
Catorce de febrero; mi perro cumple once años y lo he abrazado hartas veces en el día. Si tengo plata el fin de semana le compraré uno de esos huesitos con olor a carne. También es el día de San Valentín. Día de puro consumismo y bombones de licor. No lo niego, me encantaría pasar este día emparejado, paseando con rosas y un globito con forma de corazón. Típico. Y sé que no soy el único que le gustaría esa cursilería para el día de hoy. Se trata de una cuestión de imagen; algo así como mis deseos de aspirar el humo de un cigarro una sola vez, y luego pisarlo y salir corriendo porque es un lugar para no fumadores... eso hacía Carrie, la rubia de Sex&thecity. Lástima que yo no tenga tanto dinero como para darme esos lujos.
Hace un año pasé este día con gran parte de mis amistades solteras-sin-compromiso. Hace dos, lo pasé con mi primera y última novia, una chica gótica bastante bonita y con algunos trastornos mentales. Recuerdo que estaba encerrado en mi casa deseando que nadie me llamara ese día. Claro, sonó el teléfono. Era ella. –Ivo, amor, ¿qué vamos a hacer hoy día?. ¿Juntémonos?. Te tengo un regalo que te va a encantar. ¿Entonces a las seis?. Te amo. Besos-. Mierda. Eran las cuatro de la tarde. Yo con un pijama de oso, sin plata ni ganas de salir. No sé cómo me conseguí un par de billetes y salí en busca de un regalo para mi novia. Le gustaban los caballos, y lo más similar a un equino que encontré fue una cebra de peluche. Pero en la tienda no había papel de regalo, y yo ni idea de hacer bolsitas o combinaciones de cintas y rosas. Terminé en un supermercado envolviéndolo por cuarenta pesos (Ana Alicia, siempre te agradeceré que me hayas acompañado esa tarde tan movida). Cuando llegué a su casa sudando, con el regalo envuelto en un papel bastante impresentable y con un olor insoportable a colillas de cigarro, me abrazó y me dio un beso. Hasta ahora me pregunto si lo hizo por lástima. Ella me regaló una corbata que hasta ahora ocupo. Después la invité a tomar Milkshake de trescientos cincuenta pesos a la Esso.
Sacando a limpio, me parece que mis días de San Valentín no han sido la gran cosa. No ha habido fiestas llenas de torta y rosas rojas. No ha habido amores eternos ni pactos de amor y vida nueva. Mis días de San Valentín han sido siempre con mis amigos, comiendo helados Centella y fumando Belmonth Light. Definitivamente eso no es tan malo, al contrario. Además, a mí me sucede que la puedo pasar mucho mejor con mis amigos que con mis amores. Este año no será la excepción. Pasaré este día con gente soltera igual que yo, comiendo algodones de azúcar y sacando fotos bien colorinches. Por alguna razón (debe ser la costumbre), comenzando este año, adopté una actitud bastante última. No sé qué pasó que empecé a buscar a alguien con quien estar, a alguien a quien poder darle besos, a alguien que me regalara flores y cigarros. Salía a todos lados mirando de reojo, con una mirada media coqueta que en mi vida me ha resultado. Y claro, nadie me tiró bola.
Hace un par de noches un amigo muy querido me regaló una caja de preservativos y me dijo “a ti te van a servir más”. Casi le grité unos buenos rosarios, pero me arrepentí. Entendí el mensaje completamente y entré en razón enseguida. El amor llega solo, siempre he pensado eso. Además, llevo recién tres meses sin una relación formal y me siento bastante tranquilo así. Prefiero las cosas fortuitas, son más lindas y cursis, como a mí me gusta. Analizo bien todo lo que he pensado y sentido durante este tiempo; si adopté esa actitud tan “desenfrenada” (por no decir otra cosa), quizás fue por la costumbre de haber estado tanto tiempo in love. Al fin y al cabo, en mi dos mil seis casi no existió la soltería.
Estaba mal enfocado, y un simple detalle me hizo entrar en razón. Estoy muy feliz así, solo y sin tener que darle explicaciones a alguna persona. Además, más vale solo que mal acompañado (me parece que así era el dicho). Hoy la voy a pasar muy bien y me voy a reír harto. Catorce de febrero sólo es el cumpleaños de mi perro. Lo demás son sólo detalles ♥.-