
¡Un libro, huevones, un libro!. Era jueves en la tarde y llegaba a mi casa en estado zombie, luego de dos horas de clases particulares de Matemáticas y una divertida jornada completa en un colegio donde las cosas no suelen ser muy sencillas. Con mi “locherito” (odio esa palabra) en mano y con un olor a cigarro.insoportable, golpeé la puerta y casi se me desarmó la mano. Cuando se abrió, lo primero que vi fue a una mujer con una sonrisa de oreja a oreja que hacía harta parafernalia y me preguntaba cómo había estado mi día; era mi madre. Cuando descubrió que sus intentos por animarme y sacarme una sonrisa perfecta no eran fructíferos, utilizó el arma que guardaba para estos casos y que, evidentemente, sabía que tendría grandes resultados, que se me olvidaría por completo ese cansador día. Recuerdo que intentó que todo sonara natural, como para que fuera más impactante, pero no tenía idea que resultaría serlo tanto. Íbamos ambos por el pasillo, cada uno a su propia pieza, y mientras caminábamos me dijo de espaldas –mi amiga, Angélica, me dijo que podía conseguirte un crédito FONDART para que tus cuentos estén todos dentro de tu propio libro; es que no sabes, le encantaron tus escritos, los encontró tan graciosos e irónicos-. Casi me desmayé, se los juro, fue una emoción tan enorme que en un arranque podría haber matado a mi madre y, de paso, me hubiera tirado del quinto piso que nunca he tenido.
¿Cómo llegaron mis escritos a manos de mi madre?. Mi egolatría y mi falta de dinero, en un intento desesperado por hacerle un buen regalo para el día de la madre, fueron las razones para que le llegara ese domingo en la mañana un compilado de mis creaciones impresos en hoja oficio y con tinta azul, porque se había acabado la negra. Quedó fascinada y me decía –vas a llegar muy lejos, yo lo sé-. Terminó la mañana y era hora de celebrar ese importante día en familia; la casa de mi abuela. Por supuesto, mi madre se lució, y de paso yo, mostrándole a todas mis tías y primos mis escritos. Igual fue bueno, porque tengo un tía que es profesora de Lenguaje y dijo que tenía algunos problemas con las comas y puntos, pero que en general la redacción era buena. Esa “crítica”, en general, me gustó mucho, porque fue bastante sincera. Pero la historia sigue.
Mis hojitas rascas en tinta azul dieron la vuelta al mundo, me da la impresión. Porque señora madre se las mostró a su círculo de amistades, entre ellos esta señora que quedó encantada con los escritos y que es algo así como “experta en proyectos” y podría presentar uno para mi libro. Me dijo que siguiera escribiendo y que, cuando tuviera un buen compilado de mis “cuentos”, le avisara. Me sentí tan feliz en esos minutos, era tan grande la emoción que la llamé inmediato para agradecerle la oportunidad y bla blá. No se imaginan lo importante que es esto para mí; es como cumplir uno de mis más anhelados sueños. Claro, tampoco me ilusiono mucho, debido a que para que este proyecto resulte tienen que haber muchas variables a mi favor, es por eso no quería contarle a nadie al principio. Pero bueno, ya lo hice y si resulta, seré la persona más feliz del mundo. Tengo fe y muchas ganas de escribir.
Mi percepción es que si tengo mi propio libro, sólo me quedará “plantar el árbol”, como me dijo hace unos meses mi profesora de Filosofía en nuestra primera clase con ella. Fue algo así como –Y a ti, Ivo, ¿qué te gustaría hacer más adelante?- Yo le respondí bien seguro
–quiero irme a vivir a Santiago, estudiar Periodismo y por último escribir mi propio libro-. Ella me respondió –¿y no querí plantar un árbol también?- Todos mis compañeros estallaron en una enorme carcajada, y yo nunca entendí el chiste... hasta ahora.
Pero hablando en serio, para mí es un gran paso, porque estoy consciente de que haber escrito un libro ya es una ayuda para encontrar trabajo más adelante, luego de haber terminado de estudiar. Pero no se trata sólo de eso; también significa realizarme como persona, sentirme seguro de que lo que estoy haciendo está bien. Además, si todo resultara como deseo, mi colegio se arrepentiría de haberme subestimado tanto. A mí no me ofrecieron participar como columnista de un diario regional, es decir, no pude postular a la oportunidad de escribir ahí, porque los encargados de eso en mi colegio no me avisaron. Conozco bien a los de mi colegio y sé que si llegara a suceder esto, estarían tan orgullosos y posiblemente hasta me querrían financiar con una parte, porque pucha que es rico llevarse los créditos. Pero ya sería tarde.
Mejor me dejo de ilusionar tanto, quizás resulte, quizás no, pero al menos ya está la oportunidad y voy a hacer lo posible por sacarle partido.-