle que se ensambla a la perfección. en serio me gustas mucho. me tomas de la mano y me sacas de este bar. caminamos rápido en medio de la primera noche de otoño. quieres bailar y ni siquiera me preguntas si quiero, pero no me importa: si tú quieres, yo también quiero. ¿quién iba a decirlo? me haces ser tan dócil. estamos aquí dentro bailando algún tonto hit de los noventa. cierras los ojos y vibras con la música. más luces esta noche. eres de colores: de azul a rojo, de rojo a blanco, de blanco a algún color que desconozco, que mezclado con el tono de tu piel crea una nueva gama cromática. de pronto te descubro mirándome. te ríes. me río, pero de nervios. debo verme tan estúpido. eres aún más bello bajo estas luces. pensamientos cursis que me hacen sentir avergonzado de mi mismo. anhelando un beso, una caricia, un "me encantas". y aunque no nos hayamos besado aún, sé que somos uno, lo siento en mi piel y en la tuya. la osadía de tus movimientos te delata. me siento seguro aquí contigo. sé que estás conmigo justo ahora. me besas y me tocas en una realidad paralela a la que nadie más puede ingresar. diminuto universo íntimo de dos desconocidos a un paso de conocerse por completo. una bomba de tiempo suspendida en el aire. somos los dos en un tiempo irreal, pero absolutamente palpable y cierto en el espacio que -sin saberlo- hemos construido juntos.-

Wednesday, March 06, 2013

Pare de sufrir

Ya, ya, ya, cortémosla con la tontera del sufrimiento. Hoy amanecí definitivamente mejor, lleno de energía y riéndome solo. La rutina matinal de ejercicio físico, las salidas diarias en bici e incluso una breve sesión de yoga me hicieron de maravilla. Por otra parte, el cerrar mi Facebook fue la mejor idea que se me pudo ocurrir. Ya no ocupo mi tiempo viendo las vidas de los demás (de hecho, no sé por qué me interesaban). Ahora tengo una especie de romance con Woody Allen, Bret Easton Ellis y Mia Farrow (y con todos al mismo tiempo). Sí, soy de una naturaleza tan infiel que hasta me doy el lujo de cagarme a todos esos huevones. El punto es que en este momento el optimismo me desborda y tengo ganas de hacer mil cosas, entre las que no se encuentran: 1) Ponerme a ver viejas fotos que pudieran gatillarme una profunda crisis de angustia y anhelos de victimización. 2) Controlar mi ansiedad comiendo como marabunta y terminar convertido en un cachalote asqueroso sin autoestima y con un IMC que bordee los cuarenta. 3) Carretear (y mucho menos carretear con gente desconocida con la que me sienta obligado a beber rápidamente mi copa de champaña barata para sentirme a gusto con tan ajena compañía y que me produzca insoportables delirios de persecución). Este último punto hace referencia a mi nueva condición mental de autismo selectivo: "no te relaciones de ninguna forma con personas poco relevantes en tu vida o que puedan ser potenciales ladrones energéticos, aunque éstos signifiquen una promesa de amistad-aporte en un futuro remoto". Igual es importante decir que la vida de claustro no es tan mala, a pesar de que a ratos sean algo deprimentes el hecho de no ver a otros muy seguido o los rituales onanistas propios de un veinteañero con mucho tiempo libre /la  autocomplacencia no ha venido acompañada de procrastinación u ocio innecesario/. Hay que decirlo: he construido una hermosa y plácida burbuja de cristal en la que me mantendré hasta que todo allá afuera (y aquí adentro-dentro) esté menos efervescente. Me conozco bien, y sé que confundir el adormecimiento con superación podría traerme terribles consecuencias. No quiero descubrirme un día haciendo llamadas telefónicas cargadas de dramatismo y teatralidad. Tampoco quiero que crean que estoy mal...a nadie le gusta que los demás piensen eso, nadie quiere ser la víctima o el del corazón roto. Y sí, yo tengo el corazón hecho trizas, lo reconozco, pero estoy parchándolo de a poco. Mientras tanto lleno mi cabeza de ideas eclécticas que en algún momento me servirán para trazar mi nuevo mapa mental y mi -hasta ahora- extraviado proyecto de vida.- 

Saturday, March 02, 2013

Supéralo

Anoche, cuando me encontré contigo frente a frente en la calle, mi corazón se paralizó y no supe decir más que un par de palabras aparentemente inconexas. Luego de esa pequeña escena patética y del torpe beso en la mejilla que te di, supe de inmediato que nadie nunca podrá igualarte. Yo aún te amo.-

Monday, January 28, 2013

Efecto C


¿Qué tienes tú que no tenga él? Esa sensibilidad disfrazada de indiferencia que te hace apreciar en secreto hasta la más mínima expresión humana. La capacidad de hacerme sentir como el loco más loco, pero a la vez como el más amado y enamorado en todo el planeta tierra. El hábito de besarme siempre antes de dormir y luego sólo apoyar la cabeza sobre la almohada y cerrar los ojos, casi como si yo no estuviera a tu lado; en otras palabras, la exquisita impredictibilidad e indiferencia en cada uno de tus actos. Esa personalidad indómita que se sumerge en las aguas más cálidas de la osadía adolescente. El pequeño abismo existente en los discursos que intentas tildar de consecuentes y que sólo yo puedo descubrir en su absoluta verdad.  Tus ojos tristes que con una sola mirada hacen de mí un ser afortunado. Tus cigarros de medianoche acompañados siempre de grisáceas melodías de Radiohead. Las largas horas de composición musical: tú sobre el piano endulzando nuestras tardes y esa maravillosa expresión de ausencia y desconexión total de la realidad. Tus manos tocando mi cuerpo, haciéndolo infinito, etéreo y completamente tuyo. La niebla desapareciendo con tus abrazos huracanados. Me tienes a mí en la profunda intimidad de nuestro pequeño mundo construido a partir de la más enternecedora cotidianeidad. El poder hacer de la noche un nuevo lenguaje en el que tú y yo somos las palabras.

Tú todo lo tienes.-

Parrafito


Son más de las tres de la mañana y hace poco menos de una hora me tomé media pastilla para dormir; es que poder conciliar el sueño en estos tiempos es súper difícil. Lo que acabo de escribir suena como de vieja culiá. Y lo que acabo de escribir ahora es sumamente grosero y debo dejar de ser grosero. La cuestión en todo caso no es escribir sobre divagaciones absurdas de un tontón sin mucho que hacer en vacaciones, sino que es dejar un registro sobre lo que estoy sintiendo justo ahora. Pasa que soy un imbécil dependiente emocional y no dejó de pensar en la misma persona de siempre, el mismo de toda la vida. Todo se terminó hace un buen rato ya y ando como huevón pensando en él cada minuto de mi existencia. A veces pasa una semana sin tener contacto alguno y de pronto me descubro con el celular en mano, con su número telefónico en pantalla y con el pulgar a un milímetro de presionar el “Ok”. El problema es que sí, me descubro haciendo eso y –aún así- presiono el puto botón y lo estoy llamando sin saber siquiera qué mierda decirle. Entonces contesta con su eterno timbre de voz de “este mundo es tan aburrido” y sus palabras precisas y cortantes que desde un comienzo me enamoraron. Me dan ganas de llorar o de cortar el teléfono. Finalmente me decido por ninguna de las anteriores y comienzo a estirar la conversación queriendo en vano volver a sentirlo mío. Ese es el momento más patético de mi día, cuando quiero recuperarlo sabiendo que hace rato ya nada funciona.  Lo peor es que recién me dieron unas ganas tremendas de escribir “Te necesito” aquí, albergando la esperanza de que en una de sus tardes libres llegue a este rincón, lo lea y venga a mí a besarme cuatrocientas mil veces. ¿Qué onda? Tengo 23 años y dependo de ti horriblemente. 

Thursday, September 20, 2012

insomnio

no sé cómo amar bien. quiero dar lo mejor de mí esta vez, pero no me resulta. mientras tanto espero que algo cambie dentro de mí y que de pronto todo se convierta en un cuento de hadas. es una espera llena de pasividad, en la que suelo estar acompañado por antiguas películas de la jane fonda y trozos de pastel cortados con tanta hipocresía que en serio me creo el cuento de que empezó la dieta.

lo ideal sería que llegaras mirándome con desdén, me tomaras del cuello de la camisa y me zamarrearas sin parar, al mismo tiempo en que me dices que soy una mierda, la peor mierda que ha existido en tu vida. pero no po', porque tú llegas, pero con una carita de comprensión y de amor ilimitado, la misma de siempre. y no me zamarreas, porque te gusta abrazarme para luego dormir toda la noche sin despegarnos. entonces de nuevo entro en un estado de pasividad en el que simplemente no me doy cuenta de nada.

después, en la madrugada, despierto tarareando esa canción de radiohead que suena cada mañana cuando tu mamá te llama para preguntarte por qué cresta no has llegado a la casa aún y caigo en cuenta de que tu persona abarca cada espacio de mi ser, como si fuéramos uno solo. ya menos somnoliento, descubro en la imagen de ti acurrucado entre las sábanas que sigo enamorado.

me siento confuso y no dejo de pensar en lo necesario que se ha vuelto para mí el que alguna persona de buenos sentimientos escribiese un manual sobre cómo amar correctamente.-


Saturday, August 06, 2011

“¿Quién hubiera sabido que un chico como él entraría suavemente en mí devolviéndome la dicha?

¿Quién hubiera sabido que un chico como él, después de haber visto mi corazón, se quedaría y no se iría?

¿Quién hubiera sabido de esta belleza tan inmensa?

¿Quién hubiera sabido de este santo trance?

¿Quién hubiera sabido de este aliento milagroso para inhalar una barba que nació de la valentía?

¿Quién hubiera sabido que un chico como él, lleno de mágica sensibilidad, se acercaría a una chica como yo, que acaricia y mece su cabeza en el busto?

Él se desliza en mi interior, medio despierto, medio dormido.

Nos rendimos nuevamente al reino de lo sueños.

Cuando despierto por segunda vez en sus brazos, ¡qué precioso!... él aún está en mí.

¿Quién hubiera sabido?

Un tren de perlas, cabina por cabina, es lanzado directamente a través de un océano, desde la boca de una chica como yo para un chico.”

Capullo, Björk.-

Tuesday, June 14, 2011

madrugadas decisivas

¿Cómo saber si se ha tomado la decisión correcta? Difícil. Podría estar cometiendo el peor error de mi vida con una sonrisa estúpida en la cara. Estar cagándolas tanto como para ser incapaz de asumir las consecuencias de una mala decisión posteriormente. Pero también está la posibilidad de tomar una decisión tan buena que mejore mi vida para siempre y no haga más que traerme cosas buenas. No se trata tanto de razonamiento ni lógica... tal vez sólo de suerte, probabilidad o destino.

El director y los productores de "Titanic II" quizás de verdad pensaban que era una buena idea llevar esa historia a la pantalla grande. Es probable que tuvieran fe en su decisión, en que esa era la correcta. Claro, fue una mala decisión, pero al menos fueron capaces de confiar en ellos mismos. Parece que confío un poco en mí entonces.-

Thursday, May 26, 2011

C

hoy día hay sol, hay ganas de empezar de cero, de poder mirarte a los ojos y decirte con total sinceridad que podemos seguir juntos, que nuestro amor sigue intacto y que este tiempo sólo lo tomé para corroborar cuánto te necesito cada segundo de mi vida.

Wednesday, March 02, 2011

Boat Club

Me gusta recordar los dìas de invierno que pasè junto a èl. Escuchàbamos de ese dream pop bien playero y te juro que me daban ganas de tomar margarita. No sè bien què onda el tipo de relaciòn que llevàbamos, pero me gustaba que estuviera en mi vida. Ni siquiera tenìamos claro cuàl era nuestra volada; sòlo nos juntàbamos, nos comìamos, a veces follàbamos y luego pasàbamos las tardes frìas acostados sin tocarnos, escuchando esas canciones de onda caribeña que me hacìan disfrutar tanto las bajas temperaturas. De repente como que querìa prender la tele y yo le pedìa que por favor no, que nos quedàramos tal como estàbamos. No hablàbamos mucho, pero asì era mejor. Nada era forzado: si se daba la plàtica, la raja y si no, bien tambièn. A veces me contaba sobre su mamà. Me daba la impresiòn de que ella era bien importante en su vida, pero yo ni ahì con preguntarle màs sobre eso. Èl no me preguntaba nada sobre mi vida, sòlo sobre la comida que habìa en el refrigerador y la hora en la que ìbamos a tomar once. Para serte sincero, la comunicaciòn no era lo nuestro. Èramos dos seres que coexistìamos, pero que no tenìamos nada en comùn màs que las canciones que tanto escuchamos en esas vacaciones de invierno. Despuès de como dos semanas que estuvo quedàndose en la ciudad, volviò a su pueblo natal. Nada de intercambiar nùmeros de telèfono o emails. No supe màs de èl, pero estoy seguro que de vez en cuando, cuando tararea esas melodìas invernales, se acuerda de mì.-

Friday, December 03, 2010

Nazaret


Lo acompañé, porque estaba seguro de que sería el momento perfecto para decirle cuánto lo amaba. Me dijo que iba a ser una noche entretenida, de esas de reventón. Le creí. También le creí que no me dejaría solo en ningún momento. Pensé en el soundtrack ideal para hacer de esas horas las más increíbles de toda mi vida. No lo escuchamos nunca, pero no dejó de sonar dentro en mi cabeza. Nadie dijo nada en el trayecto, porque no había nada que decir. Nos bajamos de su auto y prendimos un pito de marihuana. Miré las estrellas y lo único que deseé en ese instante fue poder besarlo mil horas. Nos drogamos y reímos juntos. Mi risa fue casi como un acto reflejo, pero la verdad es que nada me producía gracia. No, en realidad me producían gracia sus labios inquietos y su charla sobre el arte de Dalí. Me reí, porque su bigote era idéntico al que usaba ese pintor. Caminamos juntos, pero separados por cientos de kilómetros. Entramos a la casa abandonada y el terror se apoderó de mí. La gente estaba ahí parada, riendo, fumando, bebiendo y conversando sobre asuntos que no me interesaban en absoluto. Quise tomarlo de la mano y decirle que nos fuéramos, pero él ya estaba muy lejos bebiendo una lata de cerveza en una barra mal montada junto a un gran Cristo de yeso. Lo miré desde mi rincón, a un costado del hermoso árbol de navidad hecho con tubos de neón. Cuatro tipos vestidos de negro bailaban horrendas canciones de Grace Jones. Una mujer envuelta en latex me sirvió vino tinto en una copa para martini. Vino tinto, mucho vino tinto. Pensé mil cosas que olvidaba de inmediato. Las luces se reflejaban sobre él, que no dejaba de hablar con un hombre vestido de payaso. Me paré con mi copa y robé una botella que estaba oculta en una esquina. Caminé por un pasillo interminable, oscuro. El olor a humedad me produjo asco. Sentí como si caminara sobre nubes. Dos mujeres se besaban mientras un tipo de unos cincuenta años les tocaba las tetas. Apoyado sobre la pared pintada de negro cerré los ojos. Mi soundtrack seguía sonando, aunque esas nunca fueran las horas más incríbles de mi vida. Las dos mujeres gemían. Mis manos estaban sucias, las sentía sucias. Limpié mis manos con unos kleenex que guardaba en mi bolsillo. De pronto él apareció a mi lado y me besó en la mejilla. Me tomó por la cintura y me llevó a una habitación desocupada. Me besaba sin parar, pero todo lo que hacía me parecía completamente insustancial. Insustancial era mi cerebro también. Tarareó una canción de Prodigy y se cagó de la risa. La tararéamos juntos mientras nos fumábamos un cigarro a medias. Dijo que me amaba, pero no de la manera en que yo lo amaba a él. Corazón indómito, pensé. El mío en cambio es un corazón vacío, es un corazón acribillado por su actuar, por su indiferencia, por su mirada que nunca se cruzaba con la mía. Le grité que por favor se fuera, que no quería volver a verlo nunca más en toda mi vida. Se fue sin decir nada y me sumergí en los pensamientos más lúgubres que jamás habían estado en mi cabeza y pensé en las tontas canciones que escuché cada mañana mientras lo miraba sobre su cama tocando guitarra con los pies descalzos y las películas que me recomendó y lloré casi una hora mientras dos adolescentes drogados me preguntaban qué me pasaba y les dije que odiaba ese lugar y que los odiaba a ellos también y se fueron y quise regresar a casa y dormir mil horas sin saber nada de lo que pasaba afuera y vomité y también vomité mi sweater de rombos cuando caí al piso frío y manchado con vino tinto.


Me quedé dormido en el suelo, con el corazón hecho trizas por la traición y la frente destrozada por la copa rota sobre la que caí. Recordé a Cristo en la entrada. Yo también era como él.-

Thursday, December 02, 2010

Dedos pal' piano


Ayer fue uno de esos días en los que lo único quieres es que todos se vayan un ratito a la mierda y te dejen de huevear y de darte malas noticias. Tenía que mandar un reportaje corto por mail a mi profesora antes de las doce de la noche del lunes, pero como soy un irresponsable, no alcancé a hacerlo a tiempo y lo mandé el martes. Ayer en clases me dijo mirándome con sus ojos azules “me duele en el alma ponerte el uno, porque eres de los aplicados”. Le respondí con una mirada de entre ternura y lamento y ella simplemente no me dijo nada. El uno iba seguro, así que la carita la hice en vano.


Unas horas antes, un profesor me estaba entregando un tres mientras se reía en mi cara, porque no había ido a la clase en que se dieron las intrucciones para hacer el trabajo. Estaban pisoteando mi moral frente a mis narices y yo seguía poniendo carita de pena. Llegué a la casa devastado e intenté pasar mi pena comiéndome tres panes y dos barritas de chocolate. Me vi engullendo desesperado y deseé que alguien estuviera frente a mí para que hiciera una arcada y me dijera que era un gordo patético, pero como no había nadie que hiciera eso por mí, seguí comiendo.


En la noche lloré un rato y al mismo tiempo me maldije por haberme venido a Santiago, por haber elegido estudiar Periodismo y por ser un porrito de lo peor. Me costó dos horas quedarme dormido y mi sueño duró sólo seis horas. Oye, pero no crean que mi historia es un melodrama, porque nada que ver. Hoy desperté mejor y lo primero que hice fue encender el computador para revisar la Pauta UPI, ese papelito que reciben los medios de comunicación para cachar dónde está la noticia. Y había un evento en el Palacio de La Moneda, una premiación que realizaba CONACE a la gente que más prevenía que los drogadictos siguieran metidos en las drogas. Ése evento me tincó.


Me duché rápido y partí al asunto, consciente de que meses antes (y un par de veces) ya había ido a huevear al hall de La Moneda sin lograr que me dejaran entrar a reportear. Al fin y al cabo, sólo soy un estudiante de Periodismo mal afeitado que anda mostrando su humilde credencial de prensa impresa en un papel barato y con una fotografía pegada en la que parece integrante de Illapu, ¿por qué me iban a dejar pasar?


Me hicieron esperar un rato. La recepcionista hacía llamadas a todas las oficinas del lugar, porque no tenía idea de quién estaba realmente a cargo de la ceremonia de la institución para los drogos (ya pues, déjeme pasar, gordis y te juro que te digo que el rubio te queda la raja, aunque te veas como las reverendas hueas). Me pidió mi cédula y me dejó pasar. Yo le sonreí agradecido y no le dije nada de lo que se me había ocurrido. Nunca tan patero.


Ahí estaba, en medio de La Moneda, ese lugar que siempre veía cuando pasaba por afuera, en la micro (que ni siquiera sabía donde tomar y a la que muchas veces me subí pensando que iba a un lugar al que, en realidad, no iba). “La ceremonia tendrá lugar en el Patio de las Camelias” me dijo un paco y lo único que pensé en ese momento fue en lo cursi que eso sonaba y en lo muy de viejamenopáusica que me resultaba. Me quedé parado como un imbécil esperando a que dejaran pasar a la prensa al mini patio donde iba a ser el famoso evento. Un cuarteto de huevones del Canal 13 hablában de mujeres ricas y tiraban tallas típicas de un happy hour de oficinistas.


Me acerqué a una gorda con polerón de estrellas a preguntarle sobre la ceremonia y, mirándome con una cara de mierda, me respondió que no sabía. Ella también tenía credencial de “prensa invitada”, así que estábamos en igualdad de condiciones. La gorda estrellada era bien mala onda como para no ayudarme en una de mis primeras salidas solo a reportear un evento cuático. Me senté un rato a esperar que nos dejaran pasar, comiéndome las uñas como estúpido y anhelando tener un cigarro para pasar la ansiedad.


Caché que la gorda estrellada se paró para entrar y la seguí (pero de lejos, porque temía por mi integridad física). Otro paco me pidió la credencial y, por fin, logré llegar al lugar de los hechos. Había un mix de gente: políticos, alcaldes, viejas culias, periodistas de universidad privada, gente de la Teletón (?), entre otros. Me extrañó no ver a ningún drogadicto metido entre medio, ojeroso y angustiado por conseguir algo de pasta base; le hubiera dado más dramatismo al asunto. Prendí la grabadora de mi sencillo celular, mientras los rubiecitos que me rodeaban sacaban su blackberries. Ya era hora de trabajar.


Terminado el evento, caché que una de las periodistas rubias se acercó a hacerle unas preguntas a la Alcaldesa de Recoleta, una señora alta, vestida media hippie e igual bien regia. Imité a la blondie; saqué mi celular y me puse a grabar mientras pensaba en qué preguntas hacerle. La periodista le hacía miles y yo aún no participaba en el diálogo. Entonces me metí entre medio y empecé a preguntar hartas cosas bien atinadas. Después de todo, no estaba tan mal al parecer.


Salí de La Moneda con una sonrisa. La mañana de hoy me arregló el caracho. Quizás esté semestre no ha sido el mejor en lo que respecta a desempeño académico, pero me di cuenta de que si “tengo dedos pal' piano”. No la cagué al meterme a estudiar Periodismo, yo cacho.-




Wednesday, July 15, 2009

fragmento/

Destinos / Desatinos

Comíamos papas fritas en un local de lo peor, con olor a aceite quemado y grasa pegada en una pequeña vitrina quebrada. Mientras la Andre me hablaba, yo intentaba concentrarme en su crónica sobre su noche en una disco en la que la gente jalaba hasta la sal que había encima de los mesones, pero se me hacía imposible con el irritante sonido de las papas friéndose en las sartenes insalubres. En medio de su bla blá, no pude evitar ponerme a mirar el techo y las particulares figuras que se habían formado en él con el vapor grasoso que emanaba de la cocina a gas. Pude distinguir caballos y sirenas un tanto difusas. Cuando volví la vista a mi amiga, ella se marchaba indignada por el poco interés que había mostrado en su historia que ya me sabía de memoria. Corrí a buscarla, temiendo que decidiera marcharse sola a su hogar con esa mini falda, que más bien parecía cinturón, y su minúscula polera denominada por ella "súper chic", pero que para mi gusto resultaba un tanto estrafalaria. Era tarde: Andrea se subía a un taxi a las cuatro de la madrugada y yo casi lloraba imaginándome a mi Andre siendo violada en la parte trasera de un vehículo por un conductor con aliento a cereveza barata y con un diente de oro. Tomé aire y por un instante eliminé de mi mente todo tipo de situaciones creepy. Una imaginación como la mía podía desencadenarme una crisis de pánico o un frustrado intento de robar un auto a alguien para rescatar a Andrea. Prendí un cigarro y bajé la avenida para regresar a casa. Mi billetera de ren&stimpy se había quedado en la cartera de mi impulsiva amiga, por lo que tomar un taxi no estaba dentro de mis posibilidades. Caminé raudo, escuchando una canción de Pearl Jam que días atrás Carlos había puesto en mi pendrive, luego de vaciarlo, esperanzado en que pudiera gustarme ese grupo lo antes posible y así acompañarlo al concierto que darían semanas después. Fue en eso cuando, al ver por el rabillo de mi ojo, noté que alguien me seguía. Mis piernas comenzaron a caminar más rápido y mi mente sólo pensaba en lo que pasaría en unos segundos más: quien fuera que me seguía, robaría mi chaqueta de cuero que había comprado con mis ahorros de tres meses y luego me apuñalaría por haberme resistido al robo, dejándome con severas heridas cortopunzantes que me tendrían en el hospital por tres semanas, con ayuda psicológica por el terrible trauma producido y viendo programas de ayuda a la comunidad en un televisor de catorce pulgadas, deprimiéndome en un pabellón común sin cortinas separadoras. Mientras imaginaba el triste final de mi noche de juerga, quien me seguía tocó mi espalda con un dedo. Me volteé y estaba ahí un hombre alto y delgado, de unos veinticinco años, usando un holgado polerón negro con una fotografía de Janis Joplin estampada. Su largo pelo, de indistinguible color por la oscuridad de la calle a esas horas, cubría uno de sus hojos. Sus jeans estaban rasgados en ambas piernas y sostenía un cigarrillo apagado a la mitad. Sin saludarme, me preguntó si tenía un encendedor...

Thursday, July 09, 2009

fragmento/

(Des)esperada

Nicole se paró frente al pórtico de la casa de su madre cargando una torta de yogurt light en sus manos, mientras pensaba en qué le diría cuando ella le abriera la puerta. Comenzaba el invierno y, por primera vez en muchos años, nevaba en ese pequeño pueblo que la había visto crecer. Habían pasado ya tres años desde que arrancó de su familia, de sus raíces, de su vida y de el comienzo de lo que denominó "la nueva etapa". Dentro de la casa se escuchaban risas y conversaciones. Reconoció inmediatamente la voz de su padre, cada día más grave debido a la gran cantidad de cigarrillos que fumaba diariamente. Con un pañuelo en la mano y calculando el movimiento que haría con su dedo índice, tocó el timbre. Se produjo un silencio al interior, lo que la puso un tanto nerviosa. Su sweater blanco con flores color azúl no la abrigaba lo suficiente. Se abrió la puerta y apareció Renata, su única hermana. Su cabello aún era rubio platinado, largo y, por supuesto, decolorado. Vestía un holgado vestido amarillo y medias rosadas. En su cara se dibujó una sonrisa cínica y burlona. Nicole sonrió de la misma manera.
-Bienvenida a casa, hermanita.

Estoy sentada en una silla de madera, muy vieja al parecer, porque cada vez que intento acomodarme, cruje. Observo a mi padre: está convertido en un dócil y amable septegenario que no hace más que hablar sobre la II Guerra Mundial y fumar cigarros baratos. Mi mamá lo mira riéndose de todo lo que dice, celebrando su ironía al momento de alardear sobre sus conocimientos históricos. Renata se acerca y pone frente a mí un plato con una rebanada de la torta que compré camino al pueblo. Bruno, mi insoportable tío, me mira directo a los ojos.
-Si hubieras llegado un poquito más temprano, Nico, de más alcanzabas a comer un poco del pollo apanado que cociné -me dice mientras se limpia con la mano un poco de yogurt que le quedó en el labio-. ¡Si vieras lo rico que me queda!
Le respondo que soy vegetariana, pero que si no lo fuera, comería gustosa su famoso pollo. Sé que ama lucirse frente a la familia y siempre desea ser el centro de atención, así que sólo río de la manera más natural posible cuando intenta hacerse el gracioso, evitando gatillar cualquier evento que rompa la aparante tranquilidad que se ha logrado hasta ahora.

Intento concentrarme en comer, pero los cubiertos estan mal lavados. El aceite -probablemente del grasoso pollo que mi familia devoró sin esperar a que me presentara en la reunión- se desliza a través del tenedor. Siento nauseas y deseos de escapar de aquí, de volver a mi departamento y y olvidarme de este horrible día y de todo lo que me espera. Me disculpo y camino rápido al baño. Lavo mis manos meticulosamente. Cómo odio esta casa. Veo óxido y hongos en todas partes. Intento no tocar nada. No quiero llorar. Pongo papel higiénico sobre la tapa del inodoro y orino. Busco un espejo de mano en mi cartera. Aquí estoy de nuevo, esperando que algún evento inesperado me salve de la realidad...